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TN 24/05/2026 05:49 5 min de lectura

El sueño del cambio de timonel sin alterar el rumbo

Las sucesivas e intensas crisis palaciegas que sufre el aparato de poder libertario entusiasman a los sectores opositores.

El sueño del cambio de timonel sin alterar el rumbo
Foto: TN

El fenómeno lo venimos describiendo desde hace varias semanas.

La crisis alrededor de Manuel Adorni suma una nueva capa al desgaste del gobierno y golpea sobre el activo central de La Libertad Avanza: la figura personal de Javier Milei.

El oficialismo conserva la agenda en las redes sociales, pero empieza a pagar más caro el costo de su centralidad.

En este clima de tensión política en aumento, con reactivación periódica de escándalos internos varios, la crisis libertaria incentiva una pregunta incómoda en los círculos de poder argentinos: ¿puede existir un mileísmo sin Milei?

La idea parece contradictoria, casi un oxímoron político.

El Presidente no es sólo el líder de La Libertad Avanza, sino también su marca, su método, su tono, su identidad emocional y su principal dispositivo de diferenciación frente al resto del sistema político.

La crisis golpea en un lugar especialmente delicado para el oficialismo: la promesa de superioridad moral libertaria.

La Libertad Avanza no sólo ganó poder con un programa económico, sino también por una impugnación ética del sistema.

Su relato se apoyó sobre la idea de que los libertarios venían a barrer con la casta, los privilegios, la opacidad patrimonial y las viejas prácticas de la política.

Pero cuando se encadenan el caso $LIBRA, las denuncias sobre presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad y las desventuras personales y patrimoniales de Adorni, el problema excede la suerte judicial de cada expediente.

El daño cae sobre la narración fundacional del aparato de poder libertario, expresada en el terreno que vio nacer al proyecto político que encabeza Javier Milei: las redes sociales.

Un liderazgo incómodo

El presidente conserva la centralidad de la conversación política, pero ese rasgo ya no funciona sólo como potencia: también empieza a funcionar como superficie de impacto.

Según el análisis de Monitor Digital, el Presidente sigue muy por encima del resto de los dirigentes en volumen de menciones.

Milei reúne 32.964.000 menciones durante el último año, más del triple que Cristina Kirchner, que suma 10.255.600.

La Libertad Avanza también conserva el centro del sistema digital: concentra 65,8% de las menciones políticas, contra 28,3% del peronismo-kirchnerismo y apenas 5,9% del PRO.

El dato confirma que el oficialismo todavía ordena la escena digital argentina, pero también muestra una paradoja: dominar la agenda no equivale a controlar el sentido de esa agenda.

Milei sigue liderando la conversación digital, pero empieza a pagar más caro el precio de ese liderazgo.

Una crisis oficialista, ¿una oportunidad opositora?

Al analizar el sentimiento de conversación en redes sociales sobre los principales dirigentes argentinos, Mauricio Macri y Patricia Bullrich aparecen relativamente mejor ubicados en términos reputacionales.

Según Monitor Digital, Macri registra -69 puntos NSR y Bullrich -71, mientras Milei queda en -76.

Esta ventaja relativa los deja menos castigados que el núcleo libertario y que las principales figuras del peronismo.

Sin embargo, una mejor reputación relativa no alcanza para construir liderazgo.

Macri conserva experiencia, estructura, vínculos de poder y capacidad de interlocución con sectores que nunca terminaron de confiar plenamente en el experimento libertario.

Pero también carga con su propio pasado, con el recuerdo social de su gestión y con una dificultad evidente para volver a encarnar futuro.

Bullrich expresa mejor que nadie el puente entre el PRO duro y La Libertad Avanza.

Tiene volumen político, un discurso muy potente sobre el orden de las calles y afinidad con una parte importante del electorado libertario.

Pero su integración al Gobierno también la vuelve parte del costo oficialista.

En ese sentido, la actual senadora se ubica relativamente mejor, pero no queda afuera del incendio oficialista.

Manuel Adorni, en cambio, crece en menciones como síntoma de crisis. Su salto digital no expresa fortaleza, sino exposición pública.

La figura del jefe de Gabinete condensa una tensión muy delicada para el Gobierno: cuando un funcionario de máxima confianza queda bajo sospecha pública, el daño ya no se administra como un problema individual.

En el contexto del escándalo que envuelve a Adorni complementado con episodios anteriores rodeados de sospechas varias, el oficialismo puede intentar separar responsabilidades.

Pero la conversación digital suele hacer lo contrario: conecta nombres, arma escenas, produce asociaciones y convierte casos aislados en un clima político en formato de combo.

Por su parte, el peronismo-kirchnerismo no consigue capitalizar de manera suficiente el deterioro libertario en la conversación pública-digital:

- Cristina Kirchner conserva volumen de conversación, pero arrastra una valoración negativa persistente.

- Axel Kicillof sostiene una buena presencia digital y mejora en algunos indicadores de comunidad, pero no convierte ese desempeño en una ola nacional capaz de absorber el malestar contra el Gobierno.

Un debate, entre el deseo y el futuro posible

La conversación digital de los argentinos sobre los avatares de la política del país sugiere, por ahora, que el enojo con Milei no se transforma automáticamente en adhesión opositora.

Es decir, la crisis libertaria erosiona al oficialismo, pero todavía no organiza una alternativa emocionalmente atractiva para el ecosistema digital.

Por eso, el mileísmo sin Milei aparece más como síntoma que como solución. Es el reflejo de una incomodidad creciente dentro del propio espacio de poder que acompañó, toleró o impulsó el experimento libertario.

Ese sector no quiere necesariamente volver al pasado; tampoco parece dispuesto, por ahora, a entregar el poder a manos opositoras.

El denominado círculo rojo busca una opción reformista por derecha, dura, promercado, antikirchnerista y menos imprevisible.

Pero el problema es que esa fórmula todavía no tiene rostro. La cara más visible aun siendo el más cuestionado sigue siendo la de Javier Milei.

Leé también: El horno digital no está para bollos libertarios

Como señalábamos, esta anhelada continuidad de rumbo con nuevo timonel todavía no existe como liderazgo, pero se coló durante las últimas semanas como eje de una conversación en ciernes.

Un terreno de especulaciones en el que caminan figuras como Mauricio Macri y Patricia Bullrich, dos viejos dirigentes argentinos con ganas de convertirse en la novedad dentro de un escenario de ausencia de alternativas nuevas de cara a 2027.

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