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El Mundo,Edición impresa
El dia La Plata 26/04/2026 05:15 4 min de lectura

De Chernobyl a la invasión rusa, las dos guerras de Nicolái

Trabajaba en la central cuando explotó el reactor 4 y logró sobrevivir. Cuatro décadas después, su hijo desapareció en combate

De Chernobyl a la invasión rusa, las dos guerras de Nicolái
Foto: El dia La Plata

Trabajaba en la central cuando explotó el reactor 4 y logró sobrevivir. Cuatro décadas después, su hijo desapareció en combate

Nikolái Soloviov tenía 27 años cuando la madrugada del 26 de abril de 1986 cambió su vida para siempre. Era mecánico de turbinas en la unidad 2 de la central de Chernobyl, a pocos cientos de metros del reactor 4, cuando ocurrió la explosión.

Sentí como un terremoto. Las turbinas seguían girando, un ruido muy fuerte, y no oí la explosión, recuerda hoy, con la precisión de quien no olvidó un solo detalle.

Las alarmas sonaron de inmediato. Soloviov caminó hacia el reactor destruido y lo que encontró en el trayecto fue una escena devastadora: Me crucé con un compañero irradiado que vomitaba, con otro que llevaban en una camilla y con uno desplomado sobre su computadora. Todos murieron poco después.

Al llegar, comprendió la magnitud del desastre. Se veía el cielo a través del agujero, cuenta.

A su alrededor, el agua brotaba de las tuberías rotas y el humo envolvía la estructura. Los bomberos lograron contener las llamas, pero casi todos murieron por la radiación.

Con el amanecer, el diagnóstico entre los trabajadores era brutal. Hablamos del tiempo que nos quedaba de vida. Uno dijo: dos semanas, relata.

En ese contexto, tomó una decisión que hoy recuerda con ironía: volvió a fumar después de meses. Mejor morir joven y guapo, dice, evocando aquel momento de fatalismo.

Tras terminar su turno, regresó a Pripiat. La ciudad seguía con su rutina habitual, aunque algo no encajaba: camiones rociaban las calles con un detergente espumoso. Al llegar a su casa, le pidió a su esposa que no saliera. Le dije que se atrincherara, cuenta.

Durante días, las autoridades soviéticas mantuvieron en secreto la gravedad del accidente, demorando la evacuación de miles de personas.

Lejos de abandonar la zona, Soloviov permaneció en la central durante los trabajos de liquidación, incluyendo la construcción del primer sarcófago que cubrió el reactor destruido y más tarde el segundo.

También vivió otros episodios críticos, como el incendio de 1991 en la unidad 2. Con los años se convirtió en ingeniero y continuó trabajando allí incluso después de que la planta dejara de producir electricidad en 2000.

Según su mirada, el desastre pudo evitarse. La prueba era peligrosa, afirma, y sostiene que la dirección decidió llevarla adelante para ganarse la simpatía de las autoridades soviéticas.

El costo humano fue devastador. Vi a decenas de conocidos morir de cáncer, señala. De los 22 trabajadores de su turno, solo cuatro siguen vivos.

La invasión rusa de Ucrania en 2022 volvió a alterar su vida. En los primeros días del conflicto intentó llegar a la central, pero no pudo: Los puentes estaban destruidos, recuerda.

Durante un mes, las tropas rusas ocuparon Chernobyl. El territorio que ya había sido símbolo de una catástrofe global volvió a quedar en el centro de un conflicto.

En ese contexto, su hijo menor se alistó en las fuerzas ucranianas. En septiembre de 2023 fue reportado como desaparecido en el frente.

La pérdida marcó un punto de quiebre. Sin fuerzas para continuar, Soloviov decidió jubilarse.

Aquí la gente dice antes o después de la guerra para hablar de 1986. Y ahora ya estamos viviendo la segunda guerra de nuestra generación, reflexiona.

Para Nikolái Soloviov, la historia no es una sucesión de fechas sino una experiencia personal atravesada por dos catástrofes. Primero, la guerra atómica contra la radiación invisible de Chernobyl. Después, la guerra real que se llevó a su hijo.

Su testimonio, cargado de memoria y dolor, condensa el drama de una región que, cuatro décadas después, sigue marcada por la tragedia.

Nikolái gesticula junto a una maqueta de la central de Chernobyl, en el Museo de la ciudad de Slavutych / AFP

Nikolái gesticula junto a una maqueta de la central de Chernobyl, en el Museo de la ciudad de Slavutych / AFP

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