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Provinciales
TN 31/05/2026 05:36 6 min de lectura

Es operario hace 18 años, armó un taller para enseñarle a otros hombres a peinar a sus hijas y hoy tiene más de 100 mil seguidores

Gustavo aprendió sobre cepillos y tipo de pelos a través de tutoriales: quería lograr que Amparo llegara al jardín prolija. Ahora, comparte sus tips en cursos presenciales e incentiva a una participación más activa en el cuidado diario.

Es operario hace 18 años, armó un taller para enseñarle a otros hombres a peinar a sus hijas y hoy tiene más de 100 mil seguidores
Foto: TN

Gustavo tiene 37 años y todavía guarda intactos en su memoria los momentos de calidad que pasaba cuando era chico junto a su papá. Se acuerda perfectamente de cuando el padre volvía cansado de trabajar y, a pesar del sueño, se paraba a atajarle penales en un terreno baldío al lado de su casa. Esos recuerdos, que hoy son su refugio, fueron los que quiso replicar con Amparo, su hija de 6 años.

En medio de la rutina, encontró en los peinados un espacio que se convirtió en un ritual de amor, risas y conexión profunda. Así fue como creó Papás que peinan, una iniciativa que invita a otros hombres a participar del cuidado diario y a generar momentos de calidad.

Amparo nació a principios de 2020, justo antes de la pandemia. Estuvimos un año y medio encerrados. Ella tenía muy poco pelo y yo arranqué jugando, comprando unas gomitas de silicona, contó Gustavo en diálogo con TN.

El verdadero desafío se dio cuando la nena empezó el jardín: veía que las compañeritas iban impecables y su hija iba, quizás, con una colita desprolija o los pelos al viento. Reconoció que le dio vergüenza no tener idea de cómo manejar el cabello de la nena y esa situación lo empujó a mirar tutoriales en internet, a comprar cepillos específicos y a entender las necesidades de su pelo.

Yo arranqué siempre con un mismo cepillo neumático haciendo todo hasta que fui conociendo y viendo que cada peine tiene su uso, que el peine desenredante no se pasa en el cuello cabelludo y demás. Generalmente, un papá que no sabe tiene un solo peine para todo, recordó.

Un día, mientras esperaba que Amparo saliera de sus clases de danza, Gustavo charlaba con otro papá y le confesó que estaba cansado de su trabajo como operario de depósito, un oficio que hace desde hace 18 años. Le planteó que sentía la necesidad de hacer algo diferente para pasar más tiempo con su hija y el hombre le sugirió empezar a subir videos a las redes sociales. ¿De qué voy a subir si no soy gracioso, no soy humorista y no sé de qué hablar?, se preguntaba él y allí apareció la primera idea: mostrar cómo peinaba a su hija.

Poco después, se fracturó jugando al fútbol y empezó a tener tiempo libre en casa. Lo tomó como una señal y, animado por su amigo, se compró un aro de luz. El 2 de septiembre de 2025 subió su primer video peinando a Amparo. A mitad de mes, sumaba 10.000 seguidores, y hoy la comunidad supera los 100.000.

Papás que peinan: de los videos a los talleres

El salto de los videos a los talleres presenciales se dio por el pedido insistente de sus propios seguidores, aunque primero tuvo que vencer sus propias barreras. Yo tenía el prejuicio conmigo mismo de decir soy clarquista, soy operario, no puedo vivir de las redes ni sé hablar adelante de diez personas que no conozco para explicar lo que nunca expliqué, expresó Gustavo y agregó: Vi mucha gente interesada y empecé a buscar lugares, a hablar con gente. Lo fui armando.

Su inspiración fue un video viral de hombres en Reino Unido que practicaban peinados con cabezas de maniquíes mientras tomaban cerveza, pero le dio una vuelta de tuerca: diseñó un encuentro de dos horas en el que los padres van con sus hijas y aprenden sobre el pelo mientras ellas meriendan y juegan.

No es lo mismo un maniquí que tiene el pelo perfectamente desenredado y no se mueve, que peinar a tu hija a las 6:30 de la mañana, argumentó.

Finalmente, tuvo el primer taller y ese miedo que tenía se disipó al ver la respuesta de los hombres que se anotaban. Había un papá que era un barbudo con las manos como de un oso gigante, que le daba besos en la cabeza a la nena y la acariciaba mientras la peinaba. Eso era exactamente lo que yo buscaba, describió.

El tiempo estimativo son dos horas, pero Gustavo aseguró que tiene que ver con las habilidades de los asistentes: Hay algunos padres que no tienen idea y otros capaz tienen más maña, tienen una base. De hecho, contó: Uno de los padres estaba intentando desenredar los rulos de su nena con un peine de neumático. Le estaba dejando el pelo totalmente inflado, pero él no sabía. Ahí le explique que se suele hacer con el pelo húmedo, con crema para peinar y son todas cosas que no sabía y se fue súper agradecido.

En ese contexto, se asoció con su amigo Nicolás que fabrica cepillos que no tironean el pelo y hacen la tarea más fácil: Él vio potencial en mi y decidimos tirar para adelante. Forman parte del kit que regalamos en el taller para que los prueben, pero son geniales.

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En las redes, se topó con algunos comentarios que cuestionan su proyecto: A veces me ponen un papá extraordinario, una mamá normal o que capaz es una pavada, pero yo no me meto en esa. Planteó que no busca ser aplaudido ni que destaquen su labor, sino lograr que los hombres participen de forma más activa en la crianza y a crear momentos de calidad a pesar de la vorágine del día a día.

No tengo tanto tiempo de calidad porque trabajo mucho y tenemos muchas actividades, pero ese rato es nuestro: le hablo, le hago cosquillas, me cuenta sus cosas. Esa conexión es la que quise transmitirle a otros papás, sostuvo.

Con el tiempo, Gustavo admite entre risas que alimentó a un monstruo, ya que Amparo se volvió súper exigente y coqueta con sus peinados, pidiendo colitas altas con volumen para el colegio y pelo suelto para los cumpleaños. Pero más allá de la técnica, el verdadero motor de este papá es el legado emocional. El día de mañana mi hija va a decir: Mi papá aprendió a peinarme. No se va a acordar de las zapatillas que le compré, se va a acordar de esas pequeñas cosas.

Ahora trabaja en el segundo taller, que se llevará a cabo el 7 de junio en el barrio de Las Cañitas. Ese día se dictarán dos cursos: a las 14 y a las 16.30. El valor es de $50.000 y quedan los últimos lugares disponibles. Incluye la merienda para las nenas y un kit de peines y colitas. Su próximo paso es llevar la iniciativa a Córdoba, algo que está terminando de organizar. Todavía no lo puedo creer, pero salió mejor de lo que podía haber imaginado, cerró.

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