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Provinciales
AIM Digital 24/05/2026 10:33 2 min de lectura

Vida y muerte de los imperios

Vida y muerte de los imperios
Foto: AIM Digital

John Glubb sería apenas el creador de la legión árabe en Jordania si una vez retirado de la vida militar no hubiera publicado un texto fundamental: "El destino de los imperios", que le procuró tanto rechazo como aceptación por el trato a británicos y estadounidenses.

"El destino de los imperios y la búsqueda de la supervivencia" es un libro breve que contiene una tesis que se volvió familiar junto con la del historiador Arnold Toynbee sobre el mismo tema.

Las hipótesis que en su momento parecieron disruptivas y molestaron sensibilidades delicadas se vuelven aceptables, incluso recomendables, cuando pasan de la periferia al centro.

El que había sido un ingeniero militar y organizador se transformó tras retirarse del ejército en un erudito que expuso la evolución de los imperios, desde el asirio hasta el estadounidense.

Según Glubb los imperios duran más o menos 10 generaciones, unos 250 años, y pasan todos por seis fases que expuso metódicamente.

Las fases comienzan con la conquista, siguen con el comercio, la abundancia, la intelectualidad, la decadencia y por fin la caída.

De la conquista a la caída la evolución sigue las seis fases independientemente del sistema político: despotismo, monarquía, república o democracia. Y es la misma para cualquier nivel tecnológico, desde la rueda hasta la inteligencia artificial.

Glubb consigna no obstante una singularidad: todos los imperios nacen esencialmente de la misma manera y todos mueren, pero no de la misma manera, porque para morir siguen caminos que pueden diferir mucho.

Las similitudes de la evolución y de la duración de imperios de épocas diferentes parece resultado de la conducta humana, de una determinación de especie, de naturaleza, y no de las diferencias tecnológicas, que pueden ser muy grandes.

Desde que Gibbon publicó contemporáneamente con la revolución francesa su "Historia de la decadencia y ruina del imperio romano", la cuestión de qué provoca que una gran arquitectura política se derrumbe ha hecho correr mucha tinta y ocupado muchas inteligencias.

Gibbon termina su obra monumental con "he descripto el triunfo de la barbarie y de la religión", con que quiere señalar en una frase a los causantes de la decadencia imperial romana: las tribus germánicas de una parte y el cristianismo de otra.

Glubb apunta en otra dirección: la naturaleza humana es tal que lleva a los beneficiarios de los imperios a disfrutar de demasiado dinero y demasiado poder durante demasiado tiempo con fantasías de eternidad.

El resultado es una población holgazana y cínica, que no hace ningún esfuerzo por sobrevivir a pesar de ver el peligro, porque no cree que en el derrumbe haya nada que valga la pena salvar.a indagatoria.

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