Contacto

Volver a la portada
Provinciales
Infobae 26/05/2026 10:18 8 min de lectura

El misterio de la mujer que se preparó un té y murió mirando televisión: su cuerpo fue hallado intacto más de 40 años después

Hedviga Golik trabajó como enfermera en Zagreb y vivió con discreción como testigo de Jehová. Su muerte no tuvo testigos y nadie reclamó sus restos tras el hallazgo

El misterio de la mujer que se preparó un té y murió mirando televisión: su cuerpo fue hallado intacto más de 40 años después
Foto: Infobae

La taza de té estaba sobre la mesa. Llevaba allí décadas. El líquido se había evaporado mucho antes de que alguien se molestara en abrir la puerta. Las telarañas cubrían cada rincón. Una capa de polvo sellaba los muebles como barniz. El televisor en blanco y negro permanecía apagado y mudo frente al sillón. Y en ese sillón, envuelta en mantas, con la taza a su lado, yacía Hedviga Golik, momificada, perfectamente conservada, exactamente donde había caído en algún momento de 1966. Nadie la había buscado allí. Nadie había llamado a su puerta en cuarenta y dos años.

Fiume, 1924: el origen de una mujer que el mundo olvidaría

Hedviga Golik nació en 1924 en Rijeka, ciudad costera del Adriático que en ese momento no era yugoslava ni croata sino italiana, y llevaba el nombre de Fiume. Era una ciudad de fronteras disputadas.

PUBLICIDAD

No hay registros de su infancia. No hay fotos de sus padres, ni nombres de hermanos varones, ni anécdotas de la escuela. Lo que se sabe es que, de adulta se formó como enfermera. En la Yugoslavia de posguerra, ser enfermera era una función dentro de un sistema que el Estado socialista había construido con la idea de que la salud era un bien colectivo.

Los centros de salud comunitarios proliferaron en Zagreb durante los años 50, y fue en uno de ellos, el Centro de Salud de Tresnjevka, donde Hedviga trabajó durante años.

PUBLICIDAD

También tenía un novio. Era el conserje de un edificio en la calle Medvescak, en el barrio de Gornji Grad, en el corazón de Zagreb. Ambos eran testigos de Jehová, lo que en un Estado oficialmente ateo los colocaba en una posición de discreción obligada. Cuando la relación terminó, por razones que nadie documentó, el departamento quedó en manos de Hedviga. Se mudó allí en 1961. Tenía 37 años.

El ático de 18 metros cuadrados

El departamento de la calle Medvescak 77 era una unidad de 18 metros cuadrados en el cuarto piso de un edificio de cuatro plantas. Separado del resto de las unidades por una entrada independiente a la que se accedía por una escalera propia, sin conexión con el pasillo común del edificio. Era un espacio apenas más grande que el garage de un auto, con techo inclinado y ventanas que daban a la calle.

PUBLICIDAD

Hedviga no tenía familia cercana en Zagreb. Su hermana, maestra en la misma ciudad, había roto el contacto con ella. No había más parientes conocidos. Los vecinos del edificio la conocían de vista, pero apenas. La recordaban gritando en ocasiones sin causa aparente, o corriendo por la calle Medvescak. El término que circulaba entre los residentes era esquizofrénica.

Una de sus vecinas, Katica Caric, relató años después a medios croatas que Hedviga rara vez bajaba a hacer sus propias compras. En cambio, bajaba desde su ventana una bolsa con dinero y una nota escrita a mano con lo que necesitaba. Caric dejaba los productos en un cubo, que Hedviga subía con una cuerda desde el ático.

PUBLICIDAD

Para mediados de los años 60, entre los vecinos del edificio circulaba la idea de que Hedviga planeaba irse. Algunos decían que pensaba unirse a una secta religiosa en Macedonia. Otros, que se mudaría a Belgrado. Ella misma, antes de desaparecer, les dijo que se ausentaría por un tiempo indefinido. Y eso fue todo.

El rumor que la borró del mapa

En algún momento de 1966, Hedviga Golik preparó una taza de té, se acomodó en su sillón frente al televisor en blanco y negro, y murió. Tenía 42 años. El corazón simplemente dejó de latir. No hubo testigos. No hubo gritos. No hubo nada que alertara a nadie en el edificio de cuatro plantas donde vivían otras familias, donde los niños corrían por las escaleras y los adultos se cruzaban en la entrada.

PUBLICIDAD

Los días se acumularon. Las semanas se convirtieron en meses. Los meses en años. La ausencia de una mujer solitaria y rara no generó alarma entre sus vecinos.

En 1973, siete años después de la última vez que alguien la vio, un vecino finalmente reportó su desaparición a la policía. Se realizó una búsqueda informal en toda Yugoslavia. No se encontró nada. Nadie revisó el departamento porque todos asumían que estaba vacío. Después de todo, ella había dicho que se iba. El expediente policial quedó abierto. Y archivado.

PUBLICIDAD

En el ático de Medvescak 77, el tiempo se había detenido en una noche de invierno de 1966.

La hipoteca, la nota falsa y diez años más de silencio

Para 1981, quince años después de la desaparición de Hedviga, los vecinos del edificio sospechaban que podría estar muerta. Ese año, los residentes pagaron colectivamente la hipoteca del departamento. No buscaban a Hedviga. Buscaban reclamar su propiedad. Cada uno creía tener derecho a al menos un metro cuadrado del espacio por haber contribuido a los gastos del edificio.

PUBLICIDAD

El edificio siguió funcionando. Los vecinos subieron y bajaron las escaleras. Nacieron hijos. Murieron ancianos. En 1991, Croacia declaró su independencia de Yugoslavia tras una guerra que dejó decenas de miles de muertos. El mundo se reorganizó. Y la puerta del ático de Medvescak 77 permaneció cerrada.

En 1998, treinta y dos años después de la desaparición de Hedviga, apareció una nota manuscrita pegada en su puerta. El texto decía: Según la Ley de Herencia de Inquilinos, H. Golik fue declarada sin derecho de propiedad. Hasta la resolución de los derechos de propiedad, los inquilinos no pueden disponer del departamento y cualquier intento de hacerlo constituye un delito penal. Estaba firmada como Ciudad de Zagreb, Comisión del Censo.

PUBLICIDAD

Las autoridades negaron haber emitido ese documento. Lo había escrito un vecino anónimo para impedir que los demás reclamaran el espacio antes que él.

Mientras tanto, la luz del departamento seguía encendida. Las facturas de electricidad las pagaba, mes a mes, el arquitecto original del edificio, quien había continuado haciéndolo incluso después de mudarse. Cuando ese hombre murió, a principios de 2008, los pagos se interrumpieron. Fue entonces cuando los vecinos decidieron que era el momento de actuar.

Lo que encontraron al abrir la puerta

Tres representantes de los inquilinos forzaron la puerta del ático de Medvescak 77 a mediados de mayo de 2008. Lo que encontraron al otro lado los detuvo en seco.

El departamento lucía exactamente igual que décadas atrás. Los muebles de los años 60, intactos. El televisor en blanco y negro, apagado, con la pantalla cubierta por una película de polvo. Los adornos en su lugar, como si alguien los hubiera acomodado esa mañana y nunca hubiera regresado. Las telarañas llenaban los rincones, tendidas entre las patas de las sillas y los marcos de las ventanas. Y sobre la mesa, la taza de té.

Su cuerpo había pasado por un proceso de momificación natural. Se trata de un fenómeno que ocurre cuando las condiciones ambientales son las adecuadas. El ático, al estar aislado del resto del edificio, se había mantenido frío y seco durante los meses de invierno, lo que inhibió la descomposición habitual y permitió que los tejidos se deshidrataran y conservaran en lugar de pudrirse.

Las ventanas del departamento, que estaban abiertas, contribuyeron a la ventilación constante. Esto también explica por qué el olor, que normalmente delata la presencia de un cadáver durante los primeros meses, fue mínimo o inexistente una vez completado el proceso.

El Instituto de Medicina Forense de Zagreb realizó la autopsia. No lograron determinar la causa exacta de la muerte ni la fecha precisa del deceso. Basándose en los testimonios de los vecinos y en el expediente policial de 1973, estimaron que Hedviga murió en algún momento entre 1966 y 1973. La hipótesis más extendida fue que la mujer murió de causas naturales mientras tomaba té frente al televisor, durante una noche de invierno, sin que nadie en el edificio lo notara entonces ni en los cuarenta y dos años siguientes.

El cuerpo de Hedviga fue sepultado al día siguiente del hallazgo. Ningún familiar reclamó sus restos. No hubo servicio conmemorativo.

Hedviga Golik tenía 42 años cuando murió. Había nacido en una ciudad que cambió de país sin moverse. Fiume pasó a ser Rijeka, Italia pasó a ser Yugoslavia, y décadas después Yugoslavia dejó de existir.

Cuando los tres representantes de los inquilinos forzaron su puerta en mayo de 2008, entraron a una cápsula del tiempo. Los muebles que habían sido nuevos cuando los Beatles grababan Revolver, el televisor que había transmitido las noticias de la guerra de Vietnam y los adornos que nadie había movido. Y la taza de té sobre la mesa.

Ella la había preparado con la intención de beberla. Calentar el agua, servir el té, acomodarse en el sillón y encender el televisor. Y que el corazón simplemente deje de latir en medio de esa rutina.

Vivió sola, en un ático al que se accedía por una escalera separada. Murió sola, frente a un televisor que nadie apagó. Y fue enterrada sola, sin que ningún familiar reclamara sus restos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Infobae Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por Infobae y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026