Un chino se asoció a un feedlot bonaerense y apunta a 100.000 cabezas - Informe Digital
New American World entró en Saladillo y prueba un modelo inusual: compartir el engorde desde el campo.
El productor Antonio Riccillo no viene de una familia ganadera. Su historia empezó lejos de las vacas, en una infancia de carencias y con la electrónica como única ventaja. Un equipo de telefonía inalámbrica le dio el capital para comprar sus primeras hectáreas y entrar al agro. Con ese impulso llegó hace 42 años al paraje El Mangrullo, entre Saladillo y General Alvear, donde armó un polo productivo que hoy lo conecta con un socio inesperado: desde hace dos meses, un empresario chino desembarcó en sus corrales de engorde para probar un esquema distinto al habitual y apuntar a una escala que sacude la zona: 100.000 animales por año.
En El Mangrullo, la diversificación no es una consigna sino una forma de sostener el negocio. Allí Riccillo montó un esquema que va mucho más allá de los vacunos: cría cerdos de manera intensiva con casi 5000 madres, maneja seis granjas avícolas y opera una planta de extrusado de soja. Su última apuesta fue la economía circular, con una planta de bioenergía que inyecta electricidad a la red nacional y ahora busca sumar biofertilizantes.
En cada una de las actividades tenemos varios socios, siguiendo un modelo productivo donde hacemos una inversión dedicada a la producción, explicó.
Esa gimnasia para armar sociedades y mover capitales abrió la puerta a New American World, la empresa que lidera Sun Wei. El vínculo con el inversor asiático no nació por recomendación de un frigorífico exportador, sino de una búsqueda compartida de negocio. Empezamos a trabajar explorando qué negocio hacer, contó Riccillo sobre los primeros contactos.
Riccillo todavía recuerda el día en que un empleado del campo miró con desconfianza las dos sandías que Wei llevaba bajo el brazo cuando llegó por primera vez al paraje. Para el empresario chino, llegar con un regalo era una señal de respeto imposible de saltear. Con el tiempo, ese vínculo se afianzó y logró sortear la barrera idiomática con ayuda de un traductor y de inteligencia artificial.
Lo que diferencia este acuerdo de la relación histórica con Asia es el nivel de involucramiento en la producción. Hasta ahora los chinos compran la vaca o la carne en el frigorífico, hacen la faena y se la llevan, detalló Riccillo para marcar el contraste. En este caso están compartiendo los riesgos de la crianza, del engorde, y ya es una parte de valor agregado más importante, no solamente por la inversión, sino por la mano de obra que se genera en el medio, agregó.
En la práctica, el inversor funciona como un cliente más del servicio de hotelería del feedlot. Wei compra la hacienda a nombre de su firma y la envía a los corrales de Saladillo. Allí, el equipo de Riccillo se encarga de sumar los kilos necesarios antes de que el propietario la mande a faenar al frigorífico que elija. Hace dos meses empezaron a probar el circuito con vacas para invernada y ya tienen cerca de 700 animales en los comederos, aunque el plan incluye sumar pronto novillos pesados.
La meta que pusieron sobre la mesa impacta. La idea que ha expresado es que quiere llegar, en un par de meses más, a tener 2000 animales y luego traer a algunos otros inversores de China. Ahí expresó una cosa muy ambiciosa: Queremos engordar 100.000 animales por año, dijo Riccillo. Para él, la cifra puede ser posible dentro de una proyección razonable.
Hoy, señaló el productor, el precio del ternero está explosivo. Cuando hacen números para explicarle el negocio local al inversor, la ecuación se complica. Hoy no le da, porque el dólar a este precio no le cierra a nadie, indicó.
A ese cuadro se suma el atraso cambiario frente a la inflación en pesos, que golpea a todas las unidades de negocio. Riccillo lo ejemplificó con la electricidad que genera a partir de residuos del feedlot: Hace dos años cobrábamos un dólar de 1500 y pico de pesos, hoy cobramos un dólar de menos de 1400 pesos. Y los sueldos, los servicios, todos los aumentos en dos años implican un montón. Percibo que ahí hay algo que no está funcionando bien y que supongo que se tendrá que acomodar en el corto plazo, porque si no la producción está complicada.
Para Riccillo, a la macroeconomía se le suman trabas burocráticas que le quitan rentabilidad al sector. Un caso que menciona es el de las menudencias, que no logran ingresar a China por falta de gestiones ágiles entre funcionarios argentinos y chinos, según interpretan en el sector. Además, hay cortes que los asiáticos estarían dispuestos a pagar 2000 dólares la tonelada y terminan malvendiéndose en África por 600 dólares. Son cosas que podrían apuntalar los valores o aportar rentabilidad al sector, no solamente del vacuno, sino de los cerdos, reclamó.
Para él, la urgencia económica del sector pasa por otro lado: atender la suba intempestiva de los costos y la falta de herramientas financieras que impulsen el negocio. Para retener vientres o ponerle kilos necesitamos algunas líneas que puedan ser aplicables a ello, con créditos o asistencia que nos permitan retener cabezas, subrayó.
El estancamiento del stock bovino es otro punto que señala. Mientras Brasil, amparado en políticas de Estado, multiplicó sus cabezas hasta quintuplicar el rodeo argentino, aquí la producción se mantuvo quieta. Yo no recuerdo nunca un plan ganadero, un plan de desarrollo del Estado, dijo.
Con una oferta de vaca vieja que empieza a escasear por la sobreventa de los últimos tiempos, el productor ve el futuro en los cortes premium, la cuota Hilton, la 481 o la exportación directa a nichos, como hace un cliente suyo que ubica carne en restaurantes de Perú a buen precio. Recordó que atrás quedó la época donde un ternero de 240 kilos no se cargaba por pesado. Hoy, llevar un animal a los 380 kilos dejó de ser un problema comercial. La Argentina tiene una marca impuesta: produce buena carne y la carne nuestra es rica, remató.
Advirtió, por último, sobre un cambio de etapa para el mercado chino. Según su mirada, durante años China absorbió vacas que tenían poco valor en otros destinos, pero ese ciclo comienza a agotarse. Cada vez va a haber menos vacas destinadas para vender a China, sostuvo.
Durante este año, el establecimiento también recibió delegaciones japonesas vinculadas a proyectos de inversión en carnes argentinas.