En La Paz, se termina la paciencia de millones de bolivianos
| Apenas horas después de que el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, volviera a llamar al diálogo para...
Apenas horas después de que el presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, volviera a llamar al diálogo para bajar la tensión social, una nueva marcha de manifestantes llegó al centro de La Paz y fue dispersada con gases lacrimógenos, en otra violenta jornada de protestas que ya lleva 25 días y mantiene acorralado al gobierno y a la población de varias ciudades.
En esta nueva movilización, sectores campesinos y sindicales marcharon desde la vecina ciudad de El Alto hacia el corazón político de La Paz, desafiando el gigantesco cordón policial que intentaba impedir el paso, con una consigna central: exigir la renuncia del presidente de centro Rodrigo Paz.
Al inicio, la columna avanzaba en relativa calma. Sin embargo, mientras gran parte del país reclama al gobierno una salida negociada a la crisis, las calles que rodean la histórica Plaza Murillo y la sede del Gobierno volvieron a convertirse en un escenario de guerra urbana, repitiendo escenas de la semana pasada.
Escalada de violencia en el centro histórico
Según se describió desde el lugar, los manifestantes detonaron petardos y cargas de dinamita, mientras que un gigantesco contingente policial respondió con gases lacrimógenos. La confrontación se extendió a lo largo de varias cuadras alrededor de la Casa Grande del Pueblo, la sede del Poder Ejecutivo boliviano.
Poco antes del choque, la policía había cortado el tránsito en un amplio perímetro desde la Avenida 16 de Julio, conocida como El Prado, y cientos de personas se alejaban de la zona, en una escena casi calcada de las que se viven desde el lunes pasado, cuando la violencia se desmadró y encendió alarmas no sólo en Bolivia sino también a nivel regional.
Centro vallado y fuerte despliegue de seguridad
Los enfrentamientos, como el viernes pasado en el mismo lugar, se prolongaron por poco más de una hora. Tras las corridas y las detonaciones que se escuchaban a varias cuadras de distancia, el centro de la ciudad volvió a vaciarse lentamente.
Pese a la aparente calma posterior, en todas las avenidas se mantiene una fuerte presencia policial. En las cuadras del centro histórico, donde se ubican la sede del gobierno y la Asamblea Legislativa, el acceso es imposible: toda la zona permanece vallada y con un robusto cordón de seguridad desde hace más de una semana, reflejando la profundidad de la crisis política y social que atraviesa el país andino.