Hace un año que no duermo: los avances en la causa por el crimen de Diego Fernández Lima y el pedido de justicia de su familia
La frase es de Javier Fernández Lima, hermano del adolescente desaparecido en 1984 cuyos restos fueron encontrados en una casa de Coghlan. Qué cambió en el expediente desde el hallazgo de los huesos, por qué allegados a la investigación dicen que el
Este miércoles se cumplen doce meses del hallazgo de los restos de Diego Fernández Lima, el adolescente que desapareció en 1984 y cuyos huesos fueron encontrados enterrados en el jardín de una casa de Coghlan. Para la familia, el aniversario llega con una certeza y una deuda: después de cuatro décadas de incertidumbre, pudieron recuperar los restos y velarlo; pero, todavía esperan saber quién lo mató.
Dentro de tanto dolor, de tanta tristeza y de tanta espera, lo veo como positivo: Diego salió a la luz para que el mundo lo conozca, le dice su hermano Javier a Infobae. Habla de este último año como un tiempo de reencuentro con Diego: Ahora que está en el cementerio de la Chacarita, cada tanto voy a hablar con él para pedirle que me dé fuerza. Hace un año que no duermo. Hace un año que la peleo con todos: abogados, fiscales... Pero voy a seguir hasta las últimas consecuencias, agrega.
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El caso empezó con una escena singular: los huesos de Fernández Lima fueron encontrados el 20 de mayo pasado por un grupo de albañiles que trabajaba en una casa de avenida Congreso al 3700, donde a principios de los 2000 había vivido Gustavo Cerati. Al comienzo se informó que los restos estaban enterrados en ese domicilio. Después, la investigación aclaró que en realidad habían aparecido en el jardín lindero, propiedad de la familia Graf: el derrumbe de una medianera y la movilización de tierra habían generado un leve desplazamiento del cadáver y dieron lugar a la confusión inicial.
Ese dato terminó de ubicar en el centro del expediente a Cristian Graf, dueño de la casa lindera, ex compañero de colegio de Diego y, hasta ahora, principal sospechoso. Al principio, fue imputado por encubrimiento agravado y ocultamiento de pruebas, a partir de sus presuntos actos posteriores al hallazgo del cuerpo. En octubre, el juez Alejandro Litvack lo sobreseyó. Pero el fiscal Martín López Perrando apeló esa decisión y, a fines de noviembre, la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones anuló tanto el sobreseimiento como la indagatoria. Desde entonces el expediente volvió a orientarse hacia el hecho principal: el homicidio de Diego Fernández Lima. En ese contexto, allegados a la investigación aseguraron que el caso recobró fuerza en las últimas semanas.
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Uno de esos avances surgió del procedimiento realizado el 4 de mayo pasado en la casa de Coghlan, donde Gendarmería trabajó con georradar sobre el jardín trasero de la propiedad. Según pudo saber Infobae, el análisis de esas imágenes aconsejó revisar un sector puntual del lugar. La medida todavía no está definida, pero forma parte de las alternativas que evalúan los investigadores.
Ese no fue el único movimiento. Desde principios de año, la fiscalía volvió sobre el entorno de Graf para reconstruir la vida cotidiana de la familia al momento de la desaparición de Diego: su círculo de amistades, sus rutinas, los sectores de la casa que utilizaban y a qué se dedicaban. Según supo este medio, entre los datos relevados, aparece que el padre de Graf era techista, aunque también tuvo vínculos con un comercio gastronómico y con una empresa en la que figuraba como director.
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En esa línea, una testimonial relevante fue la de Daniela Barreiro, ex esposa de Graf y madre de sus tres hijos mayores, quien vivió más de una década en la casa de Congreso 3742, donde fueron encontrados los restos. Barreiro aportó nombres del círculo cercano y, en ese marco, la semana pasada declararon Miguel Riños y Carlos Elizari, dos amigos vinculados a Graf por su paso por los scouts. Ambos entregaron sus teléfonos para que se descargaran conversaciones de WhatsApp de ese grupo.
La ronda de testimoniales continuará este miércoles. Según indicaron fuentes judiciales a Infobae, declararán personas allegadas al caso y otras que se presentaron de manera voluntaria. Para el 9 y 10 de junio, además, están citados Daniel Ferrato y Sergio Moncaut, dos nombres vinculados al círculo de amistades de Graf.
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Para Javier, el hallazgo de los restos de su hermano no terminó con el dolor. Durante más de 40 años, la familia convivió con la incertidumbre de no saber dónde estaba Diego. Ahora tiene un lugar al que ir, pero también una verdad difícil de asimilar. Diego tenía un golpe en la cabeza y signos de que se defendió. Lo acuchillaron por la espalda, después lo descuartizaron y lo enterraron. Saber todo eso es terrible, dice.
Cuando se le pregunta si conserva recuerdos de su hermano, no duda. En 40 años no hubo un solo día en que no me acordara de Diego, asegura Javier. Lamentablemente, mi vida al lado de él fue corta. Pero lo recuerdo jugando al fútbol en la habitación, andando en bicicleta y en Excursionistas, cuando yo iba a verlo. Yo también jugaba a la pelota, pero de rebote porque la estrella era él, dice.
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La noticia que recibieron hace un año también cambió la vida de su madre, Irma Lima, de 88 años. Javier contó que hasta ese momento ella todavía se asomaba a la ventana con la esperanza de que Diego apareciera o llamara por teléfono. Después de la aparición de los restos de Diego, explica, cambió totalmente su forma de ser y su forma de pensar. Está triste, está apagada. Cuando ve la foto, llora. No puede entender, cuenta.
Javier reconstruye el hallazgo como una cadena de aciertos: el obrero que encontró los primeros restos, la obra en construcción, la repercusión inicial vinculada a Gustavo Cerati, los datos que circularon en los medios, la intervención de la fiscalía y el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Siento que fue una cadena de aciertos espectacular, afirmó.
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A un año del hallazgo, la causa sigue abierta y con nuevas medidas en análisis. Para la familia, el aniversario no marca un cierre sino una etapa distinta: Diego ya no está desaparecido, pero su crimen todavía espera una respuesta judicial. Javier dice que a veces se siente solo en esa pelea, aunque enseguida corrige esa idea con una imagen que se repite en la calle: personas que lo frenan, lo abrazan o le dicen que siguen el caso y esperan justicia por Diego. Estoy solo en esta lucha, dijo. Y después agregó que, detrás, siente un ejército de gente de bien que lo acompaña.
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