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Informe Digital 28/05/2026 14:56 4 min de lectura

Biocombustibles: el nuevo negocio que Argentina todavía no aprovecha - Informe Digital

Torroba advirtió que el salto está en residuos y en nuevos usos para aviones y barcos, con un mercado global en expansión.

Biocombustibles: el nuevo negocio que Argentina todavía no aprovecha - Informe Digital
Foto: Informe Digital

Durante años, los biocombustibles quedaron asociados a los cultivos agrícolas que alimentan la producción de bioetanol y biodiésel para autos, tractores y otras máquinas. Pero el negocio está cambiando rápido: ganan terreno los combustibles para aviones y buques, elaborados a partir de aceites usados, grasas animales y otros residuos orgánicos. Para la Argentina, el giro abre una oportunidad concreta, aunque todavía lejos de aprovecharse.

El diagnóstico lo expuso Agustín Torroba, especialista en Biocombustibles y Energías Renovables del IICA, durante un reciente congreso de Maizar. Su planteo fue directo: el mundo ofrece un mercado de consumo infinito para estos productos y el país podría capturar parte de esa demanda si se adapta a las tendencias que ya marcan la agenda global.

Demanda y huella de carbono

Torroba sostuvo que hay dos fuerzas que empujan el mercado. La primera es la demanda creciente: ya son 60 los países que mezclan etanol con nafta, siete de cada diez litros de nafta en el mundo llevan corte y ese alcohol reemplaza hoy el 8% del combustible fósil. En biodiésel, el uso alcanza a 50 países y sustituye el 5% del gasoil a escala global. En Estados Unidos, además, se autorizó el E-15 para todo el año. India pasó en seis años de cero etanol a una mezcla del 20%, mientras Brasil apunta al 32%.

La segunda tendencia es la valoración ambiental. Cada vez más legislaciones ponderan la huella de carbono y premian a los combustibles con mejor desempeño climático. En ese terreno, dijo el especialista, los biológicos muestran ventajas sobre los fósiles. Entre los cultivos con mejor performance mencionó a la caña de azúcar y al maíz.

HVO y SAF ganan espacio

Uno de los productos que más crece es el HVO, o aceite vegetal hidrogenado, elaborado a partir de aceites usados y grasas animales. Se trata de un biocombustible de segunda generación, prácticamente idéntico al diésel tradicional, que ya representa el 30% del mercado del biodiésel y permite descarbonizar el transporte.

En la Argentina, en cambio, el SAF el combustible sustentable para aviación sigue siendo poco conocido. Puede producirse de manera convencional o a partir de desechos orgánicos y aceites usados. Según la proyección que expuso Torroba, ese mercado moverá entre 10 y 20 millones de metros cúbicos en 2030 y llegará a 43 millones en 2050, aun con estimaciones conservadoras.

Ese volumen cobra otra dimensión si se lo compara con el total del mercado: todos los biocombustibles juntos generan hoy 180 millones de metros cúbicos en el mundo.

En nuestro país todavía estamos muy atrasados en la producción de SAF; no hay ninguna planta que lo destile, advirtió Torroba. Y agregó que sería clave certificar cadenas de valor para procesar maíz o aceites, además de avanzar en diplomacia ambiental en los ámbitos donde se definen los estándares de sostenibilidad de la aviación civil, con participación del sector privado.

El avance también alcanza al transporte marítimo. Allí los biocombustibles se mezclan con fuel oil y, en los últimos años, ganaron impulso con una dinámica similar a la de la aviación.

También existen barcos duales que funcionan con metanol o etanol puros según el puerto donde se reabastecen. Hoy son 293, apenas el 0,3% de la flota, pero hay numerosos pedidos de nuevas unidades en las armadurías.

Para que esas alternativas despeguen en la Argentina, Torroba planteó que hace falta certificar valores propios y aprovechar la cadena de valor ya desarrollada.

El especialista también mencionó otro frente en expansión: el uso de biocombustibles en maquinaria agrícola. Brasil está queriendo ir a mezclas puras en tractores y máquinas autopropulsadas para descarbonizar los laboreos y reducir la huella de carbono de sus productos, señaló.

Una agenda para el largo plazo

Al cierre de la charla, se formalizó la presentación del Movimiento para la Transición Energética y la Movilidad Sustentable en el país. La iniciativa busca impulsar una agenda de cambio de la matriz energética adaptada a los recursos y características de la Argentina, en una línea similar a la que ya se desarrolló en Brasil.

El movimiento promoverá biocombustibles derivados de cultivos agrícolas y residuos, pero también contemplará el hidrógeno verde, el GNC y la electromovilidad. La idea es reunir a terminales automotrices, fabricantes de maquinaria, productores de biocombustibles y otras instituciones para llevar al Congreso una agenda de leyes de largo plazo y evitar que la discusión quede en manos de lobbies aislados.

Entre los firmantes figuran terminales automotrices, algunas fábricas de maquinaria agrícola, Ciara, la Estación Experimental de Obispo Colombres, Acsoja, Porta Hermanos y la Cámara de Alcoholes Argentinos.

En síntesis, el mercado global de biocombustibles atraviesa una transformación que va mucho más allá del etanol de caña o maíz y del biodiésel de soja. Aparecen nuevas materias primas, nuevos usos y una ventana de oportunidad para la Argentina, siempre que logre ordenar a sus actores detrás de objetivos comunes, como ya hicieron otros países más avanzados en la materia.

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