Científicos de la NASA detectaron un cometa rebelde y descontrolado a solo 30 millones de km de la Tierra
El descubrimiento, confirmado con observaciones del telescopio espacial Hubble, expuso un fenómeno nunca visto hasta ahora: la posibilidad de que un objeto celestial desacelere su rotación de manera abrupta y cambie de dirección.
Un pequeño objeto que cruza el sistema solar sorprendió a los astrónomos con un comportamiento inusual: frenó su rotación, prácticamente se detuvo y luego empezó a girar en sentido contrario.
El protagonista es el cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, un objeto diminuto dentro de su categoría que tarda unos 5,4 años en completar su órbita alrededor del Sol y actualmente se encuentra a solo 30 millones de kilómetros de la Tierra.
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El hallazgo, confirmado con observaciones del telescopio espacial Hubble de la NASA, expuso un fenómeno nunca visto hasta ahora: la posibilidad de que un objeto celestial desacelere su rotación de manera abrupta.
Las observaciones revelaron que, durante su paso cercano al Sol en 2017, el cometa comenzó a frenarse. Datos recolectados por el Neil Gehrels Swift Observatory indicaron que su velocidad de giro se redujo hasta tres veces en cuestión de semanas.
Pero lo más llamativo llegó después. Un análisis posterior con imágenes de Hubble detectó que el objeto no solo había vuelto a acelerar, sino que lo hacía en la dirección opuesta. En términos simples, el cometa dio vuelta su giro.
La explicación apunta a los chorros de gas que emergen desde su superficie. Cuando el hielo del cometa se calienta por la radiación solar, se sublima y expulsa material al espacio. Ese proceso actúa como pequeños propulsores naturales que, si están distribuidos de forma desigual, pueden alterar de manera drástica la rotación del cuerpo.
El caso de 41P no es solo una curiosidad dinámica. También ofrece pistas sobre la evolución de estos objetos. Las mediciones indican que su actividad disminuyó con el tiempo, lo que sugiere que su superficie está cambiando rápidamente, posiblemente por agotamiento de materiales volátiles o acumulación de polvo.
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Ese desgaste, combinado con los cambios extremos en su rotación, podría tener consecuencias mayores. Los modelos científicos plantean que, si el cometa sigue acelerando, podría alcanzar un punto en el que su propia estructura no resista la fuerza centrífuga y termine fragmentándose.
El descubrimiento fue publicado en la revista científica The Astronomical Journal y refuerza el valor de los repositorios históricos de datos espaciales, que siguen generando conocimiento años después de haber sido recolectados.