Una mirada desde la alcantarilla. El muelle - 9 Digital - Mi 9
Una mirada desde la alcantarilla. El muelle -
El muelle
Un hombre solo pesca. El muelle, desde la altura, parece un banquito que se diluye.
Si colgábamos nuestras piernas en la banqueta del hospital, las enfermeras decían quietita. Pasaban alcohol por la porción elegida del brazo y ensartaban la aguja. Me impresionó siempre la textura del algodón, pronuncio la palabra y me erizo, le tengo una especie de fobia al tacto y al oído. Cómo se desgarra la fibra, cómo la pelusa se arrastra.
El hombre pesca con la parte del frente del cuerpo inclinada hacia la superficie plateada del río. Es temprano cuando el color es metálico, el resto del tiempo va cambiando la piel como hacen los bichos en la selva cunado se camuflan entre las cortezas y la tierra.
Me quedo quieta con el auto en silencio, hace pocos minutos bajé a mi hija mayor en la oficina cercana. Qué suerte esta vista, le dije y se fue con su espalda apenas ancha y con el pelo cubriendo parte de su cintura. Es posible no seguir con la mirada fija en el cuerpo de los hijos, es posible no clavar el ojo hasta que esa figura tan cercana se vuelva un punto.
Mamá agotó su vista viéndonos ir y venir. Giraba el cuello como las lechuzas, una orientación imantada a nuestra sombra. Un polo donde caía siempre su voz. Hay una fase del tiempo en que crecemos y partimos los ojos, una bolilla en la nuca viendo cómo la madre envejece y otra adelante con los hijos que van poniéndose más altos., más elocuentes, más peligrosos, más asertivos, más solos consigo y más incrustados en los huesos propios.
El hombre cuida su balde. El muelle podría ser la cima de una montaña y él sentirse a salvo con su reserva de agua en los tobillos, con su caña entre las manos. Hay un poder infinito en la imagen. Una soledad que me maravilla. Un hombre y las islas en el horizonte. Los peces con temor a abrir mucho la boca. Una madre despega capas de escamas desde otra altura.