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Provinciales
9digital 07/05/2026 09:09 2 min de lectura

Una mirada desde la alcantarilla. Pequeñas sombras se deslizan - 9 Digital - Mi 9

Una mirada desde la alcantarilla. Pequeñas sombras se deslizan -

Una mirada desde la alcantarilla. Pequeñas sombras se deslizan - 9 Digital - Mi 9
Foto: 9digital

Pequeñas sombras se deslizan

Como si Dios lanzara su sombra encima de las pocas nubes

que blanquean el aire celeste

la bandada pasa y deja la temperatura

de los cuerpos que se van sin temor a las despedidas.

Podrían ser golondrinas o pumas que rasguñan el aire.

Animales fugaces cortan con sus garras una rama hecha de cielo.

Los niños señalan con las manos el rastro

corren sobre el pasto y cruzan pequeños montículos oscuros.

Las huellas se imprimen fácilmente en el lomo de la tierra suelta.

Como si ellos también fuesen un montón de pájaros

que alcanzan altura

estos hijos se van

abren los brazos y planean un viaje que desconozco.

*

Entre las cosas viejas que aparecen como nuevas

los documentos de la abuela muerta,

la cara desconcertada, otra guerra en la espalda

en los omóplatos las ruinas de la casa

la lengua en común y un barco lleno de cuerpos

la estampida mamífera huyendo de las bombas y el hambre.

Acá la necesidad de aferrarse a un hombre

ombligos agujereados, los nudos de las velas en la panza

los hijos nacidos como un ajuste de cuentas con la suerte.

La refundación de los nombres. La desaparición de una vida anterior.

*

Libramos uniones: ojos pardos, gatos que rompen los tapizados de la piel, dejamos la joroba de un camello sentada en el paladar.

Amamos el aderezo de una sola salsa, perseguimos el sonido de la flauta como si nos colgara una cola antigua, alimentamos el instinto animal. Perseguimos y sobrevivimos. El océano como una cama hecha de dientes. El cuerpo anestesiado de miedo. Las pupilas abiertas como algas y dentro de ellas millones de hormigas cargando el esqueleto.

*

Palabras esdrújulas escritas a mano con la tinta que cae como una lágrima.

Mi abuela se hace llamar Pilar pero la letra solo escribe María.

Como si las mujeres que cubren los hombros, fueran todas venidas de una misma madre. María y la forma apretada de nombrar su apellido, la transcripción fallada que abrirá más grietas entre sus labios.

*

Con los niños aprendemos un puñado de nombres de especies: gaviotas y gorriones, la forma de los cuellos, tordos y gatos negros, las supersticiones escondidas. Ellos pisan de nuevo las marcas de su cuerpo. La tierra de los canteros cede a su peso. Una vez más, levantan la cara al cielo. Miran cómo se despluman los árboles. Cuentan hojas y alas, piedras y números. Una isla flota entre nosotros.

*

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