Falleció Carlos Alberto Zacarías, una de las voces más queridas de la radiofonía saenzpeñense
Dueño de una voz inconfundible, convirtió la radio en un puente cotidiano con la gente y supo ganarse el cariño de generaciones enteras.
Sáenz Peña despide con pesar a Carlos Alberto Zacarías, reconocido locutor y una de las voces más emblemáticas de la radio local, cuyo fallecimiento enluta al mundo de la comunicación y deja un enorme vacío entre colegas, oyentes y amigos.
La trayectoria de Zacarías estuvo estrechamente ligada a la radio y, en especial, a LT16, donde desarrolló gran parte de su carrera y se convirtió en una figura identificada con la emisora. Su voz acompañó durante décadas distintos espacios radiales y formó parte de la rutina cotidiana de generaciones de saenzpeñenses.
Su historia con el micrófono comenzó casi como un juego. Tenía apenas ocho años cuando, en el Club Juventud Unida, imitaba a grandes locutores y animaba bailes, radioteatros y espectáculos organizados por la familia Braccone. Allí nació una pasión que lo acompañaría toda la vida.
"Yo quería imitar a grandes locutores como Roberto Silvestri y Jorge Martino", recordaba alguna vez con emoción. Aquellos primeros pasos derivaron luego en publicidades callejeras, trabajos en Stertor Publicidad y finalmente el gran salto a LT16, donde ingresó tras ganar un concurso de locutores en febrero de 1977.
Desde entonces construyó una trayectoria marcada por el profesionalismo, el compromiso y una sensibilidad especial para comunicar. Supo combinar durante años su trabajo en la locución con tareas en el ferrocarril, hasta dedicarse de lleno a lo que verdaderamente amaba: la radio.
Zacarías entendía la locución como un arte. Decía que no alcanzaba solo con tener buena voz, sino que había que "sentir lo que uno dice". Y eso hacía cada vez que leía una crónica, presentaba una canción o grababa una publicidad. Tenía la capacidad de darle alma a cada palabra.
Quienes lo conocieron destacan también su humildad, su calidez humana y ese estilo natural que lo convirtió en un referente para nuevas generaciones de comunicadores. Fue premiado en numerosas oportunidades como mejor voz y mejor locutor, reconocimientos que confirmaban lo que la audiencia ya sabía desde hacía mucho tiempo.
Hasta sus últimos años continuó ligado a la radio, conduciendo programas de tango y espacios dedicados a las colectividades, siempre con la misma pasión de aquel niño que soñaba frente a un micrófono.
Hoy, Sáenz Peña pierde mucho más que un locutor. Pierde una voz amiga, un hombre que hizo de la comunicación un servicio y que entendió la radio como compañía, emoción y encuentro. Sus restos fueron inhumados en Parque Jardín.
Su legado permanecerá vivo en cada recuerdo, en cada grabación y en la memoria de quienes crecieron escuchándolo. Porque hay voces que nunca se apagan. Y la de Carlos Alberto Zacarías será, sin dudas, una de ellas.