Mujeres en la construcción: la historia de Sandra Albano, entre los cálculos estructurales y la docencia - 9 Digital - Mi 9
Sandra Albano, maestra mayor de obra y profesora, relató su experiencia, los desafíos de dirigir a los obreros y su pasión por transmitir el oficio a las nuevas generaciones.
Día a día, el número de mujeres que se desempeñan en obras, cálculos y proyectos arquitectónicos crece de manera sostenida, derribando prejuicios. Un claro ejemplo de esta transformación es Sandra Albano, maestra mayor de obra y docente, quien compartió su inspiradora trayectoria laboral y relató cómo logró abrirse camino en una profesión desafiante.
El vínculo de Sandra con los ladrillos y el cemento comenzó en la universidad y se forjó en el trabajo de campo. Estudié arquitectura, arranqué y no pude terminar. Mientras estudiaba, empecé a trabajar en un estudio pasando planos, a ir a la obra, a hacer relevamientos y me gustó, relata. Ante la imposibilidad de finalizar la carrera universitaria, decidió hacer el secundario en una escuela técnica nocturna, donde finalmente se recibió de maestra mayor de obra.
En sus primeras experiencias a cargo de proyectos debió enfrentar de lleno el machismo instalado en el sector. Al momento de hacer la dirección e inspección de las obras, imponer su autoridad no era tarea sencilla. Muchas veces no te miran bien porque es como que piensan ¿cómo nos va a mandar una mujer?. Entonces por ahí no hacen caso o te miran feo, confiesa Sandra. Sin embargo, destaca que el panorama está cambiando: Hoy en día hay muchos avances, la verdad que se ha avanzado un montón. Tengo muchas compañeras que son operarias y capataz de obra.
Su verdadera fascinación dentro del rubro es el esqueleto de las edificaciones. Me gusta saber cómo trabaja una estructura, cómo se sostiene y qué hay adentro. Me dedico más que nada a la parte estructural y les hago cálculo a los arquitectos porque es lo que más me interesa, detalla sobre su labor técnica.
Actualmente, Sandra ha encontrado una nueva vocación que la apasiona aún más que dirigir una obra: las aulas. La docencia la descubrí de grande. Creo que me llama más que la construcción: el poder volcar todo lo que sé, difundirlo a mis alumnos y que ellos entiendan, explica con orgullo.
Para ella, la mayor recompensa llega con el tiempo. Está muy bueno cuando te los encontrás en la calle y te dicen profe, estoy estudiando arquitectura o ingeniería, te reconocen y te dan las gracias, concluye Albano, mostrándose completamente convencida de que el futuro de la construcción tendrá a muchas más mujeres como protagonistas.