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Infobae 04/05/2026 22:26 4 min de lectura

Crimen de Diego Fernández Lima: un allanamiento sin resultados en la casa de Cristian Graf y un cambio de rumbo en la causa

El procedimiento fue realizado por Gendarmería en la vivienda del principal acusado. En paralelo, el fiscal López Perrando pidió recaratular la causa como homicidio simple

Crimen de Diego Fernández Lima: un allanamiento sin resultados en la casa de Cristian Graf y un cambio de rumbo en la causa
Foto: Infobae

A casi un año del hallazgo de los restos de Diego Fernández Lima el adolescente de 16 años que desapareció durante la tarde del 26 de julio de 1984 luego de tomarse el colectivo para ir a visitar a un amigo efectivos de Gendarmería Nacional allanaron este lunes la casa de Cristian Graf, el principal acusado por el crimen de Diego.

La información fue confirmada a Infobae por el abogado de Graf. Lo que hicieron fue pasar un georadar por el patio trasero para ver si encontraban algún resto, y no hallaron ningún elemento de interés para la causa, indicó Martín Díaz.

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De acuerdo con el letrado, el objetivo era buscar más restos óseos, ropa o elementos que pudieran servir como prueba del homcidio. Dio negativo, sostuvo a cerca del procedimiento llevado a cabo en el domicilio ubicado en la avenida Congreso 3742, en el barrio porteño de Coghlan.

Después de que la Sala IV de la Cámara Nacional de Apelaciones resolvió a fines de noviembre pasado la revocación del sobreseimiento y la declaración indagatoria de Cristian Graf por supresión de evidencia y encubrimiento, el fiscal López Perrando recaratuló la causa como homicidio simple.

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En ese contexto, presentó un escrito ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°56 de la Ciudad de Buenos Aires, en el cual solicitó un allanamiento en el domicilio del acusado con el fin de dar con los restos óseos faltantes de quien fuera en vida Diego Fernández, como así también con material no biológico de interés y el arma utilizada para dar muerte.

Sin embargo, lo resultado fueron negativos. Como esos delitos no se pudieron demostrar, ahora el fiscal intenta llevar esto por el lado del homicidio, en el cual a todas luces opera la prescripción, sostuvo Díaz, en diálogo con la Agencia Noticias Argentinas. A su vez, manifestó que el Estado argentino le debe una respuesta a la familia Fernández Lima.

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El crimen de Diego Fernández

El joven fue visto por última vez con vida el 26 de julio de 1984 en la Ciudad de Buenos Aires, día en el que regresó del colegio, almorzó con su madre y le pidió dinero para viajar en colectivo. Alrededor de las 20.30, como el adolescente no volvía, sus padres acudieron a la entonces Comisaría 39° de la Policía Federal para reportar su desaparición, donde asentaron el caso como una presunta fuga de hogar.

Así, comenzó una búsqueda con panfletos pegados en el barrio, al tiempo que trataron de visibilizar su desaparición en los medios de comunicación. Su padre dio una entrevista por el caso en 1986 y murió sin saber el destino de su hijo.

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Los restos óseos de Fernández Lima aparecieron el 20 de mayo pasado, cuando un grupo de obreros levantaba una pared medianera en la casa de avenida Congreso 3748 que había sido propiedad de la artista Marina Olmi -hermana del actor Boy Olmi-, y que había alquilado el músico Gustavo Cerati, entre 2002 y 2003.

En ese contexto, se produjo un desmoronamiento de tierra desde el jardín del chalet lindero de Congreso 3742, donde vivía, desde los años 70, el ex compañero de escuela de la víctima con su familia. Los obreros dieron aviso del hallazgo a una de las dueñas de la vivienda lindera -hermana del acusado-, al tiempo que un vecino llamó a la policía.

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La investigación recayó en la fiscalía a cargo de López Perrando, quien dio intervención al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Al analizar los 151 fragmentos de huesos hallados, los especialistas determinaron que el adolescente fue asesinado de una puñalada en el tórax que dejó una marca en su cuarta costilla derecha. También que, tras el crimen, intentaron desmembrarlo, aunque no pudieron. Tras ello, lo enterraron en una improvisada fosa a 60 centímetros de profundidad en el jardín de la casa.

Junto a los restos óseos, había una moneda japonesa, un reloj con calculadora Casio -fabricado en Japón en 1982-, un llavero flotante naranja con una llave, una ficha de casino, la hebilla de un cinturón, la suela de un mocasín talle 41 y una corbata tejida de uniforme colegial. Estos elementos brindaron indicios sobre la edad de la víctima y permitieron fijar la década del 80 como la época en la que se habría cometido el crimen.

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