Una mirada desde la alcantarilla. ¿Podemos parar y pensar? - AHORA Entre Ríos
Creo que por desconfiados perdemos un asombro hermoso. (Iba a usar la palabra pueblerinos pero me parece tan hermosa que no merece el peyorativo de la frase.) Esta falta de empuje hacia lo incómodo que es moverse (y esto es innegable) está totalmente
¿Podemos parar y pensar?
Es muy chiquito el tránsito que recorremos. Cada unx de nosotrxs está siempre más o menos en los mismos temas y en las mismas cosas, tropezando con palabras similares, buscando el olor querido. Es hermosa la comodidad, no puedo negarme nunca. Prefiero mi casa, mis hijos, mi cama pero cuando salgo y me exprimo la conciencia por dejar el ritmo de las tareas domésticas, por soltarme la correa y la lengua y me entrego al trote desparejo, trago un aire que me llena y los pulmones agradecen el pálpito del pecho.
Hablamos sobre esto con amigxs, decimos nos hace tan bien y nos cuesta tanto y ahí en el costo recuerdo a la profesora que me daba contabilidad. Las columnas del debe y el haber, el saldo parejo al final de las hileras hechas con reglas en las hojas Rivadavia.
Una deuda: no nos movemos hacia otrxs porque nos cuesta. Ponemos un casillero con energía, dinero, acuerdos y equilibrios para que la alacena no se derrumbe sobre los cachorros. y consignamos que no nos conviene. Es mayor el costo que el beneficio. Pero también, mamitas, esto de postergar encuentros, es solo una decisión propia. Arraigada en la sumisión de la mujer que jamás suspendería el desfile de jardineros, ni las fiestas de cumpleaños, ni la salida con lxs niñxs de la manito apretada y caliente. Es cierto, en mi caso fui madre precoz y después tardía, una hija adulta que no quiere crecer y dos chiquitos demasiado pequeños para perderles el rastro. Así, con los días llenos de arcoiris que van de los matices más estridentes a los opacos y de desde ahí a la luminosidad de la noche, concluyo siempre en la gratitud a Dios por las leves suspensiones de la respiración cerca. Poetizo el sueño interrumpido por palabras sueltas en las bocas dormidas de mis hijxs que hacen un eco sobre mi pelo. No siempre me digo que dormí como el c. La belleza de maternar tiene un encanto digno de las ficciones: hasta lo más molesto se vuelve una maravilla.
Pero pienso en la gente moviéndose en la Feria del Libro, gente deambulando entre más gente, persiguiendo sellos editoriales y agenda, chocando las costillas con mesas en los stands de distribuidores y haciendo filas para escuchar a gente que escribe. El libro como receptáculo digno de una manifestación: me hace bien que existan cosas escritas y que yo pueda suspender mi cuerpo en demanda de otra voz que se me presta, así tan linda.
En la sala donde iba a estar Selva Almada, por ejemplo, la cola para esperarla parecía la de un recital. Esto que para mí es extrañísimo, (hace poco fui a hacer una lectura a una pastelería pero no llegó nadie de público, el hecho, lejos de sorprenderme, me confirmó las sospechas y me llenó de chistes).
Creo que por desconfiados perdemos un asombro hermoso. (Iba a usar la palabra pueblerinos pero me parece tan hermosa que no merece el peyorativo de la frase.) Esta falta de empuje hacia lo incómodo que es moverse (y esto es innegable) está totalmente enhebrado a la situación social y económica, pero que también con un poco de astucia, en los espacios más cercanos dejamos de acercarnos por chantas. Ni dos cuadras nos movemos por actuaciones de músicos gratis, por talleres, presentaciones y propuestas que nos abren los sentidos. Me involucro y me cuestiono, lo converso con amigos y conocidos (o con extraños con quienes comparto esperas). Hay otro factor en un segmento muy chiquito: los egoísmos y divismos entre quienes deliran artistas en vez de pensarse haciendo algo que deviene en arte. La postura yo soy más digno de ser visto que de ver a otros, es bastante frecuente, pero en la platea general la distancia es otra, una serie de prejuicios se enhebran y hacen un eslabón indisoluble: debe ser un embole, queda afuera de mis intereses, quiénes son esos fantasmas, es re lejos, con quién voy, prefiero una serie y manta en mi sofá, etc. El aislamiento que tanto nos destruyó en la pandemia, ahora es la primera vocecita antes que confirmar asistencia. Si tuviéramos visibles como Homero Simpson al diablito y la versión angelical , seguiríamos la que nos aparta.
Por qué pienso, si después agradecemos. Nos abrazamos antojados de un tercer tiempo. Que después pateamos al más allá.