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Infobae 14/05/2026 20:57 4 min de lectura

La reacción de Duki tras el polémico reclamo de su tatuador por sus reconocidas alitas: No se hagan los graciosos

Tras la controversia por los derechos de autor de las alitas, el intérprete de Rockstar mostró su nuevo arte corporal y reflexionó sobre sus símbolos personales ante millones de seguidores

La reacción de Duki tras el polémico reclamo de su tatuador por sus reconocidas alitas: No se hagan los graciosos
Foto: Infobae

La respuesta de Duki tras la polémica con su tatuador

Tras años de éxito y presentaciones en escenarios de todo el mundo, las alitas tatuadas en el rostro de Duki se consolidaron como un símbolo de sus valores y de su lucha personal. La imagen trascendió al punto que representa un vínculo único entre el rey del trap y sus fanáticos. Sin embargo, en los últimos días, dicha obra generó polémica cuando el tatuador Iván de Quilmes presentó un reclamo por derechos de autor. Así las cosas, en las últimas horas, el intérprete de Rockstar hizo su descargo.

Luego de mostrarse tatuándose un nuevo dibujo en su pie derecho, Mauro Ezequiel Lombardo, nombre real del artista, compartió un video en el que se dirigía a sus millones de fanáticos, quienes le hablaron de esta polémica. Ya los vi a todos con los chistes de los tatuajes, no se hagan los graciosos. Están muy divertidos los chistes la con... de su madre, afirmó el músico urbano luciendo en un video selfie en el que se lo veía con un buzo gris con capucha.

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En la historia del actual tatuador, Lautaro Ortega, se observa el nuevo diseño que Duki está preparando en su pierna. Se trata de una araña con el número cuatro y una rosa con espinas con la frase Las flores no mienten.

Inicialmente, el conflicto se intensificó tras un cruce entre Felipe Franco Trigo, abogado de Iván de Quilmes, y Maru Duffard, conductora de Infobae al Mediodía. El eje del debate fue la demanda iniciada por el tatuador, quien reclama reconocimiento legal y compensación económica por el uso de las alitas en productos y campañas sin su autorización. En el debate, Trigo sostuvo que, aunque Duki puede mostrar sus tatuajes como parte de su identidad, el diseño original fue empleado en merchandising, promociones y plataformas comerciales sin licencia.

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El problema surge cuando el diseño se abstrae del tatuaje y se aplica en productos como gorras, explicó el abogado. Para eso se requiere autorización o una licencia del autor. Los derechos de explotación de una obra de arte pertenecen únicamente al creador, salvo que exista una cesión expresa. Como ejemplo, mencionó el uso de las alitas en la promoción de un documental de Duki en Netflix y en una campaña de cerveza en España en 2022.

Durante el debate, Duffard planteó que el valor comercial del diseño depende de su asociación con Duki y no del dibujo en sí. Franco Trigo replicó que el reclamo surge precisamente porque la explotación económica se produce a partir de esa asociación: Si no hubiera campañas publicitarias, no existiría explotación comercial. Pero es Duki quien las protagoniza y, por eso, la obra cobra valor.

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El abogado también señaló antecedentes en Estados Unidos de acciones legales iniciadas por tatuadores contra artistas que explotaron comercialmente diseños originales. No está tan regulado, pero sigue siendo una obra artística que merece protección.

Sobre el estado del reclamo, Franco Trigo precisó que buscan el reconocimiento de la autoría de Iván de Quilmes y una compensación económica proporcional a la explotación del diseño. Vamos a participar en una mediación prejudicial para intentar alcanzar un acuerdo, indicó.

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En cuanto a la relación profesional entre Duki y el tatuador, Duffard sugirió que el vínculo quedó dañado. Franco Trigo aclaró que el uso personal de los tatuajes no está en discusión, pero que la comercialización del diseño requiere autorización: Se puede usar el tatuaje en el cuerpo, pero obtener un beneficio económico directo del diseño es otra cuestión. Hay una licencia implícita al tatuar, pero hacer negocio con el diseño implica otra dimensión.

Ambas partes manifestaron su disposición a negociar una solución. El caso expone el dilema entre la protección de la autoría artística y el magnetismo del intérprete. El desenlace dependerá de la capacidad de ambas partes para acordar los límites entre el arte y la explotación comercial.

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