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Provinciales
TN 31/05/2026 05:41 4 min de lectura

Ni el banco ni el descuento de cheques: la herramienta que usan cada vez más pymes para financiarse más barato

Con el actual contexto macro, las emisiones de deuda corporativa simplificada ofrecen una alternativa de financiamiento más barata y predecible que los tradicionales instrumentos. Por qué pocas empresas se animan y qué cambió en 2026.

Ni el banco ni el descuento de cheques: la herramienta que usan cada vez más pymes para financiarse más barato
Foto: TN

Durante décadas, el financiamiento productivo de una pyme argentina se resumió en tres opciones: descuento de cheques, adelanto en cuenta corriente y, en el mejor de los casos, una línea bancaria a tasa subsidiada cuando el Estado la habilitaba. El mercado de capitales era un territorio reservado a las grandes corporaciones, con costos legales prohibitivos y tiempos de estructuración incompatibles con la urgencia de una empresa mediana. En 2026, esa foto cambió.

Las Obligaciones Negociables Pyme, conocidas en la jerga como ON Garantizadas o ON simples, llevan años en el mercado, pero recién en los últimos 12 meses comenzaron a ganar masa crítica. Las emisiones bajo el régimen vienen creciendo de manera sostenida: la cantidad de operaciones más que duplicó al mismo período de 2025, los tickets promedio se ampliaron y los plazos se estiraron de 12 a 24 meses. Y los rendimientos exigidos por los inversores se comprimieron varios cientos de puntos básicos frente a las primeras colocaciones, reflejo de un mercado que aprendió a leer este riesgo.

La estructura más usada por el segmento pyme es la ON garantizada por una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR). El esquema es simple: la SGR avala la emisión, el inversor mira el riesgo crediticio del avalista en lugar del emisor, y la tasa se desploma. A cambio, la pyme paga una comisión a la SGR (entre 2% y 4% anual sobre el monto avalado) y constituye contragarantías a favor del fondo de riesgo. Para una empresa con historial limitado de balances o sin rating crediticio formal, es la puerta de entrada más eficiente al mercado.

Hay un dato que cambia la ecuación: el régimen impositivo. Los intereses pagados por ON colocadas por oferta pública son deducibles del Impuesto a las Ganancias del emisor, y las comisiones de estructuración pueden amortizarse a lo largo de la vida del bono. Para el inversor persona humana, los rendimientos están exentos del Impuesto a las Ganancias por la Ley 23.576, lo que amplía la base de demanda y comprime aún más las tasas de colocación frente a alternativas gravadas. A diferencia de los títulos públicos o los plazos fijos, las ON corporativas sí están alcanzadas por Bienes Personales: se declaran a su valor de cotización o costo al 31 de diciembre, un detalle que el inversor debe contemplar al armar su cartera.

Lo que muchos empresarios subestiman es el costo no financiero de la decisión. Una emisión ON exige un nivel de información que la mayoría de las pymes nunca produjo: estados contables intermedios, presupuesto financiero proyectado, una memoria descriptiva del negocio que un tercero pueda leer y entender. Estructurar la primera emisión toma entre 60 y 90 días, requiere contratar un agente de colocación, un auditor habilitado y, eventualmente, una calificadora. Es una inversión inicial en ordenamiento corporativo que algunas pymes ven como obstáculo y otras, como oportunidad.

La diferencia entre unas y otras es de mentalidad. Las empresas que ven el ordenamiento como un costo postergan la decisión y siguen tomando descuento de cheques en ventanilla o adelantos en cuenta corriente a tasas que casi duplican lo que conseguirían colocando una ON bien estructurada. Las que lo ven como una palanca de crecimiento aprovechan la emisión inicial para profesionalizar su gobierno corporativo, sus reportes financieros y su disciplina de planeamiento. Tres emisiones después, esas empresas tienen acceso fluido al mercado, costos de fondeo competitivos y una capacidad de inversión que sus competidores no pueden igualar.

El contexto macro acompaña. Con inflación en proceso de desinflación, tasas en pesos comprimiéndose y un mercado de capitales que recuperó volumen y profundidad, la ventana para emitir está abierta como no lo estaba hace una década. Los inversores institucionales (FCI, aseguradoras, fondos de pensión voluntarios) están demandando instrumentos en pesos y en dólares con rendimiento real positivo, y el segmento pyme ofrece exactamente eso a quien sepa originarlo.

La pregunta para el dueño de pyme no es si el mercado de capitales le conviene. Los números ya dieron esa respuesta. La pregunta es cuánto tiempo más va a postergar la decisión de ordenar la información de su empresa para acceder a una fuente de financiamiento estructuralmente más barata que la que viene usando. Cada mes de demora se paga, en silencio, en el spread que la empresa transfiere al banco en lugar de capturarlo para reinvertir.

El acceso al mercado dejó de ser un problema técnico. Pasó a ser una decisión de gestión. Y como toda decisión de gestión, distingue a las empresas que se preparan para crecer de las que se conforman con sobrevivir.

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