Los autos que llevaron la velocidad terrestre al límite - Informe Digital
De Daytona a Bonneville y Black Rock, una serie de récords marcó la evolución de los vehículos más extremos.
Desde fines del siglo XIX, la carrera por la velocidad sobre tierra empujó a ingenieros y pilotos a llevar el automóvil cada vez más lejos. De los primeros vehículos a vapor a las máquinas impulsadas por motores a reacción, la búsqueda de récords dejó prototipos únicos y una huella decisiva en la innovación. Según Science Focus, la marca del Thrust SSC sigue siendo la referencia para aficionados y competidores de todo el mundo.
Nombres como Henry Segrave, Malcolm Campbell, George Eyston, John Cobb, Craig Breedlove, Art Arfons, Gary Gabelich, Richard Noble y Andy Green quedaron asociados a algunos de los autos más rápidos de la historia. Sus récords se lograron en escenarios emblemáticos como Daytona Beach, las Salinas de Bonneville y el desierto de Black Rock, con tecnología de punta y hazañas que marcaron la evolución del automovilismo.
10. The Golden Arrow
En 1929, Henry Segrave alcanzó 372,46 km/h en Daytona Beach, Estados Unidos, a bordo del innovador Golden Arrow, un vehículo con motor de avión y recursos técnicos tomados de la aeronáutica. El auto incorporaba incluso un visor telescópico para mejorar la orientación y la precisión al conducir.
Segrave necesitó apenas una prueba antes de firmar el récord con el legendario Golden Arrow. La hazaña, sin embargo, quedó atravesada por la tragedia: dos días después ocurrió un accidente fatal que obligó a suspender nuevos intentos.
Según relató BBC Science Focus, Segrave nunca volvió a conducir el vehículo y murió ese mismo año mientras intentaba batir un récord de velocidad acuática, en un cierre dramático para una de las historias más emblemáticas del automovilismo.
9. Blue Bird
En 1932, Malcolm Campbell llevó su Blue Bird, la cuarta versión con ese nombre, a superar los 408,73 km/h en Daytona Beach. La máquina tenía el triple de potencia que la anterior y mejoras aerodinámicas como una aleta de cola para estabilizar la conducción.
Campbell rompió tres récords más antes de pasar al desafío de la velocidad en el agua. Su apellido y el nombre Blue Bird quedaron como referencias inevitables entre los pilotos legendarios del automovilismo.
8. Thunderbolt
La llegada del Thunderbolt en 1937, con George Eyston al volante, llevó la marca hasta los 502,12 km/h gracias a un diseño masivo con motores múltiples y aerodinámica avanzada para su época. Además, fue la primera vez que un récord de velocidad en tierra se logró en las Salinas de Bonneville, Utah.
Con su superficie plana de 19 km, Bonneville se convirtió en sede fija de competencias y récords mundiales. El Thunderbolt estableció tres marcas antes de que la Segunda Guerra Mundial frenara el avance de estos proyectos, según Science Focus.
7. The Railton
La carrera por romper récords dio un salto tecnológico en 1938 con la aparición del Railton Special, el vehículo pilotado por John Cobb. El automóvil incorporaba dos motores de avión sobrealimentados y un sistema experimental de tracción en las cuatro ruedas, una combinación revolucionaria para la época.
Gracias a esa ingeniería, Cobb alcanzó 568,58 km/h en Bonneville Salt Flats y firmó una de las marcas más impactantes de la historia del automovilismo.
Después de la guerra, Cobb volvió y estableció otro récord en las salinas, con 634,39 km/h. Esa marca se mantuvo vigente durante 16 años, según Science Focus, y consolidó al Railton como pionero en la evolución técnica de los vehículos de velocidad.
6. The Spirit of America
En 1963, Craig Breedlove revolucionó el automovilismo al lograr 655,84 km/h en Bonneville con el Spirit of America, un coche equipado con el motor de un avión F-86. Fue el primer auto récord con motor a reacción que no transmitía potencia a las ruedas.
El vehículo generó polémica con la FIA, que exigía cuatro ruedas motrices para validar la marca. Pese a esa controversia, el Spirit of America abrió paso a una nueva generación de autos propulsados por chorro, reveló Science Focus.
5. The Green Monster
Un año más tarde, en 1964, el estadounidense Art Arfons usó un motor de F-104 reciclado y reconstruido en su propio jardín para equipar su Green Monster. El esfuerzo personal y técnico fue clave, pese a la dificultad de trabajar con tecnología clasificada.
El resultado fueron tres marcas rápidas, con un récord final de 698,34 km/h. Sin embargo, Craig Breedlove recuperó la marca al año siguiente. El Green Monster demostró que la creatividad individual podía competir con grandes equipos.
4. Sonic 1
En 1965, Craig Breedlove volvió a liderar la escena mundial con la segunda versión del Spirit of America, llamada Sonic 1. Esta vez, el automóvil contaba con cuatro ruedas y la aceptación oficial de la FIA tras alcanzar 966,57 km/h en noviembre.
El Sonic 1 montó el mismo tipo de motor que el Green Monster, y ambos competidores alternaron récords hasta que Breedlove aseguró la supremacía definitiva. La serie consolidó la era de los coches-jet reconocidos internacionalmente.
3. The Blue Flame
En 1970, Gary Gabelich pilotó el Blue Flame, un cohete sobre ruedas, y estableció una velocidad máxima de 1.014,51 km/h. A diferencia de sus predecesores, este vehículo solo podía sostener esa velocidad durante 20 segundos por la capacidad de su combustible.
La hazaña convirtió al Blue Flame en el coche terrestre más rápido de la época y a Gabelich en uno de los pilotos más audaces, explicó Science Focus.
2. Thrust2
En 1983, Richard Noble buscó devolver el récord al Reino Unido y diseñó el Thrust2, inspirado en el Green Monster y con un motor a reacción central.
El 4 de octubre de 1983, Noble firmó una nueva marca en el desierto de Black Rock con 1.019,47 km/h. El logro reavivó la competencia entre equipos británicos y estadounidenses y abrió la puerta a la última revolución en la carrera por la velocidad terrestre.
1. Thrust SSC
El gran salto final llegó el 15 de octubre de 1997, cuando el Thrust SSC, conducido por Andy Green y apoyado por Richard Noble, se convirtió en el primer automóvil en romper la barrera del sonido. La velocidad oficial registrada fue de 1.223,6 km/h, una marca que sigue imbatida.
Green, piloto de la Royal Air Force, superó así un límite histórico y cambió para siempre la competencia por el dominio de la velocidad terrestre. La proeza fue destacada por Science Focus como una hazaña sobresaliente de la ingeniería.