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Provinciales
ER 24 28/05/2026 04:33 2 min de lectura

GUALEGUAYCHÚ | Luciano Garro, el Adorni del intendente Davico que ya despierta sospechas de poder y dinero

GUALEGUAYCHÚ | Luciano Garro, el Adorni del intendente Davico que ya despierta sospechas de poder y dinero En apenas meses dentro del gobierno de Mauricio Palito Davico, Luciano Garro pasó de ser un funcionario más a convertirse en una de las car

GUALEGUAYCHÚ | Luciano Garro, el Adorni del intendente Davico que ya despierta sospechas de poder y dinero

En apenas meses dentro del gobierno de Mauricio Palito Davico, Luciano Garro pasó de ser un funcionario más a convertirse en una de las caras más visibles y polémicas del oficialismo local. En los pasillos políticos ya lo bautizaron como el Adorni de Gualeguaychú: confrontativo, provocador y obsesionado con defender el relato del poder aun cuando la realidad parece ir por otro lado.

Pero el problema ya no es solamente político. Lo que empieza a crecer en la ciudad son las dudas sobre el cambio de vida que rodea al funcionario y el contraste cada vez más evidente entre el discurso humilde que intenta mostrar y la imagen de poder que muchos aseguran observar por detrás.

Garro se presenta como un hombre común, cercano y austero. Sin embargo, en Gualeguaychú cada vez son más quienes se preguntan cómo ciertos funcionarios logran escalar económicamente tan rápido apenas pisan el Estado. No existen denuncias formales ni acusaciones judiciales concretas, pero sí una sensación social que empieza a expandirse: la política vuelve a generar funcionarios que parecen vivir mejor que la propia sociedad que dicen representar.

Mientras comerciantes cierran, vecinos hacen malabares para llegar a fin de mes y trabajadores municipales pierden poder adquisitivo, dentro del gobierno local algunos nombres empiezan a exhibir una comodidad que llama la atención. Y Garro aparece hoy como uno de los símbolos de ese malestar silencioso.

Su función dentro del esquema de Davico también alimenta esa percepción. Porque lejos de actuar como un comunicador institucional, muchos lo ven desempeñando el rol de soldado político permanente: atacar críticos, blindar errores y construir un relato donde todo cuestionamiento es tratado como una operación.

El problema para Davico es que la estrategia puede terminar generando el efecto contrario. Cuanto más se intenta imponer un discurso perfecto, más crece la curiosidad pública por aquello que el poder no muestra.

En Gualeguaychú, las preguntas ya empezaron. Y cuando una ciudad comienza a desconfiar de quienes gobiernan, ningún relato alcanza para apagar el ruido de la calle.

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