Mark Travers, psicólogo: Las personas más inteligentes pueden ser las más indecisas por estos 3 motivos
Lo que supone un plus o un valor agregado, puede convertirse en una carga insoportable.
La psicología no parece tener dudas sobre un rasgo que tienen las personas más inteligentes: la indecisión. En un mundo donde sobran opciones para casi todo -trabajo, estudios, inversiones, compras, series, parejas- podría pensarse que decidir es cada vez más fácil. Más información, más comparaciones y más alternativas deberían ayudarnos a elegir mejor.
La psicología demuestra desde hace tiempo que muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Y, según este enfoque, quienes más sufren ese problema suelen ser las personas más inteligentes o más analíticas.
Mark Travers, psicólogo estadounidense con títulos de la Universidad de Cornell y la Universidad de Colorado Boulder, toma esta idea de qué cuanto mayor es la capacidad de análisis, más difícil puede volverse cerrar una decisión.
El punto de partida de esta explicación está en un estudio realizado por el psicólogo estadounidense Barry Schwartz, que distinguió entre dos perfiles. Por un lado están los maximizadores, es decir, quienes buscan la mejor opción posible.
Por el otro, los satisfactores, que se conforman con una opción suficientemente buena una vez que cumple con ciertos criterios. Los primeros, según la investigación, tienden a experimentar más parálisis decisional, más arrepentimiento y menor satisfacción general con sus decisiones.
El primero de los motivos tiene que ver justamente con esa trampa del maximizador. Las personas inteligentes suelen fijarse estándares altos. Esa cualidad puede ser muy útil para progresar, pero también las empuja a creer que no basta con una buena elección y necesitan la óptima.
El problema es que esa búsqueda se vuelve interminable. En lugar de cerrar la decisión cuando encuentran una alternativa razonable, siguen comparando y revisando por si existe otra mejor. Ahí aparece lo que muchos psicólogos llaman parálisis por análisis. Una evaluación tan extensa que termina bloqueando el paso final.
Sobre análisis y arrepentimiento, el pesar de los inteligentes
El segundo motivo es la tendencia a sobre analizar todos los escenarios posibles. Las personas más analíticas suelen contemplar muchas variables al mismo tiempo, proyectar consecuencias a largo plazo y detectar compensaciones que otros ni siquiera registran. Esa habilidad puede ser valiosa en contextos complejos, pero en la vida cotidiana a veces juega en contra.
El estudio mostró que quienes buscan maximizar realizan comparaciones exhaustivas entre alternativas, lo que aumenta tanto la dificultad para decidir como la tensión psicológica.
Aparecen entonces la sobrecarga de información, el pensamiento hipotético y una sensibilidad excesiva frente a pequeñas diferencias entre opciones. Por eso, decisiones que deberían llevar minutos terminan consumiendo horas o días.
El tercer motivo aparece después de elegir. Para muchas personas inteligentes o muy minuciosas, la incomodidad aparece en ese momento luego de la elección final. El mismo estudio de Schwartz encontró que quienes buscan maximizar son más propensos al arrepentimiento y a la comparación social ascendente.
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Es decir, aun después de haber tomado una decisión, siguen pensando en la alternativa descartada. Se preguntan si pasaron por alto algo mejor, si otra opción hubiese rendido más o si realmente hicieron la elección óptima.
Ese mecanismo erosiona la satisfacción porque impide comprometerse psicológicamente con lo ya elegido. Mientras quienes se conforman con lo suficiente tienden a seguir adelante, los maximizadores quedan atados a la posibilidad perdida.