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Provinciales
9digital 12/05/2026 07:26 3 min de lectura

Una mirada desde la alcantarilla. Piel, el nuevo libro de poemas de Ferny Kosiak - 9 Digital - Mi 9

Una mirada desde la alcantarilla. Piel, el nuevo libro de poemas de Ferny Kosiak -

Una mirada desde la alcantarilla. Piel, el nuevo libro de poemas de Ferny Kosiak - 9 Digital - Mi 9
Foto: 9digital

Piel de Ferny Kosiak

Nuevo libro de poemas del escritor entrerriano

Que nazcan flores en la cadera, que haya una mirada que traspasa el tiempo mientras un par de niñas se hamacan, que un pastillero marque los días y que el mar -entre castillos que se deshacen- alejen a la muerte.

Ferny Kosiak con aciertos y agudeza poética examina como si fuera bajo lupa las posibilidades de la lengua ante el dolor, el físico identificable médicamente y el otro, que se disfraza.

Compré un pastillero con los días

impresos sobre cada espacio con tapita

para no olvidar ninguna dosis

de la droga que hoy

dijo el psiquiatra

ya no puedo seguir tomando.

Existe una parte en mi cerebro

que desata la picazón en las piernas.

Cuando te pica en los pliegues del cuerpo

es más complicado, dijo.

Mañana comenzaré a caminar

sólo para liberar endorfinas

para aplacar mi propio ataque.

El enemigo está afuera

hecho traba

vuelto cierre

clausura

anida en mí

como pétalo enrollado

que en algún momento tensará la explosión.

Leí Piel, el último libro de poemas publicado por Ferny Kosiak en editorial El andamio. Leí (lo hago siempre) a mi mejor amigo y escribo como todo eso que soy (una íntima y desaforada lectora) sobre esta experiencia.

Pienso en los codos duros, los labios empollando cicatrices, la culebrilla con la vuelta como indicando que ahorca al cuerpo que toma. Y pienso en eso de los síntomas que aplastan al lenguaje. Porque en este libro hermoso todo lo físico se traslada a las escenas que subliman el dolor y la palabra abre imágenes, no las clausura. Como si dijera la cura está en quienes la voz poética ama y a su vez, el poder de esa voz sobrevuela para estar sobre pequeños cuidados ajenos. Recuerdo mientras releo unos versos de Jericho Brown:

A cada cuerpo Dios le da dolores. Cuando el dolor se sube

a mi cuerpo, yo trato de pensar en mis ancestros blancos que hicieron sufrir

a sus bastardos negros de manera totalmente legal. Me enferma

decir esto, pero a veces un dolor puede aliviar otro.

Quizás los traigo porque Piel va a contrapelo de esa idea, cuidar es un poder que se comparte y sufrir no alivia a nadie. Lo que consuela es salvar:

Hoy salvé una mariposa

y ahora vos también sabés cómo.

El libro es poderoso, no hay un poema que esté afuera, que desentone.

Aunque cada escamita se abra como mostrando una íntima herida, un universo compuesto por personajes: gata, sobrinas, vieja amiga muerta, novio todo lo que nombra regenera porque lo pronuncia desde el amor. Hay un escenario que también se erige con cualidades transformadoras: plantas, paisaje acuático, insectos, animales. Escarba con acierto en alusiones bíblicas bien sabidas, como si fuesen salmos que aparecen de la mano del poeta.

La figura de la voz espanta males puede ser un tío sobreprotector, un observador de la crueldad de la infancia, alguien que toma las argollas que duelen en las manos por el peso de la muerte, pero siempre la voz ancla su sabiduría en la ternura.

De este libro se sale con esos cimbronazos en la epidermis: piel de gallina, decían en mi pueblo, escozor, quienes pretendían sonar mejor. Lo cierto es que en Piel las cosas comunes ahora nos erizan.

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