El Gobierno le condona USD 1.800 millones a Edenor y Edesur mientras congela a 4 millones de hogares - Confirmado
Hay dos tipos de deudores en la Argentina de la libertad absoluta. Si sos un jubilado que cobra la mínima o un laburante de clase media y te colgás dos meses con la boleta de luz, te cae una cuadrilla, te arranca el medidor y pasás a iluminarte a vel
Hay dos tipos de deudores en la Argentina de la libertad absoluta. Si sos un jubilado que cobra la mínima o un laburante de clase media y te colgás dos meses con la boleta de luz, te cae una cuadrilla, te arranca el medidor y pasás a iluminarte a vela mientras recalculás si este mes se come o se pagan las deudas. Ahora, si sos Edenor o Edesur y le debés una montaña de dólares al Estado por la energía que compraste y nunca pagaste, quedate tranquilo: el Gobierno te arma una ley a medida, te borra el saldo en rojo y te limpia el balance.
- Por AF para Confirmado
La Cámara de Diputados acaba de dar media sanción al proyecto de medidas energéticas impulsado por el oficialismo. Una joya de la ingeniería política que encierra una paradoja perfecta: un perdón fiscal histórico para los empresarios de la energía y, como contrapartida, un mazazo directo al bolsillo de más de 4 millones de familias.
El Welfare de los dueños de la luz
Mientras el discurso oficial se desgañita hablando del fin de los subsidios y de la necesidad de que cada uno pague lo que cuesta el servicio, en los despachos oficiales el rigor matemático se vuelve sospechosamente elástico. El proyecto aprobado habilita un fabuloso esquema de compensación de deudas cruzadas.
El truco de magia contable funciona así: las distribuidoras eléctricas con Edenor, Edesur y el Grupo DESA a la cabeza (quienes concentran el 69% del beneficio) acumulaban una deuda colosal con Cammesa (la administradora estatal del mercado eléctrico mayorista) por unos 1.842 millones de dólares. Para no pagarla, las empresas alegaron activos regulatorios, es decir, el dinero que supuestamente dejaron de ganar durante los años de congelamiento tarifario.
En lugar de auditar el pésimo servicio, sancionar los apagones crónicos que dejan a barrios enteros a oscuras cada verano o revisar las ganancias de las compañías, el Estado decidió empatar el partido. Les reconoció sus reclamos, cruzó las cuentas y absorbió el pasivo financiero. Es decir, la deuda privada de las corporaciones eléctricas ahora la pagaremos todos los contribuyentes a través de las arcas públicas. Un verdadero capitalismo de amigos financiado por el esfuerzo de los pagadores de impuestos.
Como si el chiste no se contara solo, el encargado de instrumentar este mecanismo de condonación es Damián Sanfilippo, actual subsecretario de Energía Eléctrica, quien en otra maravillosa casualidad de la meritocracia libertaria viene de desempeñarse como director de suministros de, justamente, el Grupo DESA. Todo queda en familia.
Licuadora para la Zona Fría: El invierno se paga el doble
Pero para sostener el dogma del déficit cero y mostrarle números limpios a los organismos internacionales, la plata que se les perdona a las empresas tiene que salir de algún lado. Y el blanco elegido, una vez más, fue la clase media y los sectores vulnerables.
En la misma sesión, el oficialismo avanzó con la modificación y el recorte feroz sobre el Régimen de Zona Fría, el subsidio que desde hace años alivia las tarifas de gas en las regiones más frías del país.
Según datos de la asociación de Defensa de Usuarios y Consumidores (De.U.Co), este beneficio amparaba a unos 4,3 millones de hogares en las provincias del sur, Mendoza, Buenos Aires y otras regiones, otorgándoles descuentos de entre el 30% y el 50% en sus boletas debido a las bajas temperaturas. Con el nuevo hachazo legislativo, estos millones de usuarios perderán el beneficio en pleno inicio de la temporada invernal.
¿El resultado práctico? Las boletas de gas de estos hogares se duplicarán de un mes para el otro, obligando a millones de argentinos a elegir entre prender la estufa o mantener las cuatro comidas diarias.
Paradojas de la motosierra
La doble vara es tan evidente que asusta. Para las universidades nacionales, para el presupuesto de salud, para los medicamentos del PAMI y para los haberes de los jubilados, no hay plata. El torniquete estatal es implacable y se justifica bajo el altar del sacrificio macroeconómico. Sin embargo, cuando los que golpean la puerta del despacho oficial son los peso pesados del establishment energético y los dueños de las grandes distribuidoras, la billetera del Estado aparece mágicamente rebosante de dólares.
La jugada ya encendió las alarmas en el Senado, donde los gobernadores del interior y de las provincias patagónicas prometen resistir lo que consideran una transferencia de recursos obscena desde las provincias hacia las empresas del AMBA.
Mientras tanto, el manual económico de la gestión actual suma un nuevo capítulo: libre mercado y tarifas plenas para los usuarios de a pie; estatización de deudas y amnesia fiscal para las grandes corporaciones. Un invierno crudo se avecina, y esta vez, el frío no va a ser solo climático.