La vida después de Pablo González: una familia atravesada por el dolor y la espera
A casi 10 meses del crimen de Pablo González, su familia abrió las puertas de la casa donde creció y habló con Diario Chaco sobre el vacío que dejó su mue
En el hogar donde Pablo González creció todavía quedan rastros de su rutina y de la vida que llevaba antes de aquella madrugada de julio en Resistencia. La casa sigue llena de él, como en las fotos apoyadas sobre la mesa, en los carteles con pedidos de justicia, en el taller del fondo donde trabajaba y también en los relatos de su familia. Su mamá, Catalina Casabuena, lo recuerda entrando y saliendo, poniendo música, haciendo bromas, trabajando hasta la madrugada. "Él era el alma de todo", resume, mientras alrededor suyo se acomodan el padre Héctor González, su hermana María del Carmen, su hermano Franco, su pareja Mariel Benítez y su hijita Paula.
Durante la entrevista con Diario Chaco , la familia vuelve una y otra vez sobre los proyectos que Pablo había dejado en marcha antes del crimen. Había regresado allí unos meses antes de esa trágica noche, trabajaba sin descanso y soñaba con terminar la secundaria para recibirse de maestro mayor de obra. "Le faltaba una materia nomás", dice Catalina.
Pablo tenía 27 años y era papá de Benjamín, de 9 años, y de Paula, de 5. Fabricaba barandas, parrillas, portones y todo tipo de estructuras. El taller todavía está detrás de la vivienda familiar, donde pasaba largas horas. "Él era casero y se desvivía por sus hijos. Cuando Mariel quedó embarazada, se enfocó de lleno en sacar adelante a la familia. Podía quedarse en el taller hasta las 10 u 11 de la noche. No tenía horario", recuerdan.
"Le cortaron todos sus sueños", se lamentó luego la madre.
La noche del crimen
La madrugada del 13 de julio del año pasado Pablo salió junto a su hermano menor a un baile en un bar ubicado en Villa Prosperidad, Resistencia. La familia sostiene que todo comenzó por un roce dentro del lugar. Franco, testigo directo del ataque y quien reconoció a los acusados, asegura que recibió un golpe sin motivo y que Pablo reaccionó para defenderlo cuando lo vio ensangrentado. "Yo siempre fui educado. Para pasar más que nada entre la multitud de gente, yo levanto la mano pidiendo permiso. Y de la nada me tocan la espalda, me doy vuelta y me dan un golpe. Me dieron un golpe bastante feo en la cara. Me dejaron el ojo morado, me sangró la nariz" , relató.
Lo que había empezado dentro del bar continuó afuera y terminó de la peor manera. "Lo acorralaron", afirma María del Carmen. Según reconstruyen a partir de filmaciones y testimonios, allí aparecieron las armas y Pablo González resultó gravemente herido. Las cámaras, dicen, registraron cómo Pablo intentó cubrirse con la campera mientras lo atacaban con cuchillos.
Tras el ataque, los hermanos González buscaron ayuda. Malherido, Pablo condujo su auto hacia el Hospital Perrando. El menor no sabía manejar. Pero, "lastimosamente no llegamos. Yo le perdí a mi hermano al lado mío. Yo lo sostuve a él" , expresó Franco conmovido.
Catalina y Héctor, enterados del hecho, llegaron al hospital y todavía lo estaban reanimando. Pero "el doctor nos dijo que fue imposible. El cuchillo le entró casi 4cm por 3cm de ancho en el corazón. Me entregaron sus cosas llenas de sangre", narró el papá.
"Una úlcera me agarró a mí, el estómago de los nervios que me aguanté", descargó luego.
Desde entonces, la familia quedó atravesada por el duelo y por una causa judicial que siguen de cerca. Dos hombres permanecen detenidos con prisión preventiva. La familia González asegura de que "tienen graves antecedentes penales". En tanto, la primera audiencia preliminar debía realizarse días atrás, pero fue suspendida. Ahora quedó reprogramada para el jueves 14 de mayo y habrá otras dos audiencias antes de la elevación a juicio por jurados.
"Él nos va a faltar toda la vida"
En medio de la conversación, Paula aparece cerca de los carteles con la imagen de su padre. Es demasiado chica para entender completamente lo que pasó. La familia intenta sostenerse entre todos. "Nos mantenemos unidos", sostiene la hermana mayor. Después baja la mirada: "Él nos va a faltar toda la vida".
Cada recuerdo sobre Pablo vuelve inevitable la pregunta de cómo una salida terminó en un crimen que les cambió la vida para siempre. Dicen que era sociable, trabajador, familiero y "mamengo" hasta de grande. Le gustaba jugar a la pelota, escuchar música y pasar tiempo con sus hijos. "Nosotros veíamos estas noticias y decíamos a nosotros nunca nos va a pasar", recuerda.
La familia teme que el expediente termine reducido a una simple riña callejera e insisten en que las pruebas muestran otra cosa. "Que la Justicia no tome esto como una pelea más", pide Héctor.
"No nos van a devolver la vida de Pablo, pero nosotros tampoco queremos que ellos sean libres para que maten a otra persona después", agrega María del Carmen.
Después vuelve sobre una preocupación que atraviesa a toda la familia: "Por favor, que no salgan. Van a seguir lastimando gente, más familias. O que nuestra vida también corre peligro porque somos la familia de Pablo. A ellos no les importa nada, la vida de nadie. No queremos que anden libres por ahí. No sabemos quiénes son realmente ni qué se les puede cruzar por la cabeza".
Mientras esperan el juicio, la familia repite el mismo pedido desde hace meses. "Lo único que queremos es perpetua para los culpables", resume Catalina, "y que no hagan más daño a nadie".