Contacto

Volver a la portada
Provinciales
Concordia 1021 Digital 26/05/2026 18:02 11 min de lectura

Suizos se pronuncian sobre una iniciativa xenofóbica. Todo vale para demonizar al extranjero

Suizos se pronuncian sobre una iniciativa xenofóbica. Todo vale para demonizar al extranjero
Foto: Concordia 1021 Digital

Los vientos antinmigración que soplan con fuerza en Europa también

azotan a Suiza. El próximo 14 de junio sus ciudadanos deberán

pronunciarse sobre una iniciativa legislativa para controlar el número

de extranjeros residentes.

Sergio Ferrari

Journaliste RP/periodista RP

En caso de aprobarse, esta ley provocaría un sismo político tanto a

nivel nacional como en sus futuras relaciones con el resto del

continente del cual depende. Si se rechazara en las urnas, la

ultraderecha europea perdería una batalla de importancia simbólica. De

una u otra manera, el resultado de esta votación podrá leerse en clave

de continente europeo.

Propuesta de la ultraderecha helvética

¡No a una Suiza de 10 millones!, un proyecto bautizado como

Iniciativa de Sostenibilidad, apunta a establecer este techo

poblacional máximo de aquí al año 2050. Promovido por el Partido

Popular Suizo (PPS), también denominado Unión Democrática de Centro

(UDC, por sus siglas en francés), es el partido de más peso a nivel

electoral de Suiza, con el 30% del electorado, y con un programa

euroescéptico, soberanista y de derecha que lo acerca estrechamente a

las fuerzas políticas más reaccionarias del continente.

Si antes del año 2050 la población suiza -que actualmente es de 9.1

millones de personas- superara el umbral de los 9.5 millones, esta

nueva ley autorizaría al Ejecutivo y el Parlamento para que adopten

las medidas necesarias a fin de frenar el crecimiento, comenzando con

la restricción de nuevos ingresos por asilo y reunificación familiar.

Si nada de esto fuera suficiente, en una segunda fase Suiza debería

renegociar los acuerdos internacionales que facilitan la inmigración

regular. Y si esto tampoco alcanzara y se superaran los 10 millones,

debería rescindir su actual acuerdo con la Unión Europea (UE) sobre la

libre circulación de personas. De llegarse a este punto, Suiza estaría

comprometiendo su participación en los convenios migratorios de

Schengen y Dublín y, por consiguiente, la estrecha colaboración en

materia de asilo y seguridad de que goza en el presente.

Por efecto dominó, si estos convenios cayeran, los demás tratados

bilaterales de cooperación Suiza-Unión Europea también podrían quedar

sin efecto. El resultado sería una suerte de Brexit a la helvética

(Britain-exit, o salida británica), lo cual reactualizaría el

escenario vivido por la escisión de Gran Bretaña de la Unión Europea

en junio de 2016.

La diferencia con dicha fractura es que, hasta esa fecha, los

británicos eran miembros de la UE, en tanto que Suiza nunca se integró

formalmente a la misma. Su relación con este bloque continental

consiste más bien en un tramado de tratados bilaterales, comenzando

con los económicos. La UE es su principal socio comercial y también en

todo lo que hace a intercambios científico-culturales, defensa,

control del espacio aéreo, colaboración policial y militar, aduanas y

migración, por citar solo algunas áreas de incidencia. Sin estas

relaciones, Suiza se transformaría en una isla continental amurallada

de difícil acceso y, por lo tanto, profundamente debilitada.

En dicho escenario sería obligatorio, por ejemplo, tramitar visas para

transitar de Suiza hacia Alemania, Austria, Francia e Italia, y

viceversa. Casi inimaginable en un país de apenas 41 mil kilómetros

cuadrados, más pequeño que la Comunidad de Aragón, en España, y cuatro

veces menor que Uruguay, en América del Sur, y con casi 2 mil

kilómetros de fronteras comunes con sus vecinos europeos. Su capital,

Berna, se encuentra a 80 kilómetros en línea recta de su frontera más

cercana con Francia, a 150 de la italiana más próxima y apenas a 100

de la alemana, lo cual habla elocuentemente de la estrecha

interdependencia suiza-europea.

En contra de esta iniciativa se han expresado el ejecutivo y el

parlamento helvéticos, así como los principales partidos, desde los

socialistas y los verdes hasta los radicales-liberales (derecha

empresarial pro-europea) y el autodenominado Centro, de origen

democratacristiano. También se oponen todos los sindicatos y las

organizaciones patronales.

Impactos negativos

En su edición del 15 de mayo, el cotidiano liberal suizo Neue Zürcher

Zeitung publicó un análisis muy afinado del impacto concreto que

tendría la aprobación de esta propuesta legislativa.

Dado que la mayoría de los inmigrantes están en edad laboral,

argumenta, la iniciativa dejaría huellas inmediatas en el mercado del

trabajo. ¿La razón? A más tardar en 2050, el número de asalariados

sería menor. Sin iniciativa, se puede calcular para entonces 5

millones de trabajadores; con iniciativa, probablemente entre 200 mil

y 300 mil menos. El análisis concluye que El número de trabajadores

se estancaría, mientras que el número de jubilados aumentaría

considerablemente, afectando sensiblemente todo el sistema de

pensiones del país, que verían perder preciosos recursos.

En principio, los cálculos son simples, subraya Neue Zürcher Zeitung.

Si se aprueba la Iniciativa de Sostenibilidad, entrará en vigor de

inmediato un límite poblacional más alto que el actual. Para cumplir

con el objetivo propuesto para el año 2050, la inmigración promedio

por año tendría que disminuir de 67 mil a 37 mil personas (diferencia

entre los inmigrantes que llegan y los que se van). Pero esto

produciría un caos, como lo ha denunciado la progresista Unión

Sindical Suiza, principal confederación de trabajadores del país, ya

que acarrearía un impacto catastrófico en sectores muy sensibles, como

el de la salud y el de asistencia a personas de edad.

Argumentos antieuropeos

El Partido Popular Suizo (PPS) sostiene que el aumento descontrolado

de la inmigración en los últimos años ha provocado una situación de

estrés por densidad. Con argumentos tan simplistas como

reduccionistas, algunos reales otros inventados, el PPS habla con

alarma de trenes y carreteras llenas, un mercado inmobiliario

sumamente tensionado, incremento de la criminalidad, altos costos

sociales ligados al creciente número de solicitantes de asilo y de

trabajadores extranjeros, entre muchos otros. En términos prácticos,

esta concepción pretende pasar por alto el dilema de un país donde la

mano de obra local ya no alcanza para proveer todos los servicios que

hacen falta, de allí la necesidad de abrir las puertas al inmigrante.

Mano de obra local insuficiente

Los inmigrantes juegan un papel clave en el mercado laboral suizo:

construyen carreteras y edificios, están muy presentes en los

servicios de gastronomía, atienden pacientes en los hospitales, son

mano de obra imprescindible en hogares de ancianos y residenciales y

apuntalan el sector informático, por citar solo algunos sectores

demandantes.

Un análisis publicado recientemente en la revista Panorama Suizo,

constata que a fines de 2025 trabajaban en Suiza aproximadamente 1.9

millones de extranjeros calificados, aproximadamente el 35 % de los

asalariados del país, cuando apenas 20 años atrás este porcentaje era

de tan solo el 25 %. Este aumento ocurre en momentos en que continúa

disminuyendo la población activa nacional porque la generación de los

baby boomers (es decir, los nacidos entre 1946 y 1964) ya se ha

jubilado o está a punto de hacerlo. Por otra parte, no hay suficiente

relevo generacional debido a la baja tasa de natalidad.

El 80 % de la mano de obra extranjera proviene de países de la UE y el

Espacio Económico Europeo (EEE), que Suiza integra juntamente con

Noruega, Islandia y Liechtenstein. Cerca de 1 millón de trabajadores

ha llegado a Suiza desde que se puso en marcha el acuerdo de libre

circulación de personas en 2002 lo que posibilitó que las empresas

suizas accedan libremente al mercado laboral europeo.

Este mismo análisis señala que también la demanda de personal

calificado permanece alta en el sector de la salud en pleno auge, como

lo evidencia la creación de 188 mil nuevos empleos entre 2010 y 2020.

Alrededor de un tercio de estos empleos fue cubierto por trabajadores

de países de la UE y el EEE. En las regiones suizas del Tesino y del

lago de Ginebra, la proporción de profesionales extranjeros es,

significativamente, más elevada. Numerosos trabajadores cruzan cada

día la frontera desde Italia y Francia para trabajar en los centros de

salud locales.

Por otra parte, más del 40 % de los médicos que hoy ejercen en Suiza

proceden del extranjero (la mitad, de Alemania). Para reducir esta

dependencia, la Confederación Helvética y sus cantones aumentaron en

los últimos años el número de plazas en sus facultades de medicina.

Sin embargo, estos esfuerzos solo alcanzan para cubrir parte de la

demanda, como lo revelan los datos de 2024: mientras que unos 1.400

futuros médicos obtuvieron su diploma federal, ese mismo año se

revalidaron más de 3.200 títulos extranjeros. Sin estos profesionales

extranjeros, la atención médica primaria y especializada viviría una

marcada penuria.

En el sector de la enfermería, los profesionales suizos tampoco logran

cubrir todas las vacantes. Desde la pandemia de COVID 19, que les

impuso a los hospitales y al personal médico enormes presiones, la

escasez de personal calificado se ha agravado. Se estima que, de aquí

al año 2030, harán falta unos 30.500 profesionales de enfermería y

cuidado de la salud en hospitales y residencias de ancianos, así como

para la atención domiciliaria con personas dependientes

(https://www.swisscommunity.org/es/news-medios/panorama-suizo/articulo/una-suiza-de-diez-millones-de-habitantes-poco-funcionaria-sin-la-mano-de-obra-extranjera).

Costos elevados, muy poco alivio

Aun cuando esta potencial restricción inmigratoria podría aportar

cierto alivio, sobre todo en el mercado inmobiliario, la

infraestructura y el medio ambiente, casi seguramente podría acarrear

consecuencias negativas para la economía y las relaciones bilaterales

de Suiza con la UE. Tal es la principal conclusión de un estudio

externo comisionado por la Secretaría de Estado de Migración y

publicado la segunda semana de mayo.

Todo indica que los beneficios concretos de esta iniciativa, de

concretarse, podrían ser considerablemente menores que el costo que la

misma podría acarrear, especialmente en términos de recaudación

fiscal. En efecto, los ingresos fiscales disminuirían drásticamente

debido a los problemas estructurales derivados del envejecimiento de

la población y la escasez de mano de obra calificada. Y el Sistema de

Seguro de Vejez y Supervivencia (beneficios de jubilación y pensiones)

se deterioraría gradualmente, con déficits anuales cada vez más

abultados. (https://www.admin.ch/fr/newnsb/zG4kVnPQnZpTTLeN2fUYe).

El cotidiano bernés Der Bund retoma este estudio y señala que, de

aplicarse la reducción poblacional propuesta, hacia el año 2075

estarían faltando casi 6 mil millones de francos suizos (más de 7 mil

millones de dólares) en las cajas del Estado debido a una severa

reducción de aportes jubilatorios. Por su parte, los principales

sindicatos argumentan que esa situación obligaría a aumentos

significativos de impuestos.

Para su aprobación, la iniciativa del 14 de junio necesita el apoyo

mayoritario del electorado del país (el 50% más uno), así como la

aprobación en la mitad de sus 26 cantones. Y a tres semanas de las

urnas, las encuestas hablan de una paridad en la intención de voto.

Los promotores de extrema derecha han recurrido a argumentos

populistas. Por ejemplo, hablan de sostenibilidad, lo cual les

permite integrar a su retórica conceptos propios del vocabulario

ecologista o social demócrata con el propósito de encubrir, aunque sin

lograrlo totalmente, la radicalidad xenofóbica de sus postulados

fundamentales. Desde la izquierda advierten que si se aceptara la

iniciativa se rompería con Europa favoreciendo así la política de

debilitamiento de Europa que desde su asunción promueve el presidente

norteamericano Donald Trump.

Sin duda, la repercusión continental que podría tener un voto a favor

sería significativa. Aunque con diferencias minúsculas de matices, la

extrema derecha suiza pregona las mismas banderas que enarbolan, entre

otros, Vox, en España; la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, en

Francia, o los partidos de extrema derecha en Italia, Alemania, Gran

Bretaña y Hungría, entre otras naciones. Es decir: nacionalismo

exacerbado; resistencia a cualquier cambio social; manipulación del

miedo social en situaciones de inestabilidad, como la actual, y

rechazo del multiculturalismo, la diversidad y el propio armado

institucional de la Unión Europea. Todo esto, sintetizado en una

premisa consensual única: la de responsabilizar al otro, el

extranjero, por todos los males de la propia sociedad. Un postulado

tan simplista como peligroso que viene ampliando a pasos agigantados

el capital electoral de la ultraderecha xenofóbica europea.

Concordia 1021 Digital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por Concordia 1021 Digital y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026