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Confirmado.ar 18/05/2026 10:39 4 min de lectura

El mito de la economía "sin plata": la deuda pública bate récords y expone las contradicciones de Milei - Confirmado

Durante la efervescencia de la campaña electoral, el entonces candidato Javier Milei solía repetir una frase que caló hondo en su electorado y se convirtió en un pilar de su narrativa de infalibilidad técnica: Yo puedo manejar la economía con o sin

El mito de la economía "sin plata": la deuda pública bate récords y expone las contradicciones de Milei - Confirmado
Foto: Confirmado.ar

Durante la efervescencia de la campaña electoral, el entonces candidato Javier Milei solía repetir una frase que caló hondo en su electorado y se convirtió en un pilar de su narrativa de infalibilidad técnica: Yo puedo manejar la economía con o sin plata. Aquella promesa de campaña sugería que, mediante el puro diseño de la ingeniería libertaria y el fin de los vicios de la política tradicional, la escasez de recursos no sería un obstáculo para sanear el país.

- Por AF para Confirmado

Sin embargo, a más de dos años de gestión, la dura realidad de los números oficiales provistos por la propia Secretaría de Finanzas desmorona el relato, mostrando una dependencia extrema del endeudamiento para sostener el esquema actual.

De la promesa de campaña al récord histórico de los 496.000 millones

La retórica de manejar el Estado sin plata chocó de frente con el último Boletín Mensual de Deuda, el cual revela que el stock de deuda bruta de la Administración Central escaló hasta el récord histórico de 496.676 millones de dólares. Lejos de la austeridad y el desendeudamiento prometidos, la gestión actual incrementó este pasivo en más de 71.000 millones de dólares en comparación con los 425.556 millones registrados al cierre del gobierno anterior en noviembre de 2023.

Este salto exponencial desnudó que el promocionado superávit fiscal financiero, exhibido por el Palacio de Hacienda como un logro sagrado, no se financió genuinamente con la eliminación de los gastos de la política, sino mediante una colosal alquimia de pasivos. Al traspasar de forma masiva los compromisos remunerados del Banco Central a las cuentas del Tesoro Nacional y postergar pagos mediante la constante capitalización de intereses, el Ejecutivo no resolvió el problema de la falta de fondos, sino que lo pateó hacia adelante, inflando la mochila que carga el Estado a niveles nunca antes vistos en la historia argentina.

La trampa de la indexación en pesos y los vencimientos que acechan

El argumento oficial para maquillar este incremento se centra en que una parte sustancial del nuevo endeudamiento se emitió en moneda local, bajo la premisa de que la deuda en pesos es menos peligrosa que la contraída en dólares. No obstante, las consultoras privadas y los analistas del mercado advierten sobre la peligrosa trampa detrás de esta estrategia. El Gobierno recurrió de manera sistemática a la emisión de títulos indexados por el coeficiente CER (inflación) y a instrumentos de capitalización como las LECAP y BONCAP, donde los intereses no se pagan, sino que se suman automáticamente al capital adeudado.

Esta bola de nieve invisible ha provocado que el stock total sea extremadamente sensible a la marcha de los precios y al tipo de cambio. El mercado financiero internacional observa con creciente desconfianza esta dinámica, ya que la acumulación de reservas reales en el Banco Central avanza de forma lenta, mientras que el calendario proyecta una asfixiante concentración de vencimientos en moneda extranjera y local que supera los 23.000 millones de dólares. La necesidad del Tesoro de realizar agresivas y constantes maniobras de refinanciación local demuestra que el Gobierno actual necesita, en realidad, muchísima más plata de la que admitía para evitar un colapso.

El costo de sostener el relato ante una realidad irreversible

El contraste entre el pragmatismo crudo de la gestión y las consignas de campaña deja en evidencia una profunda inconsistencia política. La idea de que el país podía prescindir de financiamiento y ordenarse mediante la sola eliminación del déficit chocó contra la necesidad de emitir deuda a un ritmo que promedió miles de millones de dólares por mes solo en el último tramo de este año para poder cubrir los baches financieros.

Mientras los voceros oficiales intentan desviar la atención recurriendo a debates metodológicos sobre el endeudamiento neto y los activos depositados en el Banco Central, la deuda bruta real sigue su curso ascendente. La gestión económica actual terminó adoptando las mismas herramientas de financiamiento que antes criticaba, demostrando que gobernar un país en crisis requiere un flujo constante de recursos y compromisos financieros que ninguna frase de campaña, por más audaz o pegadiza que resulte, puede hacer desaparecer.

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