Noelia Pace y el fenómeno de la mediumnidad: teatros llenos y una necesidad colectiva de creer
Noelia Pace agota localidades en el Metropolitan y en teatros de todo el país con un espectáculo de espiritismo en vivo. La médium puede ser real o no. El dolor del público, en cambio, no admite dudas.
Un médium es alguien que asegura poder comunicarse con el más allá. Sin embargo, lo que lo define no es lo que realmente pueda lograr, sino lo que los demás eligen creer. Noelia Pace es médium porque ella lo dice y porque son cientos de miles las personas que la siguen, compran sus libros y llenan los teatros en donde se presenta.
Su espectáculo, Mediumnidad, es una sesión de espiritismo pública y masiva. Las últimas presentaciones en el Teatro Metropolitan de la calle Corrientes agotaron localidades en tiempo récord, un fenómeno que se replica en los teatros del interior del país.
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El público del teatro es heterogéneo, pero sólo en la superficie. Más allá de la edad, el nivel educativo o la condición social, a todos los atraviesa un mismo factor: la condición humana. El miedo, la duda y la fatalidad son el verdadero común denominador.
En la oscuridad del teatro, descubrimos que quienes están sentados a nuestro lado cargan con la misma fragilidad y transitan los mismos duelos. En ese espacio cerrado se respira la necesidad colectiva de encontrar respuestas y de creer.
Noelia describe su don como una especie de línea wifi con el más allá y en muchas ocasiones ofrece pruebas muy convincentes de que esa conexión existe. Pero como ese proceso es interno entre ella y las entidades nadie lo puede verificar.
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Lo que sí es tangible es el entorno: más allá de la enorme capacidad de la médium para moverse en el escenario y leer a quienes tiene enfrente, del lado del público se genera una predisposición emocional tan grande que, muchas veces, son los propios espectadores quienes fuerzan los mensajes para que encajen en su biografía.
Cuando el dolor habla, los guiones se repiten. La culpa por las palabras no dichas, el peso de una despedida inconclusa y el deseo íntimo de una última oportunidad son, sencillamente, fracturas universales que nos igualan.