El Estado Islámico busca reorganizar sus fuerzas en Siria: emboscadas, guerra de guerrillas y asesinatos
El grupo terrorista intenta salir del ostracismo desde la zona desértica del este del país. La situación de las familias de los milicianos detenidos.
El Estado Islámico busca reorganizar sus fuerzas en Siria. Lejos del poder de fuego y del control territorial que logró hace una década, lo que queda del antiguo califato intenta reactivar a sus células dormidas.
La nueva estrategia del grupo es más modesta. Planea lanzar una especie de guerra de guerrillas contra el gobierno de Ahmed al-Charaa, un antiguo socio vinculado al terrorismo y hoy reconvertido en aliado de Washington.
Qué poder maneja el Estado Islámico
El Estado Islámico nació de la disgregación producida por la guerra civil siria y del caos que derivó en Irak tras la invasión estadounidense de 2003.
Con métodos brutales que incluyeron decapitaciones transmitidas en vivo y asesinatos de minorías, el llamado ISIS llegó a tener en su apogeo alrededor de 40.000 milicianos armados. Además, mantuvo un férreo control sobre un vasto territorio dividido entre Siria e Irak con capital en la ciudad siria de Raqqa. Se trató de un verdadero reino del terror.
El grupo se financió entonces con las ventas petroleras de pozos bajo su control y tuvo a Medio Oriente y Europa bajo ataque con distintos atentados terroristas.
Pero una ofensiva de grupos armados financiados por Washington, como los kurdos sirios, terminó por derrotar a las milicias islámicas en 2016. Hoy están reducidas a pequeños reductos en el este de de Siria.
El ISIS tiene una presencia muy reducida en Siria. Se ha mantenido mayormente en la clandestinidad. Intentó desestabilizar al gobierno actual planeando atentados de asesinato y ataques contra las minorías. Sin embargo, hasta ahora, la mayoría de estos intentos han fracasado, dijo a TN el analista Idrees Ahmad, académico británico de la Universidad de Stirling especializado en Medio Oriente.
Para Ahmad, el ISIS existió durante mucho tiempo porque resultaba útil para el régimen de (el derrocado presidente) Bashar al Assad, que así podía presentarse como una alternativa preferible. Por eso, Assad evitó en gran medida combatir al ISIS, y cuando otros rebeldes luchaban contra él, prefería bombardearlos.
El ISIS no contaba con mucho apoyo interno (excepto cuando inicialmente se le consideraba parte de la rebelión contra Assad). Ahora es prácticamente irrelevante, afirmó.
Sin embargo, en los últimos días, su dirigencia rescató su vieja retórica para convocar a sus milicianos a continuar luchando contra el gobierno sirio en un llamado divulgado en plataformas digitales afines.
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Según el sitio The Media Line, especializado en Medio Oriente, el Estado Islámico pidió a sus combatientes extranjeros iniciar una nueva fase de lucha contra el ejército sirio.
Estos milicianos son remanentes del ejército que impuso un régimen de terror en la región. Son combatientes musulmanes, en su mayoría de países asiáticos, africanos y europeos, que llegaron al llamado Califato Islámico entre 2013 y 2016.
De esos 40.000 milicianos que la ONU calculó que tenía hace una década, el grupo cuenta hoy con entre 1500 a 3000 milicianos desparramados en el desierto sirio.
Lejos de las amplias ofensivas del pasado, la estrategia militar se recuesta en emboscadas, artefactos explosivos improvisados, asesinatos y asaltos rápidos nocturnos contra puestos de control y fuerzas militares en el desierto sirio entre Homs y Deir ez-Zor y en zonas remotas cerca de la frontera con Irak, según el reporte.
Los milicianos se agrupan en pequeñas células apoyadas por redes logísticas que las protegen.
Lo que estamos presenciando hoy es una versión diferente de la organización, una que depende más de la guerra de guerrillas y del desgaste de la seguridad que del control directo de las ciudades, dijo el general de brigada retirado Mustafa al-Sheikh, experto en seguridad y asuntos estratégicos, citado por The Media Line.
Qué pasa con los milicianos islámicos detenidos y sus familias
Más allá de esta anunciada reorganización militar, hay miles de antiguos milicianos extranjeros detenidos en prisiones sirias bajo control de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el noreste del país.
También hay miles de familiares de viejos combatientes, incluidos cientos de niños, en un verdadero limbo judicial. Sus países de origen se niegan a recibirlos.
En febrero pasado, el gobierno sirio reconoció que el campamento de Al Hol para familiares registró fugas masivas en enero. Este lugar llegó a albergar a decenas de miles de personas junto a otro similar en Roj, cerca de Irak.
Faisal Al-Aswad, miembro de la Organización Siria para el Desarrollo (SDO), una ONG local, contó a TN vía WhatsApp que el campamento de Al Hol nunca fue una solución a largo plazo.
Se trató de una medida de emergencia que gradualmente se volvió insostenible tanto desde una perspectiva humanitaria como administrativa. Además, la falta de una gestión precisa y estructurada agravó el impacto negativo en las familias y los niños, en lugar de abordar las causas profundas del problema, explicó.
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Finalmente, las esposas, viudas e hijos de milicianos del ISIS fueron trasladados a una ubicación alternativa bajo acuerdos administrativos y de seguridad a cargo del gobierno. El nuevo campamento está ubicado en Akhtarin, al norte de la ciudad de Alepo. Muchas otras familias fueron repatriadas a Irak.
Cada caso se está revisando individualmente a través de los mecanismos oficiales, con la coordinación pertinente con los países de origen. Es importante evitar generalizaciones. Estos niños son, ante todo, víctimas de las circunstancias del conflicto, indicó.
Además, el activista mencionó otro problema. Muchos residentes sirios habían sido detenidos en el campamento bajo acusaciones de afiliación al ISIS, mientras que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) habían presentado a toda la población del campamento como vinculada a dicho grupo.