El sueño de Lucas: con síndrome de Down, corre en karting y puede ser el primero en el mundo en obtener la licencia de la FIA.
Lucas Tomasi tiene 19 años y desde hace seis meses espera la resolución de la Federación Internacional de Automovilismo.
Frente a los boxes está la pista: un camino de asfalto con diez curvas, delimitado por una fila de neumáticos. Un centenar de competidores desde niños de apenas siete años hasta adultos de más de cuarenta recorren la zona. En esta misma pista del Kartódromo Internacional de Zárate, un mes atrás entrenó Franco Colapinto. Ahora, en este domingo gélido de mayo, está a punto de comenzar una de las carreras de karting más importantes del país: el Kart Plus. La competencia es considerada el semillero del automovilismo. El paso obligado para todo aquel que quiera obtener una licencia deportiva como piloto. Hay uno, entre todos los corredores, que se mantiene en vilo por conseguir esa licencia desde hace más de seis meses. Se llama Lucas Tomasi. Tiene 19 años. Tiene síndrome de Down.
-No hay jurisprudencia en el mundo de un caso como el de él- dice, alzando la voz por sobre el ruido de los motores, Mauricio Tomasi, el padre de Lucas: un hombre de 54 años, morrudo y de ojos claros, que usa campera y una gorra azul con el logo del Automóvil Club Argentino (ACA).
En agosto de 2025, Mauricio Tomasi presentó una solicitud de licencia deportiva de automovilismo para su hijo ante la Comisión Deportiva Automovilística (CDA), el único ente en el país que extiende las licencias. Nunca, en los 122 años de historia de la CDA, alguien con síndrome de Down había aspirado a una licencia. Aunque el requisito es un apto médico, las autoridades citaron a Lucas el 16 de diciembre, en el Kartódromo de la Ciudad de Buenos Aires. Dijeron que querían evaluar su conducta en la pista y ponerlo en situación de carrera.
Lucas y Mauricio viajaron desde Tandil, donde viven -famosa entre los fanáticos por ser sede del "Nürburgring argentino", uno de los circuitos más peligrosos del país, en medio de las sierras, donde perdieron la vida varios pilotos hasta que fue clausurado en 1992-. Una vez en la pista del Kartódromo, Lucas manejó a distintas velocidades y aceleró hasta llegar a la máxima a la que llega un karting, unos 70 km/h. Compitió contra un piloto profesional que le rozó el karting y al que tuvo que esquivar en curvas reñidas. Un mes después, Mauricio recibió el llamado de la CDA: su hijo había pasado la prueba. Ahora debía hacerse estudios: ecodoppler, ergometría, radiografía de cuello, chequeo oftalmológico, electrocardiograma, radiografía de tórax. Lucas pasó todos los chequeos. Entonces, la CDA trasladó la decisión de otorgarle la licencia al tribunal internacional que rige las competiciones: la Federación Internacional del Automóvil (FIA).
-Yo creo que la dilatan porque, si le dan la licencia a Lucas, mañana aparecerá uno en España, otro en Portugal, en la China, y van a decir: 'en Argentina hay uno con síndrome de Down que está corriendo', ¿me entendés? dice Mauricio-. Se abre una puerta muy grande para quienes tengan síndrome de Down en todo el mundo.
Mauricio está en el box de Ibarra Competición, el equipo que invitó a Lucas a correr con uno de sus kartings. Le hace señas con la mano a su hijo para que se acerque, y el chico aparece enfundado en un traje azul eléctrico con rayas blancas y amarillas.
-¿Nos preparamos, Luqui?
Mauricio le coloca un protector plástico en las costillas, los guantes, una capucha negra ajustada que le deja al descubierto solo la nariz y los ojos rasgados. Empuja el karting hacia la zona de largada y Lucas camina detrás de él, haciendo movimientos circulares con los hombros.
-¿Estás nervioso, Lucas?
Lucas sonríe y niega con la cabeza.
La categoría en la que participa se llama Escuelita. Es la única en la que se puede competir sin licencia. En total, en toda la jornada tendrá tres instancias de competición. La clasificación, la serie -cuatro vueltas a la pista- y la final -ocho vueltas-. En cada una, Lucas correrá contra chicos de entre siete y diez años de edad.
-Corre en este circuito porque no tiene licencia y porque, por el factor de corrección, madurativamente él tiene una edad mental de unos diez, once años dice Mauricio.
-¿Qué es lo que más te gusta de andar en karting, Lucas?
Lucas no responde pero mueve su mano hacia arriba y hacia abajo, como un avión que planea en el aire.
Su karting está posicionado en la largada, detrás de los otros tres competidores. Mauricio le coloca el casco con visor, un protector de gomaespuma en las cervicales y chocan las manos. Lucas se sienta, enciende el motor y se aferra al volante. Alejandra, su madre, pelo blanco llovido y anteojos de marco rojo, lo apunta con el celular para sacarle una foto. Unos instantes después, una mujer levanta un cartel que dice pista habilitada. Lucas acelera y se pierde en la pista.
-Yo quisiera saber si a Colapinto o a Hamilton les hicieron todos esos estudios extra que le pidieron a Luqui, ¡ja! Ellos también tienen neurodivergencias se queja Alejandra, refiriéndose al piloto de Alpine, que en noviembre de 2024 hizo público que padece Trastorno de Déficit de Atención (TDAH), y a Lewis Hamilton, que en marzo reveló que padece el mismo trastorno y también dislexia. ¡Y mirá dónde llegaron! A Lucas un poco más le piden la foto del día en que nació.
Un mazazo en la cabeza
Lucas nació el 21 de agosto de 2006. Sus padres se habían conocido un año antes, durante un evento empresarial en la Sociedad Rural de Tandil. Alejandra -recién separada y con dos hijas, una de doce años y otra de casi dos- trabajaba en una empresa agropecuaria. Mauricio -también recién separado y con una hija de siete- hacía la cobertura para el diario Nueva Era, donde trabajaba como periodista. Tres meses después, Alejandra quedó embarazada.
-Cuando me enteré de que estaba embarazada y llevábamos tan poco tiempo juntos, pensé se las va a piantar. Entonces le dije, "mirá, vos hacé lo que quieras. Si querés irte, andate. Yo me voy a hacer cargo de mi hijo" -cuenta Alejandra mientras mira cómo Lucas da vueltas en la pista-. Mi médico, como hacía un año y pico había tenido a mi otra hija, me dijo que no era necesario que me hiciera estudios. Y resulta que el día que nació Lucas nos enteramos de que tenía síndrome de Down.
Para Mauricio, enterarse fue un mazazo en la cabeza.
-La doctora salió del quirófano, él estaba boca abajo en la camita de plástico, y agarró y me dijo: ves el cuello, qué cortito, nació con síndrome de Down. Hacé de cuenta que me pegó un mazazo en la cabeza- recuerda Mauricio con la voz quebrada-. Pero bueno, de a poco nos fuimos acostumbrando.
A los 45 días, los padres de Lucas lo llevaron a estimulación temprana. A los dos años comenzó el jardín de infantes. A partir de tercer grado, en paralelo a la escuela pública, comenzó en una escuela especial para chicos con síndrome de Down. En el contraturno hacía deportes: básquet, fútbol, taekwondo. Mauricio, que siempre había sido aficionado al automovilismo, comenzó a trabajar en Radio AM Tandil relatando carreras en el programa Acelerando a fondo, el mismo en el que sigue trabajando. Lucas comenzó a acompañarlo. Mientras Mauricio relataba, Lucas paseaba por los boxes, saludaba a los pilotos y se subía a los autos.
-Le gustaba tanto que dije, bueno, a ver si un día lo subo a él.
Ese día llegó el 19 de abril de 2025. Un amigo de Mauricio les prestó un karting y unos conocidos que trabajaban en el Auto Club de Tandil les dejaron la pista libre para que solo manejara Lucas. Llegaron a las nueve de la mañana y se fueron a las seis de la tarde.
-Llegamos, le expliqué: con este se acelera, con este se frena, así se dobla, y salió manejando. Ese día hizo todo bien. No hizo nada raro. No sabés cómo lloraba cuando lo vi.
A Alejandra no le avisaron para que no tuviera miedo.
-Por suerte yo me enteré después -dice ella, y se ríe. Yo pensaba que Lucas no iba a saber ni cómo frenar.
La serie en la que corre Lucas está por terminar. Él completó las cuatro vueltas en cinco minutos. Un minuto más que el resto de los competidores. Mauricio camina hacia la llegada con las manos en los bolsillos. Cuando ve que Lucas llega y se baja del karting, le quita el casco. Ambos son interceptados por un periodista y un camarógrafo.
-Felicitaciones por tu debut, ¿cómo te sentiste, te gustó el Kart Plus?- le pregunta el hombre mientras la cámara enfoca a Lucas.
-Estamos muy contentos dice Mauricio, acercándose al micrófono, mientras abraza y le acaricia el pelo a Lucas-. No vinimos a buscar un resultado deportivo sino para que puedan ver su comportamiento en la pista.
Lucas se escapa dando pequeños saltos de galope con las manos entrelazadas en la espalda. Cada tanto frena, saluda a alguien y después sigue a los saltos hasta llegar al box de Ibarra Competición.
-¡Vamos, campeón! lo abraza Alejandra.
-Último llegaste. ¡Aceleraste con las manos!- le dice un hombre de más de ochenta años que usa boina: el abuelo de Lucas.
-No lo presiones -lo frena Alejandra-. Luqui ahora se siente que es campeón del mundo. Es así, una vez que se sube al karting no le importa si llega uno adelante. Él se cree mejor que Colapinto.
Subido al karting
Pocos días después del 19 de abril de 2025, un amigo de Mauricio le obsequió a Lucas un karting. Comenzaron, padre e hijo, a practicar todos los fines de semana en un circuito privado en Balcarce. En agosto, Mauricio decidió tramitar la licencia ante la CDA. En diciembre, Lucas egresó de la escuela secundaria. Sus padres decidieron que durante 2026 siga practicando con el karting y realice un entrenamiento físico para fortalecer su cuerpo, mientras aguardan la resolución a su pedido de licencia del tribunal internacional de automovilismo.
-Yo quiero que Lucas tenga la licencia para que pueda correr en cualquier parte.
Sin la licencia, solo existen dos circuitos en los que puede participar, ambos en la categoría Escuelita. Uno es La Morena, un kartódromo de Entre Ríos -compitió allí en abril- y el otro es el KartPlus. Con la licencia, quedaría habilitado para correr en cualquiera de los casi cuarenta circuitos oficiales de la Argentina.
"Cumpliendo con los parámetros establecidos en los reglamentos, no debería haber inconveniente para extenderle la licencia", respondieron desde la FIA la consulta por el caso de Lucas. "Se evalúan cuestiones medicas y de esa evaluación surge o no la emisión de la licencia", agregaron. Sobre los plazos, indicaron que "son determinados de acuerdo a la evaluación medica reglamentaria".
-Si consigue la licencia yo quiero que vaya haciendo el escalonamiento tranquilo, que pase a la categoría Promocional, donde competiría con chicos ya de once años-, dice Mauricio.
¿A vos no te alcanza con verlo en la pista? ¿De qué le serviría la licencia y competir a Lucas?
-Sí, a ver, me alcanza, pero si la FIA y la CDA me dicen sí, dejamos sentado un precedente a nivel mundial para mucha gente que por ahí está en la misma situación en que empecé yo, y que no sabe cómo actuar, no sabe cómo llegar, no sabe cómo tramitar las cosas. Eso es lo que queremos nosotros con la licencia en la mano.
La historia de Lucas y la batalla para que la FIA le otorgue la licencia, escaló públicamente.
-Cuando alguien como Lucas aparece haciendo algo tan exigente, llama la atención porque existe un prejuicio, y socialmente se espera muy poco de las personas con síndrome de Down explica Soledad Saravia, médica clínica y docente en neurociencias especializada en síndrome de Down. Pero que su caso nos sorprenda habla más de nuestros límites que de los de ellos. De hecho, decir que los chicos con este síndrome "mentalmente" tienen otra edad que la del DNI no refleja cómo funciona su desarrollo. Es un concepto injusto que los infantiliza. Ellos pueden desarrollar muchas habilidades. Se trata de que tengan las oportunidades, el acompañamiento y la confianza para hacerlo. Y lo importante es preguntarle a Lucas si él quiere sostener un nivel de competencia dentro del automovilismo, como cualquier otra persona. Si él se siente seguro y tiene posibilidad de sostenerlo emocionalmente, tiene derecho a intentarlo como cualquiera.
-Mamá-, le dice Lucas a Alejandra, señalando a una mujer que está en un box comiendo una empanada.
-¿Tenés hambre, Luqui?
Caminan hasta el restaurante del Kartódromo, que está detrás de los boxes. Lucas saluda con un beso a casi todos los clientes. Una pareja le regala unos guantes para competir.
-¿Qué se dice, Luqui?-, le pregunta Mauricio.
Lucas se acerca a la pareja y les da las gracias.
-El es así. Entra y saluda de una punta a la otra a todos, en los boxes, acá. Los hombres no somos así en general.
Mauricio abre el teléfono y muestra decenas de mensajes sin leer. Uno de los mensajes es una invitación para que regresen al día siguiente. Nicolás Varrone, el piloto argentino que corre en la Fórmula 2 -la antesala de la Fórmula 1- va a correr en el Kartódromo al día siguiente, y quieren que se convierta en una especie de padrino deportivo de Lucas.
-Ves, todo esto lo logra Lucas. Quedate tranquila que si me dicen que no la FIA y la CDA, voy a poner un recurso de amparo. Me van a tener que dar la licencia les guste o no les guste.
Mauricio abre bien los ojos y alza la voz.
-Si me dicen que no, no es porque no quieren que el nene corra. Me están diciendo que no a la inclusión. Yo no lo voy a bajar del karting.
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