Córdoba tiene un sueño Celeste
Zelarayán, el Mudo Vázquez, y Rigoni "belgranizaron" a todo el plantel del Pirata. Un sentimiento compartido con el hincha que los hizo implacables y los metió en la final.
No se compara. Cuando la pasión futbolera se desborda y las ilusiones le abren una puerta a la historia para que nos deje entrar, los hinchas de Belgrano llegamos a la final del campeonato con el corazón en la cancha y la memoria a la par. Es que hoy, en una época en la que el fútbol se juega más en los negocios que en los estadios, la pertenencia a ese barrio Alberdi de las viejas luchas populares, el amor por la camiseta pirata, el celeste pintado en las paredes de la cancha propia y los recuerdos imborrables de un club sin más dueños que sus socios, le agregan una épica diferente a la esperanza.
Ese sentimiento de pertenencia, la identidad conmovedora y esa cordobesitud que se lleva en el alma, no es solo patrimonio de los miles de hombres, mujeres, niños y familias que cantan, alientan y se emocionan como en un ritual consagrado en cada partido, se gane o se pierda. Lo notable es que la tiene también la mayoría de los jugadores que integran el plantel de este Belgrano finalista.
Son futbolistas hinchas del club que representan y de la camiseta que visten. No es algo común en los profesionales de alta competencia, pero ese es un plus incomparable en la capacidad de esfuerzo cuando el músculo se agota, y en la voluntad de sacrificio para no dar por perdida ninguna pelota.
Varios de ellos, por caso el Chino Zelarayán, el Mudo Vázquez, o el Emi Rigoni, que brillaron hasta hace poco en el fútbol internacional, decidieron volver al color de sus amores con hambre de gloria. Ahí están también los pibes que vienen de las inferiores cargados de sueños, y los profesionales que llegaron de otros clubes, que rápidamente sintieron que esta pasión es diferente y se belgranizaron con ganas, como lo hizo con su liderazgo el propio Luis Artime, hoy presidente del club. Y, sí, no se compara.
Ahora toda Córdoba espera esta final del domingo nada menos que con River, un partido que nos hace recordar con emocionada nostalgia de cuando aquel Belgrano inolvidable de 2011, dirigido por el mismo Ricardo Zielinski de hoy, ganó el desafío, ascendió a Primera y los millonarios se fueron a la B. Esta vez en el estadio Kempes ante el coloso porteño, el pirata celeste llevará sus ganas de ser campeón y también, con humildad pero conciencia histórica, las banderas de un interior futbolero que no se resigna a que solo el dinero o el poder consigan resultados
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