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Concordia 1021 Digital 14/05/2026 03:58 9 min de lectura

La doble crisis del crecimiento: Latinoamérica y el Caribe en su laberinto

La doble crisis del crecimiento: Latinoamérica y el Caribe en su laberinto
Foto: Concordia 1021 Digital

Sergio Ferrari.

Además de sus históricos problemas estructurales, América Latina y el Caribe

confrontan ahora la incertidumbre generada por la inestabilidad geopolítica

internacional. En medio de esta coyuntura ven alejarse sus expectativas de

crecimiento para 2026.

Aunque las marcadas disparidades entre países no permiten sacar una conclusión

única, como lo constata la Comisión Económica para América Latina y el Caribe

(CEPAL), se percibe una tendencia predominante: la media de crecimiento real del

Producto Interno Bruto (PIB) el año en curso seguirá bajando hasta un minúsculo

2,2%, con un deterioro real para 24 de sus 33 países.

Regionalmente, el crecimiento en América del Sur será de 2,4% (2,9% en 2025). En

América Central, de 2,2% (2,3% en 2025). En todo el continente, México, la

República Dominicana y el Caribe de habla no hispana quizás sean las únicas

excepciones de crecimiento previsto. México, con un salto del 1,5% con respecto al

0,8% anterior; República Dominicana que aumentaría hasta el 4%; en tanto el Caribe

de lengua no hispana las cifras son más bien engañosas debido al empuje de

Guyana. Si se excluye esta última, estaríamos hablando de apenas un 1,2%, bien

por debajo del 2,0% en 2025

( https://www.cepal.org/sites/default/files/pr/files/tabla_proyecciones_abril-2026-esp.pdf ).

Crisis crónica: crecimiento perezoso

Con esta proyección, la CEPAL está rectificando sus previsiones anteriores de un

crecimiento un poco mayor para la región. Tras cuatro años consecutivos con

índices porcentuales en torno al 2% anual, algo así como un crecimiento perezoso,

concluye que se trata de un techo bajo que habla de una incapacidad estructural

para despegar, insertada en un contexto internacional que pesa como un ladrillo.

( https://news.un.org/es/story/2026/04/1541379 ).

El análisis de la CEPAL subraya el impacto significativo de la nueva situación

mundial: desde diciembre de 2025 hasta fines de abril, el escenario externo se ha

endurecido, especialmente a raíz de la guerra en Oriente Medio, que ha disparado la

volatilidad de los mercados y el precio del petróleo. Así, por ejemplo, el primer

cuatrimestre de 2026, los combustibles esenciales han subido un 74% con respecto

al año anterior.

De la mano de esta crisis, agudizada por el doble tapón impuesto al Estrecho de

Ormuz en las costas iraníes por donde transita más del 20% del combustible

mundial, también se encarecieron alimentos y servicios, inevitable freno al

crecimiento del intercambio mundial. De allí que las organizaciones internacionales

especializadas pronostiquen que este año el techo de crecimiento del comercio

mundial sea del 2,7%, muy inferior al 4,7% de 2025, con sus repercusiones directas

en el continente.

Por otra parte, varios socios relevantes de América Latina y el Caribe, como China,

la Unión Europea e India, se han desacelerado en momentos en que los bancos

centrales del mundo, asustados por la inflación, se han vuelto cautelosos y están

imponiendo condiciones financieras menos favorables que las que proyectaban hace

apenas unos meses.

En síntesis: el consumo regional se enfría y la inversión no arranca, la economía se

desacelera, los precios suben y el trabajo escasea. Realidad macro que se expresa

en la caída de la capacidad económica familiar debido a que el consumo privado ha

perdido energía. Más preocupante aún, insiste la CEPAL, es la media de la inflación

en la región, que este año superará el 3% (fue del 2,4% en 2025), aunque se dejará

sentir particularmente en América del Sur debido a la volatilidad del tipo de cambio y

la subida de los costos de la importación.

Para la CEPAL, un 2,2% no es una catástrofe puntual, sino la expresión de un

síntoma crónico, que describe en términos elocuentes: la región lleva años en la

trampa del bajo crecimiento, alta exposición a los vaivenes mundiales y poca

capacidad para encender motores propios, con riesgos que no desaparecen, como

condiciones financieras restrictivas, inflación alimentaria y energética y volatilidad

cambiaria. Además, sobre algunos países pesan problemas estructurales más

profundos, como restricciones externas, margen de maniobra político agotado e

instituciones frágiles. De allí que su mensaje sea no solo económico sino también

político: Ampliar la movilización de recursos internos y externos y fortalecer la

gobernanza son factores fundamentales para impulsar políticas que dinamicen la

inversión, aumenten la productividad y fortalezcan la resiliencia macroeconómica en

un entorno global cada vez más incierto.

La guerra y el impacto mundial

Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta tendencias similares a

nivel mundial a las anticipadas por la CEPAL para América Latina y el Caribe, como

lo documenta en su informe de abril La economía mundial bajo la sombra de la

guerra. Aun suponiendo que el conflicto en el Medio Oriente tuviese una duración y

un alcance limitados, de todos modos, el FMI proyecta para 2026 una

desaceleración del crecimiento del 3,1% con un leve aumento de la inflación. En el

caso de las economías de mercados emergentes y en desarrollo, esta tendencia

será mucho más pronunciada. ( https://www.imf.org/es/publications/weo/issues/2026/04/14/world-

economic-outlook-april-2026 ).

¿Quién se beneficia con las nuevas guerras?, sin duda una pregunta crítica en esta

coyuntura tan compleja y alterada. En todo caso, y tanto a la luz de los brutales

costos humanos como de los indicadores económicos, puede afirmarse que

prácticamente ninguna economía nacional podrá sacar provecho de estos conflictos,

a excepción de la gran industria armamentista.

La radiografía del FMI, a quien nadie puede tildar de progresista, es elocuente: el

gasto para defensa en los próximos dos años y medio aumentará de tal manera que

llegará a representar unos 2,7 puntos porcentuales del PIB y aproximadamente dos

tercios del mismo se financiarán mediante nuevo endeudamiento, es decir, mayores

déficits. En términos concretos, el gasto militar se traducirá en un aumento de la

deuda pública de aproximadamente un 7%, con la consiguiente reducción del gasto

social.

Crecimiento: un concepto también en crisis

La teoría del crecimiento económico estrechamente ligado al aumento del PIB que

los organismos internacionales emplean sistemáticamente para sus estadísticas, sus

tablas comparativas y sus proyecciones puede ayudar a proyectar tendencias

económicas generales de una región o continente, e incluso del mundo. Sin

embargo, sus limitaciones son cada vez más evidentes. Prueba de ello, los

cuestionamientos no solo de expertos y teóricos altamente especializados,

movimientos sociales e importantes organizaciones no gubernamentales (ONG),

sino también, y muy significativamente, desde dentro mismo de las Naciones Unidas.

La última semana de abril Olivier De Schutter, el Relator Especial sobre Pobreza

Extrema y Derechos Humanos de esta organización, propuso un cambio radical en

las políticas de desarrollo. Como ya lo había enunciado en julio de 2024 en su

informe tan polémico como cuestionado, Erradicar la Pobreza más allá del

crecimiento, nuevamente De Schutter aboga por medidas novedosas, como el

ingreso básico universal, la reducción de la jornada laboral y la cancelación de

deudas soberanas insostenibles ( https://docs.un.org/es/A/HRC/56/61 ).

La propuesta de De Schutter implica un giro decisivo para que las estrategias de

desarrollo ya no dependan del factor crecimiento, sino que ahora se reorienten

hacia una agenda de derechos humanos que sitúe el bienestar de las personas y el

planeta en el centro mismo de la transformación económica. Sus recomendaciones

se estructuran en torno a cinco pilares: transformación de los sistemas económicos;

políticas del mercado laboral y economía del cuidado; protección social universal y

servicios esenciales; clima, medio ambiente y gestión de recursos, y comercio,

finanzas, deuda y solidaridad global. Todos ellos sustentados por un enfoque

transversal de buen gobierno y democracia participativa.

Se trata de una hoja de ruta que apunta a respaldar los esfuerzos internacionales

para reducir las desigualdades y erradicar la pobreza a nivel global a partir de un

concepto de desarrollo elaborado consensualmente con actores de la sociedad civil

internacional. Concepto que afirma la plena realización de los derechos humanos,

pero ya sin reconocer al PBI como principal indicador de progreso. A todas luces, un

instrumento importante para orientar los debates previos a la adopción de la próxima

generación de Objetivos de Desarrollo Sostenible en la Cumbre de Naciones Unidas

en septiembre de 2027 ( https://www.neep-poverty.org/ ).

Desde otra perspectiva, La Vía Campesina, organización que reúne a 180

agrupaciones locales y nacionales representativas de más de 200 millones de

pequeños y medianos productores agrícolas y trabajadores rurales en 81 países,

también apunta a un cambio radical de la lógica del crecimiento y el desarrollo

humano. En su caso, comenzando con una redefinición del derecho a la

alimentación.

En un manifiesto de octubre de 2025, reactualizado en abril de 2026, La Vía

Campesina afirma que la agroecología campesina es la respuesta al grave problema

de una alimentación muy dispar. Y propone soluciones reales que reconozcan la

soberanía alimentaria, la dignidad y la justicia para los pueblos del mundo, como un

nuevo paradigma financiero basado en subvenciones públicas incondicionales, no

en préstamos. Según La Vía Campesina, estos fondos deben ser controlados

democráticamente para impulsar transiciones justas y soberanas. Es importante que

los países del Sur Global puedan transitar en sus propios términos, con

reparaciones financieras, transferencia de tecnología y autonomía para definir sus

propias sendas de desarrollo. Por otra parte, promueve la construcción de una

solidaridad global que también apoye transiciones justas y soberanas para los

pueblos del Norte Global, cuyo control sobre sus propias economías es crucial para

acabar con el imperialismo y la explotación de la clase trabajadora y la Madre Tierra

( https://viacampesina.org/es/cop-30-manifiesto-de-la-via-campesina-tierra-y-derechos-para-quienes-enfrian-el-planeta/ ).

La propuesta de La Vía Campesina no es algo reciente. En efecto, en muy diversos

momentos desde su nacimiento en 1993 ha criticado frontalmente el modelo

de crecimiento económico neoliberal y el agronegocio debido a que ambos priorizan

la rentabilidad corporativa y la especulación financiera sobre el bienestar social, la

salud humana y la sostenibilidad ambiental. Sin duda alguna, un modelo que genera

pobreza, expulsa a los pequeños agricultores de sus tierras y destruye la

biodiversidad.

A todas luces, America Latina y el Caribe, como buena parte del resto del mundo, se

encuentran en la encrucijada de una compleja etapa histórica caracterizada por una

doble crisis: la del crecimiento global y la del propio concepto usado hasta aquí para

medir e interpretar dicho crecimiento. Crisis agravada por guerras con efectos

perniciosos en todo el mundo y en particular en el Sur Global, que paga el precio

más alto, el de la creciente pobreza extrema.

Concordia 1021 Digital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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