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El Once Digital 23/04/2026 19:10 4 min de lectura

Dos hermanitos viajan diariamente 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela

Hermanitos santafesinos que viajan 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela cuando llueve en Santa Fe: una historia de esfuerzo y vida rural.

Dos hermanitos viajan diariamente 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela
Foto: El Once Digital

Dos hermanitos viajan diariamente 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela

La historia de los hermanitos santafesinos que viajan 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela refleja el esfuerzo cotidiano de dos chicos que viven en el campo y no faltan a clases.

La historia de los hermanitos santafesinos que viajan 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela refleja el esfuerzo cotidiano de dos chicos que viven en el campo y no faltan a clases.

Hermanitos santafesinos que viajan 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela: la frase podría sonar extraordinaria, pero para Aimará y Antonio Marelli es simplemente parte de su rutina. Viven en una zona rural cercana a Felicia, en el departamento Las Colonias, en el centro de Santa Fe, donde los caminos de tierra se vuelven un desafío cada vez que llueve.

La historia salió a la luz casi por casualidad, cuando una imagen comenzó a circular y despertó curiosidad. Detrás de esa postal había mucho más que una escena pintoresca: había compromiso, organización familiar y una fuerte convicción por la educación. Aimará, de 7 años, y Antonio, de 13, recorren unos siete kilómetros para llegar a sus respectivas escuelas.

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Cuando el clima acompaña, sus padres los acercan en moto o camioneta. Sin embargo, en días de lluvia, el barro vuelve intransitables los caminos y la alternativa más segura es montar a caballo. Lejos de verlo como un sacrificio, los chicos lo asumen con naturalidad.

Una rutina marcada por el clima y la distancia

Sí, los días de lluvia vamos a caballo a la escuela, cuenta Antonio con sencillez. No hay dramatización en sus palabras, sino la naturalidad de quien creció en un entorno donde el clima condiciona cada actividad cotidiana. Aimará lo escucha atenta y asiente, acostumbrada a esa dinámica.

Ambos asisten a clases en el turno tarde. Antonio cursa el primer año del secundario, mientras que su hermana está en segundo grado de la primaria. En jornadas lluviosas, deben salir más temprano de lo habitual: cerca de las 11 o 11:30 para llegar a tiempo.

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El regreso también tiene su particularidad. Con el atardecer ya avanzado, el camino se vuelve más oscuro. Sin embargo, ese momento también tiene su encanto: conversan sobre lo aprendido en clase y observan el cielo estrellado. La escena, sencilla, refleja una infancia profundamente conectada con la naturaleza.

Caballos, familia y vida en el campo

Los caballos ocupan un lugar central en la vida de estos hermanitos santafesinos que viajan 7 kilómetros a caballo para ir a la escuela. No son solo un medio de transporte, sino parte de su entorno cotidiano y afectivo. Antonio menciona a Gauchito y Torito como sus compañeros habituales de travesía.

La familia comparte esa conexión con la vida rural. Incluso Ámbar, la hermanita menor de apenas dos meses, ya tuvo su primer acercamiento a los animales. Entre risas, cuentan que la subieron un rato para que empiece a familiarizarse con ese mundo.

Después de la escuela, las tareas continúan. Ayudan en la casa, juntan huevos y colaboran en distintas actividades. El tiempo se organiza en función de la luz del día y las necesidades del campo, en una dinámica muy distinta a la urbana.

El valor de la educación en contextos rurales

A pesar del esfuerzo que implica cada jornada, los chicos tienen en claro su objetivo: no faltar a la escuela. El cansancio, aseguran, no proviene tanto del viaje a caballo, sino de la intensidad del día escolar, precisó Aire de Santa Fe.

En el aula también encuentran motivación. Aimará disfruta especialmente de las actividades artísticas, mientras que Antonio se inclina por materias como lengua, matemática y geografía. Ambos muestran interés y compromiso con su aprendizaje.

Cuando piensan en el futuro, no proyectan cambios drásticos. Antonio lo resume con claridad: le gustaría seguir un camino similar al de sus padres. En sus palabras no hay épica ni intención de sobresalir, sino una valoración genuina de su entorno.

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planero46Hace 1 hora

Y los hijos de los planeros no quieren ir a la escuela

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