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Provinciales
Infobae 03/05/2026 15:09 4 min de lectura

Las vacaciones paradisíacas de Guillermina Valdes con sus hijos en Cerro Bayo: relax, deportes de aventura y mucha paz

La modelo se dedicó unos días de descanso en su agenda y viajó al sur del país junto a su familia. Distracciones y momentos para atesorar en Villa La Angostura

Las vacaciones paradisíacas de Guillermina Valdes con sus hijos en Cerro Bayo: relax, deportes de aventura y mucha paz
Foto: Infobae

En el corazón de la Patagonia argentina, Guillermina Valdés eligió cambiar el ritmo agitado de la ciudad por la calma y la naturaleza de Cerro Bayo, un enclave de esquí boutique en Villa La Angostura, provincia de Neuquén. En este rincón donde el invierno empieza a insinuarse aunque el calendario recién marca el inicio de los fríos, las bajas temperaturas ya se sienten en el aire y marcan el tono de los días. Valdés decidió aprovechar este clima y escapar junto a sus hijos para vivir unas vacaciones diferentes, donde el relax y la aventura se entrelazan a cada momento.

Lorenzo, fruto de su relación con Marcelo Tinelli, y Dante, Paloma y Helena, hijos de su vínculo con Sebastián Ortega, la acompañan en este viaje soñado. La familia se despliega por los paisajes del sur, con la vegetación como telón de fondo, viviendo experiencias que se graban en la memoria y también, en parte, quedan retratadas en las redes sociales de la modelo.

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Guillermina encuentra un respiro en este entorno. Los días se inician con el abrigo bien puesto y el entusiasmo de descubrir qué ofrece la jornada. El frío se siente, pero no detiene ninguna de las actividades que planean. Entre las opciones de relax y turismo aventura, ella opta por combinar ambas. De esta manera, se la ve caminando junto a Lolo, su hijo menor, por los senderos que serpentean entre bosques y montañas. El trekking se convierte en una forma de conexión, no solo con la naturaleza, sino también entre madre e hijo, quienes avanzan juntos, atentos a cada detalle del paisaje. El aire limpio, el silencio interrumpido solo por el crujir de las hojas o el canto de algún pájaro, hacen que cada paso sea una experiencia nueva.

Al regresar al hotel, el contraste con el exterior se vuelve una caricia: el calor del fuego, el refugio de la habitación, el tiempo para disfrutar de la lectura. En uno de sus primeros mensajes compartidos, Guillermina muestra ese instante íntimo, sentada junto a un fuego intenso, con un libro en las manos, entregada a un momento de calma. Este espacio también es parte del viaje, porque permite bajar la guardia, dejarse llevar por las palabras impresas y sumergirse en historias mientras, afuera, el frío sigue marcando el ritmo del lugar.

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Pero las jornadas no se quedan solo en el descanso. El agua se suma a las aventuras cuando, junto a Dante, se animan a nadar en la piscina climatizada. El vapor se eleva por encima del agua y la sensación de calor envuelve a los bañistas, que aprovechan para jugar a sumergirse y bucear hasta el fondo. Esos instantes de complicidad, risas y juegos entre madre e hijo son pequeños tesoros que el viaje regala.

La familia también decide explorar la Patagonia de una forma distinta: a caballo. Todos juntos, perfectamente abrigados, montan para recorrer los senderos que rodean el centro de esquí. Las cabalgatas se vuelven un plan ideal para quienes buscan disfrutar del paisaje sin prisa, sintiendo el ritmo pausado del animal y el contacto directo con la naturaleza. El grupo familiar avanza como una pequeña caravana, atentos a los cambios de color en el bosque, a la brisa helada que roza las mejillas y a las vistas que se abren paso entre los árboles.

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El relax sigue ganando espacio entre las actividades. Guillermina se entrega a la lectura siempre que puede, aprovechando la tranquilidad del entorno para perderse en las páginas de un libro. Pero el espíritu inquieto también la impulsa a probar deportes de aventura. Remar en kayak se suma a la lista de experiencias. El lago, frío y calmo, refleja el cielo y las montañas, mientras la modelo, remo en mano, avanza junto a su familia, sintiendo la fuerza del agua y el viento en el rostro.

En todo momento, las redes sociales se convirtieron en una ventana hacia el viaje. Guillermina compartió imágenes y relatos de su estadía, mostrando no solo los lugares sino también los pequeños momentos que marcaron la diferencia: una caminata, una tarde de lectura, una zambullida en la piscina o una cabalgata por senderos de árboles centenarios. El viaje a la Patagonia se transformó así en una suma de experiencias, donde la familia, el contacto con la naturaleza y la aventura se entrelazaron para construir recuerdos únicos.

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