Milei bajó retenciones por la presión del trigo y la mejora fiscal - Informe Digital
El Gobierno aceleró el anuncio tras ver mejores números de actividad y recaudación, y buscó llegar antes de la siembra.
La baja de retenciones que Javier Milei anunció ayer se terminó de definir horas antes de su presentación en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Según pudo saber LA NACION de diversas fuentes al tanto de los detalles, en el Gobierno venían trabajando hace meses la medida para trigo, cebada y soja, pero la decisión final se demoraba.
Cerca del ministro de Economía, Luis Caputo, aseguran que la rebaja estaba estudiada desde hacía tiempo, pero que el escenario cambió con los últimos datos de actividad y recaudación. En Economía empezaron a leer una recuperación más firme y eso terminó de empujar la definición. La economía creció 3,5% mensual en marzo y 5,5% interanual.
La señal política se cerró apenas horas antes del acto porteño. En el equipo económico entendían además que el anuncio debía llegar ahora, cuando el trigo entra en la etapa de siembra. La medida busca influir sobre las decisiones de campaña en un momento en que los márgenes venían golpeados por el aumento de costos, sobre todo por la suba internacional de fertilizantes.
Tenía que ser ahora, resumieron cerca del equipo económico. La campaña fina está entrando en definición y las sembradoras están por ingresar a los lotes en distintas regiones productivas. Si el Gobierno quería mover la aguja sobre la siembra, la señal debía llegar antes de que los productores cerraran sus números.
La medida implica una baja de retenciones para trigo y cebada, que pasarán de 7,5% a 5,5% desde junio. Desde que Milei llegó a la Casa Rosada, esos cultivos ya acumulan una reducción importante de los derechos de exportación: arrancaron la gestión con una alícuota de 12%.
Además, se presentó un esquema de reducción gradual para la soja a partir de enero de 2027. Según explicó el Presidente, los derechos de exportación del poroto irán bajando entre un cuarto y medio punto por mes, según la recaudación, desde ese mes. En el Gobierno aclaran que el esquema queda atado a que continúe la mejora de la recaudación y se sostenga el equilibrio fiscal.
Detrás de la decisión apareció una combinación de factores económicos y productivos. Por un lado, el Gobierno empezó a encontrar mejores señales en la macroeconomía. Días atrás informó que en abril volvió a registrar superávit financiero y que acumuló en el primer cuatrimestre un resultado primario equivalente al 0,5% del PBI.
Al mismo tiempo, el EMAE de marzo mostró una suba de 3,5% mensual y de 5,5% interanual. El agro volvió a aparecer entre los sectores que más impulsaron la recuperación de la actividad.
En Economía esos números se leen como una señal de mayor margen para avanzar con una rebaja sin comprometer el equilibrio fiscal, uno de los ejes centrales del programa de Milei.
Para dimensionar el peso del trigo en la economía argentina, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estimaba que la próxima campaña de trigo y cebada podría generar exportaciones por US$4603 millones y aportar alrededor de US$1180 millones en derechos de exportación.
Pero la decisión también se da en un contexto de fuerte preocupación por el deterioro de los márgenes del trigo. La campaña 2026/27 arranca con muy buenas reservas de humedad en gran parte de la región agrícola, pero los costos cambiaron rápido la ecuación económica del cereal. La suba internacional de los fertilizantes golpeó especialmente a la urea, uno de los principales insumos del cultivo.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que la campaña 2026/27 podría perder unas 500.000 hectáreas de intención de siembra, una caída interanual del 7%, con una superficie proyectada de 6,66 millones de hectáreas. El problema no era climático, sino el aumento de costos.
La guerra en Medio Oriente disparó el precio internacional de los fertilizantes y golpeó especialmente a la urea. Ese insumo subió 77% desde enero, mientras que el trigo a cosecha apenas avanzó 16%.
La relación insumo-producto se deterioró con fuerza. Si antes hacían falta 2,7 toneladas de trigo para comprar una tonelada de urea, ahora hacen falta 4,3 toneladas. El impacto sobre los márgenes fue inmediato: entre marzo y abril, la rentabilidad esperada del trigo cayó 43% en campo propio y 54% en campo alquilado, según la BCR.
En algunos planteos sobre campos arrendados empezaron a aparecer números en rojo. La propia BCR estimó hace poco que, con rindes de 40 quintales por hectárea, el margen neto podía quedar en apenas US$65 por hectárea en campo propio y arrojar pérdidas de US$128 por hectárea en alquiler. En ese tablero, el Gobierno entendió que la señal tenía que aparecer antes de que los productores terminaran de definir la campaña.