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Provinciales
Panorama 12/05/2026 13:37 2 min de lectura

La empatía tiene que estar por sobre todas las cosas: la historia de una enfermera con 36 años de vocación - Diario Panorama

Magdalena Frías trabajó casi dos décadas en el interior santiagueño y recordó los desafíos, sacrificios y aprendizajes que marcaron su carrera profesional.

La empatía tiene que estar por sobre todas las cosas: la historia de una enfermera con 36 años de vocación - Diario Panorama
Foto: Panorama

Magdalena Frías trabajó casi dos décadas en el interior santiagueño y recordó los desafíos, sacrificios y aprendizajes que marcaron su carrera profesional.

En el marco del Día Internacional de la Enfermería, un equipo de Diario Panorama dialogó con Magdalena Frías, una enfermera ya jubilada que dedicó 36 años de su vida al cuidado de los demás y que hoy sigue sosteniendo el mismo compromiso y amor por su profesión.

Con emoción, Magdalena recordó sus inicios y especialmente los 18 años que trabajó en el interior de Santiago del Estero, donde muchas veces debió desempeñar múltiples roles con escasos recursos. Era enfermera, partera y hasta psicóloga. No había horarios. Había que estar siempre, contó.

Durante esos años atravesó largas distancias, intensos calores, noches de frío y caminos difíciles para poder asistir a sus pacientes. Sin embargo, aseguró que nunca sintió el peso de las carencias porque el cariño de la gente y la pasión por ayudar siempre fueron más fuertes.

Entre las innumerables historias que guarda en su memoria, destacó una que la marcó profundamente: una gran crecida del Río Salado, en medio de la cual tuvo que asistir un parto y ayudar a cruzar a una mujer embarazada para que pudiera dar a luz.

Era una situación muy difícil, pero había que hacerlo. Esa niña hoy debe tener unos 20 años y sus padres le pusieron mi nombre, recordó emocionada.

Magdalena también relató que, mientras trabajaba en el interior, muchas veces debía llevar a sus propios hijos con ella o dejar su cuidado en manos de vecinos solidarios para poder atender emergencias. La gente ayudaba mucho. Todos entendían que había personas que necesitaban atención, señaló.

Luego de casi dos décadas en zonas rurales, continuó su carrera en la ciudad Capital, desempeñándose en distintos centros de salud hasta finalizar su labor en el CIS Banda. Además, aprovechó esos años para seguir formándose y logró completar la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional.

Aunque hace algunos años llegó su jubilación, asegura que nunca dejó de sentirse enfermera. Si alguien me necesita, yo voy a estar. Amo esta profesión y siempre voy a ayudar, expresó.

Finalmente, dejó un mensaje para las jóvenes que hoy eligen este camino: Que estudien y se perfeccionen, pero que nunca pierdan la esencia ni la empatía. Todos somos iguales, ni más ni menos.

Y concluyó con una frase que resume toda su trayectoria: Mi uniforme no me hace más que el paciente. Hay que atender a las personas como uno quisiera ser atendido.

Panorama Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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