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Provinciales
Panorama 19/05/2026 07:23 2 min de lectura

Crítica de La chica del coro - Diario Panorama

La directora eslovena Urska Djukic explora la identidad 'queer' en esta cinta que sigue a una joven introvertida y su carismática amiga durante un viaje a Italia.

Crítica de La chica del coro - Diario Panorama
Foto: Panorama

La directora eslovena Urska Djukic explora la identidad 'queer' en esta cinta que sigue a una joven introvertida y su carismática amiga durante un viaje a Italia.

Por Beatriz Martínez

Para Fotogramas

Dentro de la ola de cine espiritual en el que parece que estamos instalados, sorprende esta pequeña irreverencia de la directora eslovena Urska Djukic que, aunque en nuestro país se llama 'La chica del coro', toma su título original de una canción de Sonic Youth, 'Little Trouble Girls' que es, precisamente, con la que se cierra este arrebatador trabajo cargado de simbolismo y sensorialidad. La cineasta se encarga de reformular la 'coming-of-age' a través de un coro de chicas que pasan un tiempo en un convento, un espacio que podría remitir perfectamente a 'Las indignas', de la escritora Agustina Bazterrica, aunque en este caso lo que se explora es la identidad sexual, en particular la 'queer'. Entre cánticos y juegos se va construyendo una narración en la que tienen tanta importancia los ritos religiosos como el despertar erótico, de forma que la tensión bajo las estrictas normas de la institución convive con la intensidad de las emociones juveniles, siempre a flor de piel.

La protagonista, Lucija (Jara Sofija Ostan) es una chica de 16 años introvertida que, durante un viaje al norte de Italia, compartirá experiencias con su carismática amiga Ana-Marija (Mina Svajger), en las que entrará en juego la amistad, la rivalidad y el deseo. La presencia de obreros y el entusiasmo comprimido de los ensayos corales sirven de catalizadores para el conflicto interno de Lucija, que debe navegar entre el fervor religioso y la atracción hacia sus compañeras y hacia los símbolos de poder que la rodean.

Djukic introduce elementos visuales tan provocadores como la imagen de una herida de Cristo ilustrada que, en el siglo XIV, aparece representada en un libro de oración y recuerda a una vulva. La relación entre la promesa de vida eterna cristiana y los orígenes de la vida se inscribe desde los primeros minutos en el guion visual de manera subversiva. La directora va trazando todos esos elementos casi a modo de fábula perversa en la que, finalmente, una confesión genera un castigo que lleva a la protagonista hacia un camino en solitario en busca del autodescubrimiento y la libertad.

Para aquellos que quieran dejarse sorprender por una película sensorial sobre el deseo.

Panorama Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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