Fuga de divisas inocultable... El propio Banco Central admite que con el RIGI hubo salida neta de USD 4.687 millones
| En un informe técnico difundido esta semana, el Banco Central confirmó que desde la puesta en marcha...
En un informe técnico difundido esta semana, el Banco Central confirmó que desde la puesta en marcha del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) hasta el cuarto trimestre de 2025 se registraron egresos netos de inversión extranjera directa por USD 4.687 millones.
El dato golpea uno de los pilares del discurso económico de Luis Caputo y Javier Milei, que presentaron al RIGI como la llave para una lluvia inmediata de capitales productivos.
El régimen de beneficios impositivos para atraer inversiones de magnitud entró en vigencia el 8 de julio de 2025, pero, según el informe sobre Inversión Extranjera Directa al 31 de diciembre de 2025 que publicó el Banco Central, por ahora no tuvo el efecto buscado en términos de ingreso neto de capitales.
El informe del BCRA y la salida de capitales
El propio documento del organismo monetario intenta presentar la salida neta de capitales bajo un signo positivo. Argumenta que muchas multinacionales aprovecharon las flexibilizaciones cambiarias y los incentivos exportadores para cancelar deuda comercial entre empresas vinculadas, reorganizar balances internos y retirar posiciones acumuladas durante los años anteriores, según detalla.
El núcleo de ese movimiento se concentró en el complejo exportador. De acuerdo con el informe, gran parte del desendeudamiento se explicó por la cancelación de adelantos de cobro de exportaciones vinculados al Decreto 682, que había reducido transitoriamente las retenciones para determinados sectores.
La escena remite a una postal conocida de la economía argentina: el Estado necesita dólares urgentes, libera incentivos extraordinarios y el capital responde con movimientos financieros de corto plazo antes que con inversión productiva sostenida.
Utilidades que se van y poca reinversión
Al observar el detalle del documento, el cuadro se vuelve todavía más evidente. La renta de capital de la inversión extranjera directa alcanzó los USD 1.436 millones en el cuarto trimestre de 2025.
Dentro de ese total, la distribución de utilidades y dividendos sumó USD 1.194 millones, mientras que la reinversión quedó reducida apenas a USD 241 millones.
Ese número aparece como uno de los datos más relevantes del informe. Porque una cosa es obtener rentabilidad en la Argentina y otra muy distinta es decidir dejar esas ganancias dentro del país para ampliar plantas, incorporar tecnología o desarrollar proveedores locales. Eso es justamente lo que no aparece en los números del Banco Central.
La diferencia entre utilidades giradas y utilidades reinvertidas muestra una dinámica mucho más ligada a la extracción de renta que a la construcción de capacidad productiva. El capital entra, obtiene ganancias y luego vuelve a salir.
De dónde salen los dólares
También resulta revelador el mapa geográfico de las salidas de capital. Los principales egresos provinieron de Suiza, Reino Unido, Países Bajos y España.
No es casual: se trata de jurisdicciones centrales dentro de las arquitecturas financieras globales utilizadas por holdings multinacionales, fondos y vehículos societarios para triangular inversiones y administrar flujos internacionales.
Prórroga del RIGI y apuesta al Súper RIGI
En paralelo, el Gobierno prorrogó por un año adicional el plazo de adhesión al RIGI mediante el Decreto 105, publicado días atrás en el Boletín Oficial. El vencimiento original estaba previsto para julio de 2026 y ahora se extendió hasta julio de 2027.
La decisión dejó una lectura política incómoda: si el régimen estuviera generando una llegada masiva e inmediata de inversiones, no habría necesidad de extender tan rápido los plazos originales.
A eso se sumó el anuncio oficial sobre el envío al Congreso de un nuevo proyecto denominado Súper RIGI, que reduce de 25 puntos a 10 el tributo de Ganancias en caso de inversiones tecnológicas, una iniciativa anticipada en exclusiva por LPO.
El nombre sintetiza la lógica que atraviesa buena parte de las reformas económicas recientes: cada nueva versión del esquema de incentivos necesita exhibirse más extrema que la anterior.
La inversión que no despega
El problema de fondo es que el RIGI no movió el amperímetro de la inversión agregada. Pese a los miles de millones comprometidos sobre el papel, el régimen todavía no generó un salto perceptible en la formación de capital del conjunto de la economía.
Incluso sectores cercanos al pensamiento liberal empezaron a marcar esa limitación, al advertir que la brecha entre anuncios y desembolsos efectivos sigue siendo muy amplia.
En materia de promesas, la minería se convirtió en el gran escaparate económico del Gobierno. Caputo suele mostrar cifras cercanas a los USD 95.000 millones vinculados al RIGI y proyecta unos USD 140.000 millones futuros.
Pero allí se mezclan proyectos presentados, anuncios preliminares, carpetas en evaluación e iniciativas no aprobadas. Lo efectivamente aprobado hasta ahora representa algo más de USD 17.000 millones.
Y aun esa cifra sigue siendo potencial. Porque aprobación no significa desembolso real. La inversión que efectivamente se movió fue muchísimo menor: en 2025 rondó los USD 1.388 millones y durante el primer trimestre de 2026 ingresaron aproximadamente USD 1.205 millones vinculados al régimen.
El diagnóstico de Idesa sobre el Súper RIGI
Un informe reciente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) sostuvo que la baja inversión no se origina en la falta de ahorro sino en la persistencia de un contexto adverso para la inversión.
El documento plantea que crear un Súper RIGI sin resolver los problemas estructurales replica el mismo esquema en una escala todavía mayor.
El estudio agrega otro dato revelador. Mientras la inversión productiva sigue estancada, durante 2025 las personas destinaron el equivalente al 4,7% del PBI a comprar dólares para ahorro.
El dinero existe, pero se fuga hacia la dolarización defensiva. Que los ahorros se acumulen bajo el colchón en lugar de ser canalizados a expandir la capacidad de producción implica un drenaje permanente de recursos fuera del sistema, señala el informe.
Régimen de privilegios y presión tributaria
Idesa también cuestiona la proliferación de regímenes especiales. El RIGI, el RIMI incluido en la reforma laboral y ahora el proyectado Súper RIGI forman una superposición de excepciones que generan asimetrías entre empresas.
Los proyectos que acceden a esos beneficios compiten con ventajas tributarias, cambiarias y regulatorias frente a quienes quedan afuera. Son esquemas burocráticos y discrecionales que suman distorsiones, aclara el documento.
El Súper RIGI expone además otro problema. El proyecto limita Ingresos Brutos al 0,5% y prohíbe tasas municipales sobre ventas para los emprendimientos incluidos en el régimen.
Es decir: reconoce implícitamente que el esquema tributario general resulta inviable para invertir. El alivio fiscal existe, pero sólo para quienes logran ingresar al club de excepción. El resto de la economía sigue conviviendo con la asfixiante presión tributaria combinada de Nación, provincias y municipios.
De los privilegios sectoriales a las reglas generales
Por eso, el informe de Idesa propone otra lógica: avanzar hacia reglas generales para toda la economía en lugar de seguir acumulando privilegios sectoriales.
Entre otras medidas, plantea crear un Súper IVA coordinado con las provincias que absorba Ingresos Brutos y tasas municipales sobre ventas para todos los sectores, no únicamente para proyectos seleccionados.
Se trata de un proyecto que varios gobernadores aliados impulsaron en su momento, pero que la Casa Rosada eligió no tratar.