Alfredo Veiravé, un gualeyo que dejó una obra inmensa
No son pocos los que consideran que Alfredo Veiravé fue un poeta chaqueño, sin embargo debemos destacar que era entrerriano, aunque vivió gran parte de su vida en la provincia de Chaco y allí, en la capital provincial, Resistencia, falleció el 22 de
No son pocos los que consideran que Alfredo Veiravé fue un poeta chaqueño, sin embargo debemos destacar que era entrerriano, aunque vivió gran parte de su vida en la provincia de Chaco y allí, en la capital provincial, Resistencia, falleció el 22 de noviembre de 1991.
Pero como apuntábamos, Veiravé era entrerriano. Nació en en Gualeguay el 29 de marzo de 1928 y allí comenzó a desarrollar su obra poética.
Se especializó en literatura hispanoamericana, sobre la que dictó cursos en nuestro país y en el exterior. Es autor, entre otras obras, de El alba, el río y tu presencia; Después del alba, el ángel; El ángel y las redes y Destrucciones y un jardín de la memoria.
Académico respetado y querido, Veiravé era además un gran lector, lo que le dio una visión especial como escritor, ya que ser un buen lector es una virtud fundamental de grandes poetas y de algunos grandes profesores de Literatura.
Veiravé sabía de clásicos y contemporáneos, pero se debe destacar que además su mente estaba abierta a novedades y descubrimientos. Quienes lo trataron con asiduidad afirman que para él la Literatura era arte puro; jamás la búsqueda narcisista de editores o subsidios.
Para muchos estudiosos de las letras, este entrerriano gualeyo fue uno de los grandes poetas argentinos del Siglo XX. Veiravé fue un hombre universal, enciclopédico, casi renacentista. Pero hoy, ¿quién lo estará leyendo?, ¿cuánta gente lee hoy a Veiravé?, ¿quién estudia su poesía?, ¿hay en nuestra comarca quienes lo hacen?. Podemos asegurar sin temor a equivocarnos que no son muchos los entrerrianos que leyeron o leen a Alfredo Veiravé.
Premiado muchas veces y en muchas ciudades y países, en los ambientes de literatura en serio, el nombre y la obra de Veiravé se admira. Esto es clara demostración que su obra sigue viva, sigue siendo actual más allá del paso de los años y, además, sigue ubicada en el lugar central de los poetas de fuste, aunque convengamos que los lectores no siempre la conocen.
Además, Veiravé colaboró en las páginas literarias de La Prensa, hasta los años 70; La Gaceta de Tucumán; El Territorio de Resistencia y La Capital de Rosario. Fue también Premio Nacional de Poesía Leopoldo Lugones y Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina de la Poesía. En 1986 fue incorporado en la Academia Argentina de Letras como miembro correspondiente. Fue socio de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) Central y Chaqueña.
Cierto es que en principio su obra no pudo evitar la melancólica influencia de su Gualeguay natal, para tomar luego el fuerte influjo de Juan L. Ortiz. Pero logró, finalmente, conformar un estilo más ligado a la hispanoamericación como basamento y fin. Se podría pensar que eso habrá tenido importancia a la hora de ser considerado con admiración en ámbitos literarios del país y del exterior, pero lo fundamental fue y es la obra. En ella está el alma de cualquier reconocimiento.
Una persona humilde, profesor destacado y de vida simple. Así fue Alfredo Veiravé. Tal vez por eso no olvidó algo de peso: que una parte del universo era su casa, de manera que la esencia universal estaba allí, con él a cada momento. Ese concepto quedó plasmado en uno de sus poemas.
Mi casa es una parte del universo
Los que la vieron dicen que la tierra
es una esfera en el espacio, un planeta
más bien pequeño
del tamaño del dedo pulgar de los astronautas.
Yo no lo dudo porque he visto fotografías
y porque ahora estoy a casi medio planeta de mi casa.
Lo mejor de todo esto es que en ese pulgar
también mi casa es una parte del universo.
Cómo no serlo si en el patio del fondo
hay un filodendro de gigantes hojas y también gusanos
bajo la tierra
aptos para la pesca, y ahora que me acuerdo
el olor de los helechos contra la pared
la cara de Delfina o Federico entre los árboles
y aquel canario que se nos voló de noche.