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Deportivo
TN 01/06/2026 08:08 4 min de lectura

El juramento secreto de los ítalo-argentinos en la historia de los mundiales

Enrique Guaita confesó años después que él y otros tres futbolistas prometieron no jugar para Italia si debían enfrentar a la Selección Argentina en la Copa del Mundo de 1934. La rápida eliminación albiceleste evitó un conflicto que pudo tener graves

El juramento secreto de los ítalo-argentinos en la historia de los mundiales
Foto: TN

La historia de los mundiales está repleta de episodios insólitos, gestos de grandeza y también de silencios que, con el tiempo, se transformaron en leyenda. Uno de esos relatos ocultos salió a la luz varios años después de la final entre Italia y Checoslovaquia por el Mundial de Italia 1934, cuando Enrique Guaita reveló un juramento que pudo cambiar el rumbo de la Copa del Mundo y de su propia vida.

El pacto de los ítalo-argentinos antes del Mundial

En la previa del torneo, cuatro futbolistas con raíces argentinas y pasaporte italiano tomaron una decisión que, en ese momento, solo compartieron entre ellos. Enrique Guaita, Luis Monti, Raimundo Orsi y Atilio de María se miraron a los ojos y sellaron un pacto: "Si hubiéramos tenido que enfrentar a Argentina, no jugábamos para Italia. Lo juramos antes del comienzo del torneo". Así lo contó Guaita años después, cuando el fútbol ya era otra cosa y el miedo a las represalias había quedado atrás.

La situación no era menor. Los cuatro jugadores, nacidos en Argentina, habían sido convocados por la selección italiana, la famosa azzurra, en una época donde la FIFA permitía cambios de camiseta y las reglas de nacionalidad eran mucho más flexibles que hoy. Sin embargo, el sentimiento de pertenencia y el vínculo con la tierra natal pesaban más que cualquier reglamento.

El alivio tras la eliminación de Argentina

El destino quiso que la Selección Argentina quedara eliminada rápidamente del torneo. Esa derrota temprana fue, para los ítalo-argentinos, un alivio inesperado. No tuvieron que elegir entre la camiseta que defendían en la cancha y la patria que llevaban en el corazón. "Fue una suerte, reconoció Guaita, porque si el cruce se hubiera dado, el conflicto habría sido inevitable.

En ese contexto, la presión no era solo deportiva. El régimen fascista que gobernaba Italia en aquellos años no toleraba lo que consideraba traiciones. Las represalias para quienes desobedecían las órdenes del poder podían ser severas, y el fútbol no estaba exento de esa lógica. Por eso, el juramento de Guaita, Monti, Orsi y De María no era solo una cuestión de principios, sino también un acto de coraje y riesgo personal.

El fútbol, la política y la identidad en la Copa del Mundo

La anécdota de los ítalo-argentinos es mucho más que una curiosidad de archivo. Refleja cómo la historia de los mundiales está atravesada por dilemas de identidad, lealtad y pertenencia. En una época donde la FIFA aún no había endurecido sus reglas sobre la nacionalidad de los jugadores, los equipos nacionales podían contar con futbolistas que, en otro contexto, hubieran vestido otra camiseta.

El caso de Guaita y sus compañeros muestra que, detrás de cada partido, hay historias personales que muchas veces quedan ocultas. El Mundial de fútbol no es solo una competencia deportiva: es también un escenario donde se juegan cuestiones políticas, sociales y culturales. Y en 1934, bajo la sombra del fascismo, esas tensiones se sentían en cada rincón del vestuario.

El legado de un juramento silencioso

Con el paso de los años, la confesión de Guaita se transformó en una de esas historias que alimentan la mística de la Copa del Mundo. El juramento de no jugar contra Argentina, aunque nunca se puso a prueba en la cancha, quedó como símbolo de una época y de una generación de futbolistas que debieron tomar decisiones difíciles en tiempos complejos.

Hoy, a las puertas del Mundial 2026, recordar estos episodios ayuda a entender que el fútbol siempre fue mucho más que un juego. Las selecciones, los mundiales y la propia FIFA han cambiado, pero los dilemas de identidad y pertenencia siguen presentes, aunque con otros matices.

La historia de Guaita, Monti, Orsi y De María es un recordatorio de que, a veces, los partidos más importantes se juegan fuera de la cancha. Y que, en la historia de los mundiales, hay juramentos que valen tanto como un gol en la final.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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