El productor va a sembrar trigo igual: inquietan los costos, pero valoran la baja de retenciones de Milei
Los agricultores avanzarán con la campaña fina más aliviados en lo económico. Sigue la presión económica aunque advierten sobre un menor precios de los fertilizantes.
La reducción de retenciones al trigo y la cebada anunciada por el Gobierno nacional generó repercusiones inmediatas en el interior productivo, aunque entre productores y técnicos la preocupación central continúa siendo otra: el fuerte incremento de los costos de producción y el impacto de los fertilizantes sobre la rentabilidad de la próxima campaña.
En medio de ese escenario, el ingeniero agrónomo Mariano García, aseguró que la intención de siembra en el norte bonaerense se mantiene firme pese a las dificultades económicas.
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La gente va a sembrar igual, resumió al analizar el panorama actual del sector.
Fertilizantes caros y márgenes ajustados
La declaración llegó luego del anuncio realizado por el presidente Javier Milei en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), donde confirmó una reducción de las retenciones para trigo y cebada.
Aunque la medida fue valorada por gran parte del sector agropecuario, García consideró que su impacto económico es limitado frente al peso de los costos dolarizados.
La baja es simbólica, explicó el especialista, quien remarcó que hoy la principal preocupación del productor pasa por el valor de los insumos y el financiamiento necesario para afrontar la campaña fina.
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Uno de los puntos que más inquieta al sector es el comportamiento de los fertilizantes. El incremento internacional de la urea y otros productos esenciales para trigo y maíz alteró por completo la estructura de costos en los últimos meses, especialmente tras la tensión geopolítica en Medio Oriente y el impacto sobre el mercado internacional de energía e insumos químicos.
Sin embargo, García destacó que en los últimos días comenzó a observarse un leve alivio. Empezó a moverse un poquito hacia abajo el precio de la urea. Como no hay demanda, estos días empezó a caer un poquito, señaló.
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Aunque el movimiento todavía es moderado, la baja es observada con atención por productores y cooperativas debido al peso que tienen los fertilizantes dentro del esquema productivo. Según explicó el agrónomo, actualmente representan cerca del 55% del costo total de producción en trigo, un porcentaje históricamente elevado.
Estamos tocando el 55% del costo total de producción que pertenece a los fertilizantes, afirmó. En campañas anteriores, ese componente rondaba entre el 45% y el 50%, pero las subas internacionales terminaron elevando considerablemente la participación de los insumos en la estructura económica de los cultivos.
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La consecuencia directa es un incremento del llamado rinde de indiferencia, es decir, la cantidad mínima de quintales necesarios para cubrir costos y no perder dinero.
En muchos campos alquilados del norte bonaerense, hoy se necesitan rindes cercanos a los promedios históricos solamente para alcanzar el punto de equilibrio y no quedarían practicamente excedentes como ingreso de los productores.
A pesar de ese contexto complejo, la humedad acumulada en los perfiles del suelo y las buenas condiciones climáticas empujan al productor a avanzar con la campaña. Si el clima acompaña y hay financiación, la intención es sembrar, sostuvo García.
El escenario, de todos modos, no es homogéneo. La campaña de soja dejó realidades muy diferentes dentro de la región. Mientras algunas zonas cercanas a la Ruta 9 registraron rindes muy bajos, de apenas 10 o 15 quintales por hectárea, otras áreas lograron resultados mucho más positivos.
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Esa disparidad condiciona hoy la capacidad financiera de muchos productores para reinvertir con comodidad en la nueva campaña. En ese contexto, las cooperativas vuelven a ocupar un rol clave para sostener el movimiento productivo y facilitar herramientas de financiación a medianos y pequeños productores.
El rol de las cooperativas en años como estos es fundamental, destacó García. Según explicó, muchas explotaciones encuentran dificultades para acceder al crédito bancario tradicional y dependen cada vez más del acompañamiento financiero de entidades locales.
Otro de los puntos que el especialista buscó aclarar es el impacto real que tiene el tipo de cambio sobre la actividad agropecuaria. La evolución del dólar prácticamente no mejora nada desde el punto de vista productivo porque todos los costos están dolarizados, indicó.
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La siembra, los fertilizantes, la cosecha y gran parte de los servicios vinculados a la producción se manejan en moneda estadounidense, por lo que una eventual suba del tipo de cambio también termina incrementando los costos operativos.
Pese a todo, el ánimo productivo persiste en el interior bonaerense. La necesidad de sostener las rotaciones agrícolas, aprovechar la humedad disponible y mantener en funcionamiento la estructura de trabajo empuja a los productores a seguir apostando por la campaña fina.
Por eso, aunque el escenario económico sigue ajustado y los márgenes continúan bajo presión, en el campo prevalece una lógica histórica: sembrar igual y esperar que el clima, los precios y las condiciones del mercado permitan recuperar rentabilidad más adelante.