Luchar, vivir y hacer escuela: el manual de supervivencia de las mujeres
A 11 años de Ni Una Menos, una reflexión sobre las conductas que las mujeres incorporan para sobrevivir, el miedo que se aprende desde chicas y el cansancio d
No quiero caer en lugares comunes y enumerar cuántas mujeres ya no están, cuántas hijas faltan, cuántas madres, cuántas tías, cuántas abuelas, porque no importa la edad, solo el género. Existe una cuestión de odio que intenta ser tapada por el Estado, por un presidente que quiere quitar una figura legal como la del femicidio, que tanta lucha nos costó, que está en el Código Penal desde 2012.
Pero lo de Agostina Vega fue un cachetazo de realidad y, como ella, hay miles; solo cambia el nombre. Seguramente, si entrás en cualquier buscador y tipeás tu nombre seguido de la palabra femicidio, te vas a encontrar, porque en Argentina una mujer muere a manos de un hombre cada 31 horas. El problema es social, es educacional.
¿Por qué a nosotras, las mujeres, nos enseñan a estar atentas las 24 horas del día, a cuidar cómo nos vestimos, cómo hablamos, qué caras hacemos, a mirar atrás cuando caminamos, y a los varones no les enseñan el respeto por la vida y la integridad de las mujeres? ¿Cómo se explican estas diferencias en la crianza y por qué siguen estando justificadas?
No pongo a todos los hombres en la misma bolsa, existen aquellos que acompañan, que escuchan y que comprenden, pero no es suficiente, no hoy, cuando las cifras crecen y crecen. Hay que revisar conductas machistas naturalizadas y principalmente el accionar de la Justicia.
Escarbo en mi memoria, recorro mis 32 años de recuerdos y siempre encuentro una amiga que sufrió algún tipo de acoso, una demostración obscena en público, una frase de más, y adivinen si alguna vez fue solicitado, consentido o acordado. Es difícil salir a la calle y no estar alerta. No recorremos a pie ciertas zonas, no andamos solas cuando es de noche, no somos libres de caminar sin mirar atrás, sin temer. No hay una mujer que, cuando esté volviendo a su casa, no reciba un "avisá cuando llegues".
Los saludos de despedida no solo incluyen un "chau, nos vemos", es "chau, cuidate, avisame cuando llegues, porfavor". No hay una de nosotras que no comparta su ubicación cuando se sube a un taxi o a un auto de aplicación, o incluso cuando vamos a una cita. Preguntale a las mujeres de tu vida con cuántas personas comparten su ubicación las 24 horas del día para asegurarse de que sigan vivas, que no las desaparezcan, y aun así no alcanza.
Entonces no hablemos de exageraciones, de falsas denuncias, que existen, pero significan el 0,09 % del total. Hablemos de que lo normal debería ser poder salir de tu casa sin miedo y volver. Lo normal sería que nosotras no tengamos un toque de queda porque cuando oscurece las cosas se ponen más bravas, que no tengamos que compartir la ubicación constantemente, que no tengamos que rezar para regresar sanas y salvas.
Es agotador querer vivir, es cansador tener que luchar todos los días y, además, hacer escuela porque les tenemos que explicar por qué está mal que nos maten, por qué tomamos las calles cada 3 de junio desde hace 11 años.