El vocero que olvidó la letra
El jefe de Gabinete protagonizó un insólito momento en Mendoza al negarse a hablar sin su machete. El incómodo silencio en pleno acto refleja la pérdida de confianza de un funcionario cercado por la investigación del fiscal Pollicita sobre su patrimo
El vocero que olvidó la letra
El jefe de Gabinete protagonizó un insólito momento en Mendoza al negarse a hablar sin su machete. El incómodo silencio en pleno acto refleja la pérdida de confianza de un funcionario cercado por la investigación del fiscal Pollicita sobre su patrimonio, los gastos millonarios en efectivo y la lupa judicial sobre sus cuentas cripto.
Allá en el parque El Quemado, ese pulmón mendocino en el que florecieron miles de paneles solares, esperaban escuchar las palabras de Manuel Adorni. El día estaba soleado, el cielo celeste y bastante limpio. De fondo, las montañas; y en el corazón de la escena, un atril para que el jefe de Gabinete dijera unas palabras.
El ministro jefe atravesó el escenario. Acomodó los micrófonos y, con un gesto de incomodidad, soltó una frase que lo mostró desnudo de confianza: "Bueno, hasta que no me traigan mi discurso no puedo hablar, así que hagamos tiempo". Acto seguido vio cómo un colaborador corría hacia él para alcanzarle aquello que tenía que decir.
La secuencia se produjo el jueves en Las Heras, Mendoza, hasta donde el jefe de Gabinete había llegado para inaugurar el primer proyecto de energías renovables ejecutado bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y dar una nueva señal del avance provincial hacia una matriz energética más limpia. Un anuncio ideal para la narrativa oficialista.
El episodio evidencia que el jefe de Gabinete pasó de ser un hombre capaz de menospreciar la zurda de Diego Armando Maradona como hizo en una de sus otrora habituales charlas con periodistas a alguien cuya habilidad para celebrar un éxito de la gestión que integra parece haberse esfumado.
La pérdida de confianza del ministro está atada al avance de un expediente judicial en el que, día tras día, el fiscal Gerardo Pollicita detecta nuevos gastos de difícil explicación y generalmente en efectivo que no guardan relación con el nivel de ingresos del jefe de Gabinete ni con el patrimonio que declaró al ingresar a la función pública.
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