Liliana Salinas y el arte de la estafa electoral: cuando la "Libertad" era solo un disfraz de temporada - Confirmado
En la política entrerriana existen las traiciones, los pases de factura y, luego, está lo de Liliana Salinas. La actual diputada provincial, que logró su banca colgada de la boleta de Javier Milei, ha terminado de sacarse la careta en este 2026. Con
En la política entrerriana existen las traiciones, los pases de factura y, luego, está lo de Liliana Salinas. La actual diputada provincial, que logró su banca colgada de la boleta de Javier Milei, ha terminado de sacarse la careta en este 2026.
- Por Redacción
Con una frialdad que asombra hasta a los más curtidos en los pasillos de la Legislatura, Salinas ha pasado de ser la abanderada de la libertad en la provincia a despreciar aquel movimiento tildándolo de una simple moda pasajera.
El engaño se cocina a fuego lento, pero sus efectos son inmediatos. Miles de entrerrianos que en 2023 buscaron una ruptura profunda con el sistema tradicional, confiaron en el sello que Salinas administraba. Sin embargo, la estafa electoral se consumó apenas se contaron los votos: la legisladora rompió con el bloque libertario antes siquiera de jurar, quedándose con una banca que, en términos éticos, no le pertenece a ella, sino a un proyecto que decidió abandonar por conveniencia personal.
El cinismo de la tendencia pasajera
Lo que hoy indigna no es solo su alejamiento, sino el desprecio por la voluntad popular. Al definir al movimiento libertario como una moda, Salinas no solo se desentiende de sus promesas de campaña, sino que trata de vulnerables o ingenuos a sus propios votantes. Si el liberalismo era una tendencia de temporada, como una prenda de vestir que se descarta al año siguiente, cabe preguntarse por qué la diputada no tuvo la honestidad intelectual de devolver la banca cuando decidió cambiar de vestuario político.
La respuesta es simple: la comodidad del poder no pasa de moda. Salinas ha transformado su monobloque en una suerte de pyme legislativa, donde el capital más valioso es su voto solitario, siempre disponible para ser negociado en el mercado de las necesidades del Ejecutivo provincial.
Una opositora con contrato de exclusividad
La contradicción de Salinas es su mayor herramienta de supervivencia. Mientras en sus redes sociales ensaya críticas tibias hacia el gobierno nacional para retener a ese electorado que todavía cree en la rebeldía, en el recinto de Paraná su conducta es diametralmente opuesta. La diputada se ha convertido en una pieza funcional y silenciosa del engranaje del gobernador Rogelio Frigerio, actuando como una aliada estratégica vestida de opositora.
Esta dualidad le permite jugar a dos puntas: cobra con el discurso de la independencia pero factura con la obediencia al oficialismo provincial. Es el camaleonismo político llevado a su máxima expresión. Mientras Entre Ríos atraviesa desafíos estructurales que requerían una oposición seria y coherente, Salinas prefiere el nomadismo político, saltando de barco en barco según sople el viento de las encuestas o de las cajas provinciales.
En definitiva, lo de Liliana Salinas es un caso de estudio sobre el oportunismo. Entró por la ventana del cambio y cerró la puerta por dentro para negociar con los mismos de siempre. Para los entrerrianos que esperaban una transformación real, Salinas no fue más que un espejismo: una dirigente que usó las ideas de la libertad como un disfraz de carnaval, solo para terminar bailando al ritmo de la casta provincial una vez que se apagaron las luces de la campaña.