Airaldi negó la banda narco y apuntó contra testigos y policías - Informe Digital
En el juicio en Paraná, rechazó las acusaciones por droga, avionetas y coimas. Dijo que solo compraba para consumo.
Leonardo Airaldi declaró por segunda vez en el juicio oral que lo tiene en el banquillo como presunto jefe de una organización dedicada al narcotráfico y salió a desarmar, punto por punto, la acusación. Negó la existencia de una banda, rechazó que hubiera pistas clandestinas en sus campos y cuestionó a testigos, policías y exempleados que lo comprometieron durante el debate en el Tribunal Oral Federal de Paraná.
El productor agropecuario no respondió preguntas y centró su exposición en refutar las pruebas ya expuestas en el juicio, que comenzó a fines de marzo. En ese tramo, citó el testimonio del director de Investigación de la Policía de Entre Ríos, Ángel Ricle, para sostener que la propia investigación no había podido probar ni la compra ni la venta de droga, ni la supuesta logística de la organización.
Avionetas, fuego en las islas y combustible
Airaldi también buscó explicar el movimiento de avionetas en sus campos y la compra de combustible en Gálvez, Santa Fe. Dijo que desde 2018 se registraron incendios en las islas y que, ante esa situación, se pidió apoyo con aeronaves contratadas por la Nación para combatir el fuego. Según su versión, en ese contexto se usaron pistas de la zona para cargar agua y abastecer de combustible a los aviones.
En ese marco, afirmó que el camino interno de su estancia que la acusación presenta como pista de aterrizaje es en realidad una traza ganadera de vieja data. Sostuvo que tiene 3.500 metros limpios, pero que el resto es monte y que la huella no permite el descenso de una avioneta. Es imposible que una avioneta baje ahí, remarcó.
Comprábamos, no vendíamos
Otro eje de su declaración fue el contenido de audios incorporados al expediente, donde se lo escucha hablar de cocaína. Airaldi insistió en que esas conversaciones corresponden a consumidores y no a vendedores. Comprábamos, pero para consumo, no para venta, dijo, y negó que su pareja también hubiera comercializado droga.
Para reforzar esa idea, comparó esas charlas con pedidos entre personas que consumen alcohol y aseguró que, si tenía droga y se la pedían, la compartía. También negó que sus viajes a Rosario u otras ciudades hayan tenido relación con el narcotráfico: sostuvo que iban de joda y que nunca visitaron búnkeres ni financieras para mover dinero ilegal.
Testigos con viejas cuentas pendientes
Airaldi dedicó buena parte de su exposición a desacreditar a los testigos de cargo. Dijo que varios tenían conflictos previos con su familia por robos, usurpaciones, cortes de alambrados o disputas por animales. Nombró uno por uno a quienes, según él, declararon movidos por viejas enemistades y no por lo que realmente vieron.
Entre otros, apuntó contra un exportero de la isla al que acusó de haber sido echado por ladrón, y contra vecinos a los que atribuyó robos de ganado y otros conflictos rurales. También cuestionó a un testigo que dijo haberlo visto matar caballos y aseguró que esa persona vive desde hace años en un terreno de su propiedad.
La respuesta a los audios sobre violencia
En otro tramo, rechazó el perfil violento que le adjudican a partir de audios y testimonios. Dijo que jamás le levantó la voz a una mujer y que las frases más duras que se le atribuyen fueron expresiones dichas en momentos de enojo, sin intención real de concretarlas.
Al referirse a un episodio con su exempleada Soledad Touzet, sostuvo que la única vez que la retó fue por una factura de gas impaga que dejó sin agua caliente a la casa. También negó haber sido un jefe agresivo y aseguró que siempre fue flexible con horarios, licencias y vacaciones de sus empleados.
El vínculo con la Policía
La acusación también lo vincula con integrantes de la Policía provincial. Airaldi respondió que la comisaría instalada en una isla fue una respuesta a una necesidad operativa de la zona y que la llave estaba en su casa por razones prácticas. Aseguró además que la lancha donada a la fuerza se mantenía y reparaba en un taller náutico y que el combustible entregado a la Policía rural era una práctica habitual en el campo.
Negó de plano que hubiera coimas o arreglos ilegales. Según dijo, si conocía a un efectivo en un control, eso no significaba que pudiera pasar sin documentación o en infracción. No hay asociación ilícita, cerró, al insistir en que su actividad fue siempre la del trabajo rural y no la de una estructura narco.