En la NBA estalló la polémica con la regla de los 65 partidos que castiga lesiones reales
Básquet | La NBA exige jugar al menos 65 partidos de fase regular para optar a premios como MVP, Defensive Player of the Year...
En la NBA estalló la polémica con la regla de los 65 partidos que castiga lesiones reales
Nació para frenar el load management, reconocer la disponibilidad y proteger el valor competitivo de los premios individuales, aunque también ha generado críticas
Desde la temporada 2023-24, la NBA exige jugar al menos 65 partidos de fase regular para optar a premios como MVP, Defensive Player of the Year, Most Improved Player, All-NBA y All-Defensive Teams. La norma no afecta a Rookie of the Year, All-Rookie Teams ni Sixth Man of the Year, y además incluye una excepción técnica para ciertos casos de lesión de final de curso, siempre que el jugador haya disputado al menos 62 partidos y cumpla el umbral del 85% de participación previa.
La idea de fondo es clara: si un jugador quiere aparecer en la discusión por los premios más importantes de la temporada regular , debe estar disponible casi todo el año. En teoría, eso devuelve valor al calendario regular y reduce la práctica de reservar estrellas en partidos concretos o con menor importancia para la franquicia.
El gran argumento a favor es que la regla castiga el descanso voluntario y obliga a las franquicias a ser más transparentes con la gestión física de sus estrellas. Durante años, muchos aficionados pagaban una entrada o encendían la televisión para ver a una gran figura que finalmente no jugaba; la NBA buscó responder a ese problema con una norma dura y fácil de entender.
También hay una lógica competitiva: los premios individuales deberían reconocer no solo el nivel, sino también la capacidad de sostenerlo a lo largo de la temporada. En ese sentido, la regla favorece a jugadores que combinan élite y durabilidad, algo que para parte de la liga era una deuda pendiente con quienes sí cumplen noche tras noche.
Otro punto a favor es que la norma ayuda a ordenar la carrera por All-NBA y otros galardones en un contexto donde las cargas físicas son cada vez mayores. Donovan Mitchell, por ejemplo, ha defendido que la intención es correcta, porque empuja a priorizar la presencia y no solo el descanso planificado.
El principal problema es que la norma no distingue bien entre descanso estratégico y lesión auténtica. Esa falta de matiz puede dejar sin premios a jugadores que no eligieron ausentarse, sino que simplemente no pudieron evitar una lesión, y ahí aparece una de las críticas más repetidas por analistas y por el propio sindicato de jugadores.
El caso de Luka Doncic es un ejemplo perfecto de lo injusto de esta temporada. El esloveno se lesionó esta semana (abril de 2026) con una distensión de grado 2 en el isquiotibial izquierdo y, según la información disponible, se perderá lo que resta de la temporada regular. Su temporada ha sido estadísticamente descomunal: en 64 partidos jugados ha promediado 33.5 puntos, 7.7 rebotes y 8.3 asistencias. Y, sin embargo, si no logra volver a jugar, se quedará fuera de la elegibilidad por premios por un solo partido.
Eso expone la gran fragilidad de la regla: una temporada brillante puede quedar invalidada por una lesión a pocos días del cierre. El mensaje que recibe el jugador es duro: tu rendimiento puede ser de MVP, pero si no llegas al número exacto, no existes para el premio.
La NBA buscaba proteger la credibilidad de sus premios, pero la consecuencia puede ser la contraria: que los galardones se sientan más burocráticos que deportivos. Cuando un jugador como Joel Embiid ya fue uno de los grandes casos de impacto de la norma, o cuando figuras como Donovan Mitchell, Shai Gilgeous-Alexander, Nikola Jokic, Stephen Curry, Giannis Antetokounmpo o LeBron James aparecen rodeadas por el cálculo de partidos en vez de por su nivel real, el debate deja de ser puramente estadístico y pasa a ser filosófico.
La regla también puede cambiar incentivos de forma rara. Hay jugadores que, estando lesionados o con molestias serias, pueden sentirse empujados a volver antes de tiempo para alcanzar el umbral, lo que abre la puerta a riesgos médicos y a decisiones poco naturales. En vez de resolver el problema del calendario, la NBA corre el riesgo de sustituir el descanso excesivo por el retorno precipitado.
La solución quizá no sea eliminar la regla por completo, sino hacerla más inteligente. Podría mantenerse como castigo al descanso voluntario, pero con excepciones más flexibles para lesiones documentadas, o con un sistema que valore también minutos jugados, carga física y disponibilidad en partidos decisivos.
Hoy, la norma sí ha conseguido algo importante: poner la disponibilidad en el centro del debate y reducir la tolerancia hacia el descanso planificado. Pero también ha demostrado que una cifra fija no siempre captura la complejidad de una temporada NBA, donde el desgaste, la medicina deportiva y la competitividad no siguen una fórmula exacta.
En el fondo, la pregunta no es si jugar 65 partidos importa, porque claro que importa. La verdadera cuestión es si un premio que pretende medir grandeza debe depender tanto de una frontera tan rígida, justo en una liga donde una sola lesión puede cambiarlo todo.