Desamparo y violencia: el pedido de auxilio de un médico ante una situación de hostigamiento insostenible
Asi lo publicó en redes sociales el'Médico Oncólogo Franco Ramello del Hospital de Gualeguaychú'. 'Escribo estas líneas no por deseo de notoriedad, sino desde la desesperación absoluta de quien, tras más de 20 años de ejercicio profesional, se encuen
Asi lo publicó en redes sociales elMédico Oncólogo Franco Ramello del Hospital de Gualeguaychú.
Escribo estas líneas no por deseo de notoriedad, sino desde la desesperación absoluta de quien, tras más de 20 años de ejercicio profesional, se encuentra hoy frente a un escenario para el que la medicina no me ha preparado: la violencia irracional que traspasa los límites del consultorio y amenaza nuestra integridad física.
Durante más de 13 años, el equipo de oncología del hospital ha acompañado a una paciente de nacionalidad paraguaya en un proceso complejo. Desde aquel primer diagnóstico en 2013, cuando llegó a nosotros con un cuadro avanzado y en absoluta soledad, no solo le brindamos atención médica, sino contención humana. Gestionamos su documentación, aseguramos su acceso a tratamientos gratuitos y, en innumerables ocasiones, el personal asistió personalmente sus necesidades básicas. Durante más de una década, fue ella quien, con una entereza admirable, enfrentó su enfermedad sola, protegiendo al resto de su entorno de la crudeza del tratamiento.
Hoy, ante la etapa de cuidados paliativos de la paciente, ha surgido una figura que ha transformado nuestra labor diaria en un entorno de miedo: su pareja, de nombre Carlos (remisero de una conocida empresa de Gualeguaychú).
Lo que hoy vivimos es inaceptable. Este hombre ha ejercido niveles de hostigamiento verbal y físico que han llevado al llanto a médicas de nuestra sala, han intimidado a enfermeros que cubrían las necesidades básicas que él se negaba a realizar, y han maltratado a los choferes encargados del traslado de la paciente. Las agresiones no son aisladas; son sistemáticas y, pese a nuestros intentos de diálogo, la respuesta ha sido siempre la amenaza.
Esta situación no es solo un conflicto hospitalario. Como ciudadanos, debemos reflexionar sobre un hecho concreto: este sujeto, quien manifiesta un estado de desequilibrio emocional manifiesto, ejerce hoy la profesión de chofer de remis en nuestra ciudad, transportando a vecinos y familias.
Como médico y como ser humano, siento que he llegado al límite. He acudido a este espacio no solo para denunciar la desprotección que sufre el personal de salud, sino para pedir ayuda. ¿Cómo protegemos a quienes solo buscamos aliviar el dolor cuando el agresor es quien tiene acceso diario a la comunidad desde un vehículo de transporte público?
Necesito orientación, respaldo y una solución urgente antes de que la violencia escale a una tragedia que ninguno de nosotros desea. Mi equipo y yo tenemos miedo por nuestras vidas y la de nuestras familias. ¿Quién nos protege?
Quedo a la espera de cualquier consejo o vía institucional que nos permita poner un límite a este calvario, cerró el médico.