Es chef y sommelier y convirtió una antigua casona de 1930 de Belgrano R en un restaurante con calor de hogar: "Estaba bastante dejada y nuestra misión fue levantarlara"
Después de ocho años en cocinas de Europa, Belén Zanchetti volvió a Buenos Aires y abrió un espacio donde las brasas y los vinos naturales marcan el pulso.
Después de ocho años entre cocinas de París, Londres y Barcelona, la cocinera y sommelier Belén Zanchetti volvió a Buenos Aires con una idea clara: abrir su propio restaurante. Y lo que encontró fue mucho más que un local.
En una casona inglesa de 1930, escondida en una esquina tranquila de Belgrano R, nació Casa Beza, un proyecto que combina cocina a las brasas, vinos naturales y una impronta profundamente personal.
Es el sueño de cualquier gastronómico, de toda la vida, resumió Zanchetti en diálogo con TN sobre lo que la motivó a tener un espacio propio, cuyo nombre es además un acrónimo del suyo.
La idea de qué tenía que ser Casa Beza (Av. Olazábal 3301) se fue transformando con el tiempo y con la experiencia. Porque si algo moldeó su cocina fue su recorrido: arrancó a estudiar gastronomía a los 17 años y muy pronto se fue a Europa, donde trabajó en algunas de las ciudades con mayor cultura culinaria del continente.
Estuve estudiando en el País Vasco, después trabajé en París y en Londres como cocinera, recordó. Y aunque durante años el fine dining fue su horizonte, con el tiempo su mirada cambió: Me aburrí de la comida con tanta vuelta; empecé a buscar comida de verdad, más casual.
Leé también: El chef de la TV que abrió un bodegón en Quilmes con menú y bebida a $12.500: Está explotado
Ese giro tuvo mucho que ver con lo que vio afuera. En Europa descubrió no solo otras cocinas, sino otra forma de entender el producto: pequeños productores, estacionalidad, identidad territorial.
Y también cambió su mirada sobre el vino. Durante la pandemia decidió hacer una pausa en el ritmo frenético de las cocinas la cocina te ocupa la vida y se instaló en Barcelona para estudiar sommelier.
Fue ahí donde apareció el vino natural, una categoría que hoy define buena parte del ADN de Beza y considera la forma más honesta de hacer vino.
El vino natural llegó a mí de forma intuitiva, antes de entender bien qué era, recordó sobre estos vinos sin ningún tipo de aditivos ni conservantes.
Leé también: Era abogado, fue elegido entre los mejores chefs del mundo y abrió un bistró al lado de la estación Retiro
Lo no industrial, lo hecho para reflejar el producto, la uva y el suelo, eso es lo que a mí me llama, declaró Belén, que también valoró la gran variedad de los vinos naturales, desde los más freaky, los más locos, hasta los vinazos de bodegas con mucho recorrido".
El flechazo con una casa bastante dejada
A fines de 2023, Belén volvió a Buenos Aires y pocos meses después encontró la casa que terminaría convirtiéndose en su restaurante. El flechazo fue inmediato.
Junto a su madre, Cecilia, y Raúl, su padrastro, emprendieron la tarea de recuperar la propiedad y adaptarla a su nueva vida gastronómica.
Era una casa bastante dejada, y nuestra misión fue levantarla y transformarla en restaurante, contó. Fue un desafío lindo: agarrar una casa y convertirla en un restaurante. A las casas hay que arreglarlas constantemente, con mucho amor, agregó.
El resultado conserva esa esencia doméstica: jardín delantero, patio con vegetación, salones que alguna vez fueron habitaciones y una planta alta con living y balcón aterrazado para eventos privados. Todo pensado para que la experiencia se sienta íntima y cálida. La idea es que se sienta como una casa, resumió.
En las paredes, hay plantas que cuelgan, cuadros y fotos que convierten a Beza en el living cálido de un amigo. Las botellas de vinos naturales, con sus etiquetas coloridas, son también parte integral de la decoración. De noche, Casa Beza se llena de velas y revela su lado más íntimo y romántico.
Leé también: Cuatro amigos restauraron un antigua casona de Floresta y ahora se destacan con su brunch de 10 pasos
Esa misma lógica atraviesa la cocina. La propuesta empezó como un bar de vinos con tapeo, inspirada en su último trabajo en Barcelona, pero el barrio y los clientes fueron moldeando la carta. El proyecto fue mutando. La idea inicial era más tapeo y vino natural, pero el público mismo te va llevando.
Platos simples y bien hechos
Hoy, la carta de Beza mantiene esa dualidad: pequeños platos para compartir como paté casero con chutney y focaccia, ricota cremosa con duraznos asados o hongos con huevo mollet y principales más contundentes, donde la parrilla gana protagonismo: trucha con babaganoush, churrasquito de cerdo con puré de limón y muhammara, tira de asado y pastas artesanales como sorrentinos de boniato con queso azul.
Para el final dulce se propone una clásica crema catalana y un trifle con helado de americana, frutos rojos y praliné.
La idea de Beza es hacer platos simples, pero bien hechos, explicó Zanchetti a TN. No hay mucha preparación ni mucha vuelta, pero tiene que estar sabroso, afirmó.
El vino, claro, ocupa un lugar central. La selección curada por la propia Belén privilegia etiquetas de pequeños productores con filosofías naturales, orgánicas y biodinámicas. Pero lejos de la solemnidad, su idea es acercar ese mundo sin dogmas.
No me gusta imponer. Buscamos introducir a la gente al vino natural de a poco, haciendo que se sientan cómodos, sostuvo.
En un barrio tradicional como Belgrano R, ese trabajo pedagógico fue parte del proceso. Al principio, incluso, no había carta de vinos: Belén iba mesa por mesa, escuchaba qué buscaba cada cliente y bajaba botellas para que eligieran.
Porque si algo aprendió en su recorrido es que la gastronomía, más allá de la técnica o la tendencia, se trata de generar encuentro. Yo lo veía como poner un proyecto relindo en el barrio, para darle luz y alegría, afirmó Belén.
Y esa, quizás, sea la mejor definición de Beza: una casa abierta donde conviven brasas, vino y una manera de cocinar que sintetiza años de búsquedas personales, una casa recuperada para volver a reunir gente alrededor de una mesa.