El perro que nunca tuvo dueño y se convirtió en leyenda: a 63 años de la muerte de Fernando
Llegó a Resistencia en una noche de tormenta, fue adoptado por toda una ciudad y se convirtió en uno de los personajes más queridos de la historia chaqueña.
"Nunca tuvo dueño, pero era de todos". La frase, inmortalizada en la canción Callejero de Alberto Cortéz, parece describir a la perfección a Fernando, el perro que se convirtió en una leyenda de Resistencia y cuya historia sigue viva más de seis décadas después de su muerte.
Este 28 de mayo se cumplen 63 años del fallecimiento del emblemático lanudo que supo ganarse el cariño de toda una ciudad. Su figura trascendió el tiempo y fue homenajeada con esculturas, libros, poemas y numerosos relatos que lo transformaron en uno de los personajes más queridos de la historia chaqueña.
La historia comenzó en la Nochebuena de 1951. Mientras una fuerte tormenta azotaba la ciudad, un perro callejero buscó refugio en un bar y se acomodó a los pies de Fernando Ortiz, un cantante de boleros que estaba de paso por Resistencia. Desde entonces, el animal adoptó el nombre de aquel artista y comenzó una vida tan singular como entrañable.
Aunque Ortiz fue considerado su dueño, Fernando rápidamente se convirtió en patrimonio afectivo de los resistencianos. La ciudad entera lo adoptó y él hizo de sus calles su hogar.
Quienes lo conocieron recuerdan a un perro de hábitos poco comunes. Era habitual verlo en cines, conciertos de la orquesta sinfónica e incluso en reuniones de la alta sociedad. Siempre encontraba una puerta abierta, un plato de comida y una caricia.
Con el paso de los años, las anécdotas sobre Fernando fueron alimentando su leyenda. Se cuenta que llegaba puntualmente al Banco Nación para compartir el desayuno con el gerente, que abandonaba los actos políticos cuando los discursos no le agradaban y que asistía por su cuenta a vacunarse contra la rabia. También dicen que permanecía hasta el final de los conciertos únicamente cuando la calidad de los músicos estaba a la altura de sus exigencias.
Pero el 28 de mayo de 1963 la ciudad recibió una noticia que conmocionó a sus habitantes. Mientras corría por las inmediaciones de la plaza central, Fernando fue atropellado por un automóvil. Las heridas sufridas terminaron provocando su muerte.
El dolor colectivo quedó reflejado en la multitud que acompañó su despedida. Su entierro fue uno de los acontecimientos más recordados y simbólicos de la historia de Resistencia.
Actualmente, sus restos descansan frente al histórico centro cultural Fogón de los Arrieros. Allí permanece el recuerdo de un perro que nunca perteneció a nadie en particular, pero que logró convertirse en parte de la identidad de toda una ciudad.