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TN 23/05/2026 06:02 6 min de lectura

Lo construyeron en un mes y un detalle bajo tierra casi frena la obra: a sus 90 años, así se hizo el Obelisco

El monumento ícono nacional celebra sus nueve décadas con una fiesta multitudinaria. Los secretos de la inauguración exprés y por qué quisieron demoler el gran punto de encuentro de los argentinos.

Lo construyeron en un mes y un detalle bajo tierra casi frena la obra: a sus 90 años, así se hizo el Obelisco
Foto: TN

Hay monumentos que decoran una ciudad. Son un adorno, un detalle, un accesorio. Y otros que, en cambio, le dan la vida. A nueve décadas de su inauguración, el Obelisco, gran ícono porteño, demostrará hoy la fuerza de sus latidos en el corazón de Buenos Aires con una propuesta cultural que transformará la Avenida Corrientes en una fiesta de cumpleaños al aire libre.

La celebración, bautizada La Noche del Obelisco, combinará historia, música, tecnología y cultura urbana en una experiencia que recorrerá las distintas décadas que atravesó Buenos Aires desde los años ´30 hasta hoy. Habrá shows de mapping 3D sobre el monumento, conciertos en vivo, intervenciones artísticas, performers, DJs y teatros, bares y restaurantes abiertos hasta las 2 de la mañana.

Pero tal vez, pocos de los que asistan a los festejos sepan su verdadera historia. El detrás de escena de una construcción a la que no le faltó ningún condimento.

De obra polémica a símbolo indiscutido

El Obelisco tuvo un origen controvertido. Fue inaugurado el 23 de mayo de 1936, en homenaje al cuarto centenario de la primera fundación de Buenos Aires. Se levanta exactamente en el lugar donde flameó el 23 de agosto de 1812 por primera vez la bandera argentina en la ciudad: en el punto donde hoy se cruzan las avenidas 9 de Julio y Corrientes.

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Con sus 67,5 metros de altura y 170 toneladas de peso, el monumento fue diseñado por el arquitecto modernista Alberto Prebisch, responsable también del cercano Teatro Gran Rex.

La construcción fue llevada adelante por un consorcio conformado por GEOPÉ, Grün & Bilfinger y Siemens Bauunion, empresa que aportó saber técnico en planificación, métodos constructivos, ingeniería y coordinación de obra, recuerda Eduardo Gorchs, CEO de Siemens Sudamérica (sin Brasil).

El desafío técnico fue enorme para la época. La obra debía completarse en tiempo récord y eso se logró en apenas 31 días, explica. El proyecto demandó la participación de unos 150 obreros trabajando en doble turno.

Gorchs también destaca que el Obelisco no fue pensado únicamente como un monumento conmemorativo, sino como parte de una visión urbana para Buenos Aires, que buscaba presentarse como una de las ciudades más vanguardistas del mundo.

Pero aunque suene extraño, el Obelisco no siempre fue el vecino más querido de CABA: su diseño abstracto generó fuertes críticas. Lo calificaban de oscuro, vacío y demasiado moderno para representar un símbolo nacional.

De hecho, tres años después de su inauguración, el Concejo Deliberante porteño votó su demolición, argumentando razones estéticas, económicas y de seguridad. La decisión fue cuestionada por el presidente Roberto Ortiz y finalmente terminó siendo vetada por el entonces intendente Arturo Goyeneche.

Con el tiempo, claro, ocurrió exactamente lo contrario: lejos de ser oscuro y vacío, se convirtió en el escenario inevitable de los coloridos y masivos festejos argentinos, desde campeonatos mundiales hasta movilizaciones políticas, recitales y celebraciones populares.

El desafío bajo la Plaza de la República

Construir el Obelisco implicó resolver dificultades técnicas poco visibles para quienes hoy lo observan desde la superficie.

Juan Vacas, subsecretario de Paisaje Urbano de la Ciudad y vocal de la Comisión Nacional de Monumentos, señala que el principal problema estaba bajo tierra.

El Obelisco debía erigirse justo donde coincidían la Avenida Corrientes, la Diagonal Norte y la nueva Avenida Norte-Sur, hoy 9 de Julio. Pero debajo pasa el túnel de la Línea D de subte, se ubica la estación de la Línea B y además existe una gran cámara transformadora, explica.

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Según Vacas, el gran reto fue diseñar fundaciones capaces de soportar semejante monumento sin afectar toda esa infraestructura previa. La solución fue una construcción monolítica de hormigón armado con una importante proporción de hierro, que le permite absorber vibraciones.

Se emplearon aproximadamente 680 metros cúbicos de hormigón en la base, mientras que el revestimiento exterior incluyó unos 1.360 metros cuadrados de piedra calcárea blanca, detalla Gorchs.

Tras algunos desprendimientos, ese revestimiento original debió retirarse completamente entre 1938 y 1939. Desde entonces, el Obelisco conserva el acabado de revoque que hoy lo caracteriza, y que cada cuatro años se repinta.

Vacas también revela otro dato curioso: El Obelisco nunca había sido limpiado por dentro. Eso se hizo recién hace dos años, cuando se limpió completamente el hormigón interior.

Mirar desde la punta del Obelisco

Desde fines del año pasado, la punta del Obelisco dejó de ser solo una frase porque se habilitaron las visitas a la intrigante parte más alta del monumento.

La experiencia, que se extiende por unos 15 minutos, comienza con una breve charla sobre la historia, construcción y relevancia cultural del lugar. Luego se sube mediante un ascensor y para el último tramo se habilitó una escalera metálica de caracol. Es por eso que la atracción no es apta para personas en sillas de ruedas o con movilidad reducida.

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Una vez en la cima, a través de las ventanas orientadas hacia los cuatro puntos cardinales, se despliega una vista urbana única.

Para acceder a la visita hay que comprar tickets en el sitio Mirador Obelisco. Los precios para residentes en el país son $18.000 como entrada general; jubilados y niños de 4 a 11 años, $14.500. Para los no residentes, entrada general $36.000; niños de 4 a 11 años, $29.000.

En una noche, nueve décadas de Buenos Aires

El festejo de este 23 de mayo buscará, justamente, poner en valor la historia colectiva que el Obelisco representa para generaciones enteras de argentinos, pero especialmente para los porteños.

Desde las 19, y con entrada libre y gratuita, la Avenida Corrientes entre Callao y Cerrito se convertirá en un gran corredor cultural con propuestas inspiradas en distintas décadas de la ciudad.

Habrá ambientaciones históricas, música en vivo y experiencias inmersivas. Entre Callao y Rodríguez Peña, por ejemplo, sonarán antiguas transmisiones radiales sobre la construcción del monumento, mientras actores caracterizados como canillitas repartirán diarios de época.

Más adelante aparecerán estaciones dedicadas al tango, con bandoneones y bailarines; psicodelia sesentista y música disco con ambientación de época; DJs y vinilos; neón ochentoso a puro ritmo pop y cultura urbana contemporánea.

El gran momento de la noche llegará con el show de mapping 3D proyectado sobre el Obelisco. Habrá dos funciones, a las 21 y 22 horas, acompañadas en vivo por la orquesta dirigida por Damián Mahler.

La programación musical continuará a las 23 con Por siempre Astor, un homenaje a Astor Piazzolla; a la medianoche se presentará el músico Joaco Burgos y, desde la 1 de la mañana, cerrará la jornada el dúo electrónico No Name.

La fiesta será completa porque en paralelo se desarrollará una edición especial de Corrientes 24 HS, con restaurantes, bares y teatros abiertos hasta las 2 de la madrugada.

Noventa años después de aquella obra relámpago que dividió opiniones, el Obelisco les ganó a todos: se convirtió en un punto fijo en una ciudad que vive en permanente movimiento.

TN Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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