Ni la cuenta corriente ni el plazo fijo: dónde conviene poner la plata de una pyme para no perder contra la inflación
En un escenario de tasas en baja, tener la plata quieta dejó de ser prudente. Los instrumentos que el mercado ofrece para manejar ese capital de trabajo.
La mayoría de las pymes argentinas tienen entre el 30% y el 60% de su capital de trabajo estacionado en cuenta corriente o en un plazo fijo a 30 días. Es una herencia de décadas de inflación alta y mercados financieros poco desarrollados, donde la regla era simple: meter la plata en el banco y olvidarse. En 2026, esa regla es cara.
Los números lo dicen claro. La inflación de abril fue de 2,6% mensual, un nivel que anualizado supera el 36% y que ningún empresario pyme puede permitirse ignorar.
Un plazo fijo a 30 días en un banco privado rinde hoy alrededor de 19% nominal anual, lo que equivale a una tasa efectiva mensual cercana al 1,6%. La caución, una de las referencias del mercado de dinero, ya opera por debajo del 20% nominal anual. Traducido: la herramienta más usada por los empresarios pierde más de un punto por mes contra la inflación, antes de impuestos. Anualizado, son entre 10 y 12 puntos de pérdida real sobre todo el saldo invertido.
La buena noticia es que el menú de instrumentos para administrar la caja de una empresa se amplió mucho en los últimos años. La mala noticia es que muchos dueños de pyme y CFO siguen tomando decisiones con el mapa de hace una década.
Una forma simple de ordenar el problema es segmentar la caja en tres capas según el horizonte de uso.
La capa operativa es la plata que se va a usar en los próximos 7 a 15 días: pagos a proveedores, sueldos, impuestos. Acá manda la liquidez inmediata. Hoy la herramienta natural son los fondos comunes de inversión money market, que permiten suscribir y rescatar en el día, sin volatilidad y con rendimientos cercanos a tasa de referencia. Dejar esa plata en cuenta corriente es regalar entre uno y dos puntos por mes.
La capa táctica son los excedentes que se van a necesitar dentro de uno a 3 meses: aguinaldos, anticipos de impuestos, inversiones programadas. Acá el universo se abre: fondos T+1 con un escalón más de rendimiento, Lecaps de corto plazo que hoy ofrecen tasas atractivas a vencimientos cercanos, o instrumentos ajustados por inflaciónsi se prevé sostener la posición algunas semanas más. La clave es matchear el vencimiento del instrumento con la fecha en que la empresa necesita la plata.
La capa estratégica es el colchón patrimonial de la compañía: la reserva que no se va a tocar en 6 meses o más. Acá la conversación cambia por completo. Entran en juego la moneda dura como cobertura estructural (a través de instrumentos en dólares como bonos soberanos, obligaciones negociables corporativas o fondos en dólares), los activos ajustados por CER para preservar poder de compra en pesos, y la diversificación entre clases de activos para reducir riesgos específicos. Es la capa que más castigo recibe cuando se la gestiona con criterio bancario tradicional, y la que más valor agregado genera cuando se la profesionaliza.
A todo este esquema se suma una palanca tributaria que pocos empresarios están aprovechando: gestionar los cheques recibidos directamente a través de un Agente de Liquidación y Compensación (ALyC) en lugar de depositarlos en la cuenta bancaria de la empresa.
Como el impuesto a los débitos y créditos grava los movimientos en cuentas bancarias, derivar los cheques a una cuenta comitente permite evitar ese 1,2% de costo combinado sobre cada operación, manteniendo los fondos productivos desde el primer día. Sobre una pyme que mueve 100 millones de pesos al mes en cheques, son 1,2 millones de pesos mensuales que dejan de evaporarse en impuestos. Es una de las decisiones de gestión financiera con mayor retorno por unidad de complejidad operativa.
La pregunta de fondo no es qué instrumento es mejor. Es otra: ¿qué horizonte tiene cada peso de tu caja, y qué riesgo estás dispuesto a tomar para no perder contra la inflación? Esa decisión, que parece simple, define la rentabilidad financiera de la empresa durante todo el año.
La caja de una pyme no es un cajón. Es un activo. Y como todo activo, requiere una política de gestión escrita, revisada y ejecutada con criterio profesional. La diferencia entre hacerlo bien y dejarlo al piloto automático suele ser, sobre el ejercicio anual, varios puntos de margen neto. En contextos de tasas en baja, esa diferencia se vuelve más visible, no menos.